Se cierra el Congreso con una ofensiva de insultos, pero Rajoy… feliz

Este miércoles, después de que quedasen aprobados los Presupuestos Generales del Estado para 2016, en un ambiente de descontento y de malestar, se han cerrado los debates en el Congreso de los Diputados a la espera de la disolución de las Cámaras el próximo lunes, tras la preceptiva reunión extraordinaria del Consejo de Ministros y la aprobación de la fecha de las elecciones generales, que se ha dejado para el 20 de diciembre, cuando millones de españoles se dirigen a los distintos puntos de España para celebrar las fiestas navideñas con sus seres queridos. Es la primera vez, en la historia de la democracia en España, que se convocan unas elecciones en una fecha tan significativa, cuando las últimas, hace cuatro años tuvieron lugar el 20 de noviembre.

Si hace cuatro años se inició esta legislatura que toca a su fin, con un partido, el PP, con una amplia mayoría absoluta parlamentaria, y con un poder local y autonómico que no ha tenido ningún otro partido en la reciente historia democrática del país, algo que ha propiciado que, salvo excepciones, nunca se haya llegado a grandes acuerdos y consensos, la legislatura se cierra también este miércoles, con el mismo ambiente de rodillo como se ha puesto de manifiesto en la aprobación de los Presupuestos del Estado con la oposición de Europa y, sobre todo, con la oposición del resto de las fuerzas políticas.

Este miércoles, día de práctica clausura del Parlamento, y también última sesión de control, se han soltado todos los demonios y toda la oposición ha lanzado todo tipo de ataques al Presidente del Gobierno, al que algunos, con gran ferocidad como la diputada de UPyD, Rosa Díez, han acusado de mentiroso, insistiendo todos que pasará a la historia como el Presidente de los recortes, de las mentiras, de Gürtel, y de la corrupción. Especialmente duros han estado los representantes del PNV, Aitor Esteban que dijo que el Presidente sería recordado como el dirigente de las tres R (recortes, recesión y recentralización) y el del PSOE, Pedro Sánchez, que le echó en cara utilizar el Presupuesto y las instituciones en su beneficio, y en beneficio de sus amigos.

El Presidente, salvo alguna que otra ironía, ni siquiera se permitió el lujo de contentar a los que le interpelaban. Parecía estar más atento a los actos que estaban a punto de comenzar en el Palacio Municipal de Congresos del Partido Popular Europeo, que suponen un auténtico apoyo en el inicio de la campaña electoral, que en la clausura de la última sesión de control. Y no es para menos, porque acudirán a Madrid 3.000 participantes de toda Europa, 14 Jefes de Estado entre los que están Angela Merkel, Pedro Passos Coelho, los presidentes de la Comisión Europea Jean Claude Juncker y del Consejo Europeo Donald Tusk, así como Silvio Berlusconi, que no se pierde una, y Nicolás Sarkozy. Rajoy, en este sentido feliz…

Se entiende que, con esta representación, se hayan rebajado las críticas a los Presupuestos Generales del Estado que, durante días y días, han servido para realizar todo tipo de ataques a España, y especialmente al Gobierno de Rajoy, por unos Presupuestos que Europa considera electoralistas y que, dicen, no se van a cumplir especialmente en lo que se refiere al déficit y a la recaudación que anuncia el ministro Montoro.

En este sentido, España es un ejemplo de cómo la política entra en las instituciones comunitarias – como en cualquier gobierno nacional -: la Ley de Presupuestos de Rajoy, aliado de Merkel en el Partido Popular Europeo, no fue aprobada porque contenía cifras hinchadas en vísperas de las elecciones que podrían marcar un cambio de guardia en La Moncloa. Después, de Berlín y de los comisarios de centro-derecha del equipo de Juncker, llegó la contraofensiva para que España fuera agraciada y el Presidente cesante no fuera puesto en apuros en los días precedentes a las elecciones del 20 de diciembre. Y como rehenes, insiste la prensa italiana, se usaron la Ley de Presupuestos de Francia e Italia. Además, la próxima semana la Comisión aprobará la reforma del Six-Pack, el brazo armado del Fiscal Compact; y los comisarios populares amenazan con endurecerlo en desventaja del Eliseo y de Palacio Chigi, si no se encuentra una solución para Madrid.

Probablemente, es la creencia general, se llegará a un arreglo que ponga de acuerdo a todos, porque la de Juncker es una Comisión política que no razona sobre las décimas de déficit y en esta fase el exprimer ministro luxemburgués quiere evitar enfrentamientos sensacionales con las grandes capitales por alguna coma de déficit, prefiriendo concentrarse sobre el relanzamiento político de la Unión sobre los dosieres del futuro, como el de inmigración.