Aylan Kurdi, el niño que parecía de trapo

El niño parece de tela, parece un simple muñeco de trapo de tamaño real, al que han dejado olvidado en la orilla de la playa, al final del verano, por una familia, como otras tantas, que vuelven a casa al atardecer después de un día de playa. Un muñeco, una copia de la vida, sólo puede ser eso. Sólo si nos fijamos bien, si ponemos atención, si vemos con el cariño, con el cuidado que el guardacostas lleva entre sus brazos a lo que al principio parece un muñeco olvidado, nos damos cuenta de que se trata de un niño real, de un niño sin vida, que ha sido recogido, ahogado en una playa de Turquía, a donde ha sido devuelto después de muchas horas, de un naufragio de un pequeño bote de goma hinchable que se dirigía desde la ciudad costera turca de Bodrum hasta la isla griega de Kos, en un intento desesperado de llegar a Europa.

El niño tiene nombres y apellidos. Se llama Aylan Kurdi, tenía tres años y venia huyendo de Siria, junto con sus padres Abdulá y Rihan. Huyendo del Estado Islámico que el año pasado tomó la ciudad de Kobane, dónde vivía, y a donde su padre, el único miembro de la familia que se salvó del naufragio, tras intentar instalarse en Canadá y después en la Europa de las libertades, volverá a su tierra, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, sin fuerzas para seguir huyendo en busca de ayuda y de refugio. “Me llevaré los cuerpos de mis dos hijos y de mi esposa. Sólo quiero que todo el mundo nos escuche. Que se evite el sufrimiento por el que yo he pasado, Quiero que otras personas no pasen por el sufrimiento que yo, y otros muchos, hemos pasado. Pasaré allí, en mi pueblo, a pesar de los peligros, el resto de mi vida”.

Aylan Kurdi, el niño que parecía de trapo, es hoy el símbolo de lo que está pasando en Europa, de la vergüenza colectiva de Europa, de la falta de medidas para terminar con un éxodo que recuerda los momentos más tristes de la Segunda Guerra Mundial. Tan tristes que Hungría quiere resucitar aquella costumbre de marcar a los judíos, en esta ocasión a los refugiados, que son instalados en campos especiales a donde son conducidos, en contra de su voluntad, como verdaderos animales. Una imagen que también nos recuerda otras muchas que parecían definitivamente desterradas y olvidadas. Son imágenes terribles de seres humanos que huyen de la muerte, de la guerra. No son simples ilegales, son perseguidos políticos que quieren dejar atrás, el Estado islámico, Irak, Afganistán, Libia, Siria...

Hay que decir que a lo largo de su historia, Siria acogió a refugiados armenios o palestinos, que Siria fue tierra de acogida. Ahora se encuentra en el ojo del huracán. Cerca de 4 millones de sirios abandonaron el país. Otros 7,5 millones se trasladaron a otros territorios en el interior del país. Cada vez que se acercan los combates de una región tranquila, los habitantes venden sus pertenencias para alejarse de la zona en conflicto o huir a Europa, Canadá u otro lugar. Al final caen en manos de los traficantes que exigen hasta 12.000 euros por persona para transportar a los refugiados a Europa en condiciones denigrantes y desesperadas. Estos últimos, se quedan sin recursos al final del trayecto. Acoger a dichos refugiados, es un gesto elemental de solidaridad humana y de obligación para una Europa que por acción o por omisión, tiene bastante que ver con los conflictos armados que han provocado esta oleada.

Este jueves la Comisión Europea se ha victo obligada a triplicar el número de refugiados que tendría que reubicar los 28 países de la Unión, teniendo en cuanta el grado de desarrollo de cada país y su índice de paro. Este nuevo cupo (término odioso en una Europa que sólo utiliza ese palabra cuando habla de ganadería, o de productos lácteos) afectará también a España que, en esta ocasión, tal como han adelantado las autoridades, parece que contará con su beneplácito, y no ocurrirá como en la última Cumbre de ministros del Interior (la próxima donde se discutirán los cupos será el día 14 de este mes) que fracasó por la oposición de una decena de países, entre ellos, el nuestro.

Con la imagen conmovedora de Aylan Kurdi, el niño que parecía de trapo, hasta lo de los cupos da vergüenza…