Margallo-Junqueras: ni vencedor, ni vencido

En un ambiente relajado, no exento de tensión en algunos momentos, se ha celebrado el esperado “cara a cara” entre el ministro español de Asuntos Exteriores García-Margallo, y el presidente de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y número cinco de la lista independentista “Juntos por el Sí”, Oriol Junqueras, un hombre destinado a ocupar un lugar preponderante en el proceso independentista catalán.

Hábil, correoso, falsificando a veces la propia realidad, Junqueras ha hecho frente a todo el argumentario de Margallo, un argumentario que pasa por la imposibilidad de que Europa, y muchos otros países, puedan reconocer la independencia de Cataluña, por intereses nacionales, por compromisos internacionales y por no aceptar un precedente (caso de China, Rusia, Francia), con lo cual el supuesto nuevo país pasaría a engrosar esa larga lista de países que no están reconocidos por las Naciones Unidas. Si alguien esperaba sorpresas en el argumentario de uno y otro, habría que decir que no se ha producido, que no ha habido sorpresas, aunque es verdad que se han tratado con guante blanco, no exento de alguna ironía Margallo insistiendo en el cariño de España hacia Cataluña, (“mejor juntos” como decía Cameron en el referéndum escocés), en la tragedia que supondría perder 700.000 empleos, situarse una tasa de paro del 37%, la más alta del mundo, una caída de las pensiones (de hasta 400 euros al mes), un corralito (difícil, pero no imposible), y una fuga de depósitos. Y Junqueras en la seguridad que le da ese convencimiento de que esta vez es su oportunidad.

Este debate, en el que no ha habido ni vencedor ni vencido, porque uno hablaba de legalidad y el otro de política y de negociación, es el único que se ha programado, a pesar de la importancia de estas elecciones que han dejado de ser unas elecciones autonómicas para convertirse, de hecho, lo quiera o no el Gobierno, ha insistido Junqueras, en unas elecciones plebiscitarias desde que Artur Mas decidió convocarlas. La celebración del debate se ha producido entre fuertes discrepancias dentro del Gobierno y del partido que no creen que la imagen ideal de la situación sea un “cara a cara “entre un ministro de Asuntos Exteriores que trata sobre todo de las relaciones con el exterior, y el más genuino representante de un futuro gobierno que quiere convertirse en una potencia exterior, al margen de España, y en contra de la legalidad constitucional establecida.

Porque además ha habido pocos debates, sobre todo, entre partidarios de la independencia y los que se oponen a la escisión de Cataluña de España, cuando este es el tema clave cuyas consecuencias no se han explicado bien y con el suficiente rigor, hasta el punto que, después de la entrevista de Carlos Alsina (uno de las mejores entrevistas que se le ha hecho al Presidente del Gobierno) en el programa “Más de uno”, todavía se sigue discutiendo por los expertos (ha formado parte del cara a cara) si la salida de España, supone o no la perdida de la nacionalidad española. Sin pretenderlo, Alsina, se ha convertido en uno de los actores más importantes de esta campaña que, hay que decirlo, se radicaliza por día.

El debate del ministro de Asuntos Exteriores y el líder de Esquerra que aspira a presidir la República independiente de Cataluña, se ha celebrado en un ambiente relajado y civilizado en los estudios del Canal 8 TV de Barcelona de La Vanguardia, y fuera, dentro de una creciente de tensión política, con intentos de agresión al Presidente del Gobierno, en sendos actos electorales en los que se ha tenido que cambiar el itinerario, para evitar incidentes, entre los que le insultaban y exigían con insistencia, “independencia para Cataluña”. Y todo eso acompañado de las advertencias de la Banca sobre las consecuencias que tendría una eventual independencia que llevaría consigo la ruptura con el Banco Central Europeo, las declaraciones del gobernador del Banco de España, Luis María Linde, sobre la posibilidad de un “corralito” (algo que ha matizado este miércoles), los pronunciamientos internacionales sobre lo que supondría quedar fuera de Europa en caso de escisión del territorio nacional, con la aclaración que se ha producido este miércoles, en la traducción al inglés y por último, la amenaza de juicio penal contra el Presidente de la Generalitat realizada por el ministro de Justicia Rafael Catalá. Son los elementos que han contribuido a elevar el tono de la campaña.

El ministro de Justicia se ha referido a un eventual proceso penal contra cualquier líder catalán que incumpla la Ley (incluido Artur Mas que tiene abierta una causa por el pseudo referéndum del pasado 9 de noviembre) porque eso, ha añadido, está dentro de “las reglas del juego”, con lo que el Gobierno aplicará toda la fuerza de la democracia, si se da una “declaración de independencia en Cataluña, “Nadie puede estar por encima de la Ley en un sistema democrático”. Esto, dicho en la recta final de la campaña, y a poco más de setenta y dos horas de las elecciones del domingo, tiene un especial significado político.