Refugiados: están convirtiendo Europa en una fortaleza

Cientos de miles de refugiados repartidos entre Grecia, Italia, Hungría, Alemania, Austria, Croacia, y en caminos y cercados de media Europa, han estado esperando que en las próximas horas se empiece a solucionar su desesperada situación, y que Europa no se convierta, como ya temen muchos, en eso que siempre se ha considerado como la “Fortaleza Europea” y que las restricciones económicas y comerciales con las que siempre ha funcionado no se trasladen al mundo de los valores.

Y es que es muy difícil no hacer ese tipo de comparaciones viendo como en las últimas semanas que lo que quedaba de una Europa de los valores, de lo que tanto se ha presumido, o incluso de lo que es un sentimiento humanitario, estaba deshaciéndose conforme se agravaba la crisis y no se encontraba una solución. Las escenas de cansados refugiados que son empujados de un país a otro, que han sido engañados al sitio al que los llevaban, la mayoría de las veces, algunas veces perseguidos por la policía o por los militares, atacados con gases lacrimógenos, disueltos a palos, suponen un desafío para esa idea de la Europa de las libertades y potencia esa imagen de “Unión Europea-Fortaleza“ en donde tienen sitio solo los que están.

Hungría, en donde el primer ministro ultraderechista muy cercano a lo que es el fascismo, Víctor Orban, ha legislado para encarcelar a los refugiados que intentan romper sus vallas y concertinas, con hasta cinco años de penas de prisión, parece insensible a las criticas Este rechazo de los refugiados ha sido, en algún grado, imitado por Croacia, Serbia y Eslovenia, en el intento de desplazar la marea humana lo más rápido y lo más lejano posible. La guerra de declaraciones, de descalificaciones, entre algunos de los representantes de estos países no de ha de ser señal también un fracaso, de recuerdo de antiguas hostilidades y de rechazo de los principios morales europeos.

Durante todo este martes, después del fracaso de la última Cumbre de ministros del Interior, cientos de miles de refugiados que vienen huyendo de las guerras en las que Europa tiene alguna que otra responsabilidad, han estado esperando que los ministros del Interior llegasen a un acuerdo en el reparto de cuotas, algo que por fin se ha producido con la oposición de cuatro países de la antigua órbita socialista: Hungría, República checa, Eslovaquia y Rumanía, la decisión de Bruselas. Los ministros de Interior han estado discutiendo este martes la propuesta de repartir a 120.000 refugiados entre todos los países de la UE. Aunque en las últimas reuniones a nivel de embajadores esa cifra total ya no se pone en cuestión, los países del este, con Hungría a la cabeza, discuten el reparto y que sea obligatorio. Pero a pesar de la oposición se les impondrá igualmente un número de refugiados que deben acoger. Por si no había acuerdo, al día siguiente, estaba previsto celebrar una cumbre de líderes europeos, tras el fracaso en la reunión de ministros de la semana pasada, en la que Francia y Alemania anunciaron un acuerdo que finalmente no se produjo.

En estas circunstancias, habría que recordar que Europa no sólo son derechos sino también obligaciones y valores. Los países de la Unión han de asumir la parte del esfuerzo que les corresponda. La instauración de cuotas forma parte de la solución, aunque ahora se quiera disimular para llegar a un acuerdo, al igual que una auténtica política de asilo y de inmigración asumida y pensada a nivel europeo. No se puede sacrificar la libre circulación. La actitud de las autoridades húngaras, al frente de la rebelión, es para cualquier país europeo inaceptable. Víctor Orban incumple el texto y violenta el espíritu de los valores europeos. Ha llegado la hora de que Europa, la Comisión y el Parlamento Europeo, acentúe la presión para poner fin a las derivas de Orban. Europa no puede transigir en lo que respecta a sus valores fundamentales, intentando ocultar que ante Hungría estamos ante un caso límite.