El drama de los refugiados en pleno 70 aniversario de la Guerra Mundial

Nuevos y dramáticos rescates de desvencijados barcos procedentes de Libia, que una vez que entran en el canal de Sicilia a punto de naufragar, ya avisan a las autoridades costeras italianas para que los salven. Cierres de las fronteras con diferentes tipo de concertinas de seguridad, miles de policías y miembros del Ejército. Utilización de todos los medios de disuasión con los que intentan pasar esas fronteras, desde gases lacrimógenos hasta perros, incluido lo que es el enfrentamiento o, directamente, la paliza. Incendios de los centros, dónde después de miles de kilómetros huyendo de las guerras de Siria, Libia y del Estado islámico, han encontrado un pequeño refugio, normalmente sin luz ni agua, a la espera de ser considerados refugiados políticos.

Media Europa invadida por decenas y decenas de miles de personas que huyen del odio, de los bombardeos, de la guerra civil, del terror implantado por un Estado Islámico que crece y crece sin que Occidente sea capaz de combatirlo en su propio terreno; desprecio y asco de muchos europeos que piensan que los que llegan quieren quitarle su pan y estropearle su “estado de bienestar”; gritos de “Heil Hitler” cuando la canciller Merkel visita un campo de refugiados cerca de Dresde; resurgir de la extrema derecha que encuentra argumentos suficientes como para utilizarlo electoralmente; imágenes en los periódicos y televisiones que muchas generaciones jamás habían visto en Europa y que recuerdan bastante a muchas otras de la Segunda Guerra Mundial, aunque en aquellas los afectados eran europeos, especialmente judíos y gitanos.

No deja de ser paradójico que, en vísperas del final de la Segunda Guerra Mundial (Japón capituló el 2 de septiembre de 1945, tras la firma de la rendición del emperador Hirohito en un acorazado norteamericano), 70 años después, Europa, la Europa de las libertades y del asilo político, como la define el actual presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, esté viviendo este drama con la indiferencia, cuando no el asco y odio, de muchos países y de muchos ciudadanos. Casi con la misma indiferencia y odio que, entonces, hace 70 años, se veían a los judíos y los gitanos. Hoy la respuesta europea refleja no sólo una ineficiente gestión administrativa, una falta de sensibilidad y una cesión a los movimientos populistas xenófobos que se mantienen en ascenso, y olvida, por un lado, la cercanía de las guerras de Siria, Irak y Libia (en las que algo tienen que ver muchos países europeos por acción u omisión) y, por otro lado, que Turquía tiene que aligerar sus campos de refugiados que ya sobrepasan los dos millones y medio de acogidos.

Hasta ahora, Europa ha estado fingiendo no tener problema. Y, sin embargo, dentro de nada ya, la ola de inmigrantes va a extenderse a todo el continente y esa ola no se va a contener construyendo vallas y muros en las fronteras, como ha hecho Macedonia con Serbia, o Hungría con Serbia, ni movilizando al Ejército después de declarar en Macedonia el estado de emergencia, como si fuese toda una invasión de terroristas, como son presentados por muchos. Quienes se escapan de una guerra están tan desesperados que van a superar cada obstáculo para encontrarse finalmente en un país en el que sientan seguros. En Grecia, los sirios y los afganos saben perfectamente que la mayoría de los europeos no los quiere en sus países.

Pero saben también que no tienen otro remedio que conseguir llegar a Europa. Son tantos que, finalmente, van a llegar a todos los países de la Unión. Y cuando eso pase, pronto van a ver que no hay sitio para ellos. Por tanto, pondrán sus tiendas de campaña en parques públicos y se instalarán en ellas junto con sus familias. Los medios de comunicación pondrán el grito en el cielo por tal espectáculo de fealdad y pobreza de los centros urbanos, y por los refugiados y sus condiciones de vida escandalosas. Los políticos de derechas arremeterán contra Occidente clamando contra esos huéspedes no deseados ya que no hay sitio, ni dinero, ni recursos para todos.

Es justamente lo que está sucediendo en Hungría. Budapest ha ido más allá todavía: ha empezado a construir una gran valla en su frontera con Serbia y hace creer a sus ciudadanos que los refugiados son todos terroristas o, en el mejor de los casos, inmigrantes económicos a la caza de las prestaciones sociales húngaras.

Desgraciadamente el drama, reflejado en esas imágenes aterradoras que durante todos estos días, han machacado las conciencias de los europeos, solo acaba de empezar.

  1. viajeroA3 says:

    Buenos días señor Sebastián.
    ¿A qué legalidad se refiere usted?
    ¿A la que Estrasburgo dictó para Inés del Rio -no hacía falta cumplirla porque otros países no lo hacen y no pasa nada- y el Gobierno extendió graciosamente a varias decenas de asesinos?
    ¿A la “legalidad” de poner en la calle a Bolinaga porque se moría en dos semanas?
    Señor Sebastian, por muy legitimamente que este Gobierno haya sido elegido, dicha legitimidad se pierde en cuanto que no solo no han cumplido nada de lo que prometieron en su programa, sino que en muchos casos han hecho exactamente lo contrario. Por no hablar de su actuación en Cataluña. Lo de llamarles traidores se me antoja “pellizquito de monja”.
    Lo que sucede es que a usted (y a mí) le da miedo que desaparezca el PP – el PSOE ya está desaparecido- y por eso carga contra cualquiera con poder de convocatoria que ataque último que queda de la Taansición.
    Por mucho que le pueda disgustar, la situación es que el PSOE desaparece y el PP está en trance de lo mismo, en ambos casos gracias a sus dirigentes. El nuevo bipartidismo – imperfecto- será Podemos y Ciudadanos, con las aportaciones quizá de UPyD y Vox.
    Para PP y PSOE ya ha llegado el siglo XXI, diga lo que diga Arriola y su colega en el PSOE.
    Saludos y feliz domingo.

  2. José de la Serena says:

    Un excelente artículo del Sr. Sebastián. Hasta ahora parece que nadie se atrevía a decir estas cosas a la AVT. Pero es que el dolor que la AVT siente por las víctimas y que sentimos todos los ciudadanos no es incompatible con que actúen los tribunales de acuerdo a la Ley y con que cualquier gobierno haga la política que convenga al Estado. El ser víctima no se puede “profesionalizar”.
    Muy acertado también el comentario sobre la desigualdad que está alcanzando cotas excesivamente altas en nuestro país. Si el PP no hace algo por al menos limar esas diferencias de capacidad adquisitiva, que ellos han ahondado con sus políticas, la gran mayoría de ciudadanos no va a seguir esperando a que le caigan las migajas del crecimiento económico que se espera.