El cambio de hora fue el domingo, el político comienza este lunes

El cambio de hora se produjo en la madrugada del sábado al domingo. El cambio político se inicia este lunes cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, reunido el Consejo de Ministros en sesión extraordinaria, en el Palacio de la Moncloa, disuelva las Cámaras y convoque elecciones generales para el 20 de diciembre, última fecha que le queda en el calendario, transcurrido un mes de la convocatoria de las últimas generales celebradas el 20 de noviembre, perdidas por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero y ganadas, además, por mayoría absoluta, por Mariano Rajoy. Si este lunes no hubiese disolución, las Cortes se hubiesen disueltos solas… ¡Los tiempos de Rajoy!

El cambio horario, algo ya tradicional cuando llega el invierno y que sirve de muy poco, no dejará ninguna huella en la pequeña historia del país. El cambio político que se inicia este lunes y que abre una nueva etapa en la historia de España, por lo que pasará el 20 de diciembre, va a tener un significado especial, igual que lo tuvo el triunfo de Felipe González en 1982, después de todo un intento de golpe de estado en febrero de 1981, que entre otras cosas supuso la desaparición de UCD (Unión de Centro Democrático), el partido que presidido por Adolfo Suárez, más impulsó la transición, la aprobación de la Constitución y los llamados “Pactos de la Moncloa”, que precisamente, este 25 de octubre cumplen aniversario.

Algunos de los parlamentarios y ministros que participaron en aquellos pactos, así como representantes de la sociedad civil, convocados por la Sociedad Civil para el Debate que preside Manuel Campo Vidal se han reunido, precisamente, para recordar lo que supusieron esos pactos en la convivencia nacional, y para reclamar ese consenso político y esos tipos de acuerdos en la nueva etapa política que se abre ahora, en la que habrá que abordar una reforma de la Constitución y cimentar la convivencia en el consenso, algo que va a ser muy difícil de conseguir en las circunstancias en las que se desarrollarán las elecciones, aunque haya que exigir, por encima de todo, “ética en el comportamiento político” y “eficacia en la lucha contra la corrupción”.

Es verdad que poco tiene que ver la sociedad actual con la de 1977, ni a pesar de las muchas dificultades económicas de entonces (44% de inflación, Deuda exterior tres veces superior a las reservas de oro del Banco de España y un 66 % de energía importada en plena crisis del petróleo cuyo precio se mulciplica por catorce), ni contando incluso con esa alarma que lanza el ministro de Economía de la época Enrique Fuentes Quintana, haciendo suya la de un político de la República en 1932: ”O los demócratas acaban con la crisis económica española o la crisis acaba con la democracia”.

La crisis económica de ahora ha sido mucho más grave, más profunda y más destructiva, sobre todo porque ha dejado fuera del sistema, a millones de españoles, que han entrado en la pobreza y en la exclusión social, porque ha puesto de manifiesto las profundas contradicciones de un sistema profundamente injusto social y políticamente y porque la corrupción lo ha invadido todo. Han entrado en crisis los partidos, las Instituciones, los Sindicatos, la Patronal, y ha llegado a afectar hasta a la propia Jefatura del Estado.

Por eso, el mapa que salga de las elecciones que se convocan este lunes, será un mapa totalmente distinto al que hemos conocido durante los últimos cuarenta años. Será distinto el bipartidismo (un sistema basado en un partido moderadamente progresista, y en otro, moderadamente conservador), se habrán terminado las mayorías absolutas, e iremos a un modelo cuatripartito (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos), es decir un modelo italiano, en un país, como ha recordado Felipe González, en el que no hay italianos y en el que hace falta una profunda reforma de muchas de sus Instituciones y un nuevo Consenso constitucional.