El “carajal” de Rajoy y la “ansiedad” de Sánchez

Durante todo el fin de semana Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, se han dedicado a arreglar los respectivos desaguisados que se han montado en sus respectivos partidos, a poco más de dos meses de las elecciones generales. Uno, Mariano Rajoy, por esa forma tan sorprendente de ejercer el liderazgo dentro del PP, donde nunca se abordan los problemas de frente, donde todo queda aparcado, donde la forma de resolver los conflictos pasan por una máxima que se ha convertido en Ley de actuación del líder “asuntos que el tiempo ha resuelto y asuntos que el tiempo ha de resolver”. Y, de cuando en cuando, el único trabajo consiste en cambiar el orden de la resolución, un trabajo que ni siquiera hay que hacer, porque se hace solo, de forma automática.

El otro, Pedro Sánchez, por esa angustia que parece invadirle, de anunciar todos los días alguna propuesta, algún proyecto, algún nombramiento, En este caso por la incorporación, sin debatirlo con nadie (excepto con el secretario de organización Luena) de incorporar como número cuatro en la lista al Congreso de los Diputados por Madrid, a Irene Lozano, la exdirigente de UPyD, que se ha dedicado durante parte de su mandato, a criticar con cierta ferocidad al partido, al que ahora se incorpora para impulsar, nada más y nada menos, que la “regeneración democrática”.

Dos formas distintas de ejercer el poder, uno con desidia, con alejamiento, casi con aburrimiento porque en el fondo, como suele decir siempre “todo es un carajal”. El otro, el socialista, con nerviosismo, con esa sensación de que le falta tiempo para todo, que lo quiere todo para ya, que asediado por los peligros que tiene dentro del partido, le domina la inmediatez, frente a su adversario, que lo quiere todo (si es que lo quiere que nunca se sabe) para pasado mañana o para dentro de un año o para nunca, porque en el fondo, todo es un “carajal”.

Y la verdad es que, por lo menos en esta ocasión, lo que le está ocurriendo a Rajoy a dos meses de las elecciones, es un verdadero “carajal”. Que un ministro como Montoro, a quien no quieren sacar en público para no perder votos, ponga a parir al ministro de Asuntos Exteriores al que le pide que renueve sus ideas y que no sea rehén de su arrogancia intelectual, que diga que hay muchos compañeros de gobierno que se avergüenzan de ser del PP, que no hay economía con alma y que no deje títere con cabeza porque dice que él está operando en el quirófano y que no hay que molestarle, significa a estas alturas que hemos puesto la Hacienda en manos de un iluminado.

Pero es que, además, el mismo día que Montoro intentaba subir a los cielos por su magnífica labor de cirujano (según él mismo), una diputada, Cayetana Álvarez de Toledo, anunciaba que no quería ir en la misma lista de candidata que el actual Presidente con el que manifestaba toda una serie de discrepancias que no dejaban de ser “asuntos que había que resolver y que había dejado que el tiempo resolviera”. Para colmo, dimitía de su cargo de máxima responsable del PP vasco, Arantxa Quiroga, substituida inmediatamente, sin respirar, por el ministro de Sanidad Alfonso Alonso, que compatibilizará los dos cargos y que seguirá siendo mantenedor de los juegos florales de varias ciudades, provincias y Autonomías.

Pero a pesar de todo, del “carajal” de Rajoy” y de la improvisación de Sánchez tanto en el PP como en el PSOE, a pesar del malestar reinante, a pesar de las duras criticas puertas afuera, puertas adentro, todos manifestaron, como era de esperar, la adhesión inquebrantable con los dos líderes. Así, que…cantada línea por los indignados jugadores de los dos partidos… seguimos para bingo, hasta diciembre… y que sea lo que Dios quiera.