Un lunes negro al que seguirán muchos otros

Lunes negro en todas las Bolsas del mundo, especialmente en las europeas. Lunes negro en Grecia donde han comenzado a sentirse los efectos del “corralito” del que las primeras víctimas están siendo los jubilados que no han podido cobrar sus pensiones. Lunes negro en la Comisión Europea donde, todavía, no han asimilado el desafío de Tsipras de convocar un referéndum para este domingo y ya han empezado la campaña pidiendo el “sí” de los griegos. Lunes negro en España donde se ha producido la mayor bajada de todas las Bolsas europeas y la prima de riesgo ha subido hasta los 130 puntos, mientras desde el Presidente del Gobierno, hasta el ministro de Economía, tras una reunión de urgencia de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, quieren transmitir la sensación de que todo está controlado y que no hay nada que temer.

Ha llegado el temido lunes negro para la Eurozona y para el futuro de Europa, que vendrá seguido de muchos otros y, a pesar de todos los planes B, una ola de inquietud y miedo se ha extendido por todas las capitales europeas, e incluso, ha atravesado el Atlántico, hasta el punto que el presidente Obama se ha puesto en contacto con la canciller Merkel, alarmado por los efectos que globalmente puede producir la ruptura del euro, un “corralito” en pleno centro de Europa y la salida de Grecia de la Unión.

Todavía está sin explicar, cuando se ha conocido la última oferta de Bruselas muy cercana, salvo flecos con las peticiones griegas que, en el momento más crítico de las conversaciones, Tsipras haya puesto su sota de espadas sobre la mesa. No es el primer líder griego que recurre a un referéndum por la desesperación por el avance de las conversaciones sobre un programa de rescate. George Papandréu intentó en 2011 una maniobra similar siendo primer ministro. El duro acuerdo sobre el rescate sobrevivió, Papandréu perdió el cargo.

Podría justificarse un referendo – dice este lunes el Financial Times – si su propósito fuese el de aumentar el respaldo de los griegos a las complicadas medidas que quedan por delante. En este caso, las intenciones son las contrarias. Al calificar de chantaje la oferta de los acreedores, Tsipras espera blandir el referéndum como arma contra sus adversarios en la Eurozona en vez de emplearlo como escudo de su Gobierno contra los radicales de su propio partido. La consulta será una elección entre el euro y la dracma, ni más ni menos.

“El mundo esta, por tanto y de nuevo, – dice “FT” -reteniendo el aliento ante la posibilidad de una suspensión de pagos o una salida de Grecia. Gran parte de la culpa de esta situación está en Atenas, pero se trata de una situación que los acreedores no pueden salir sin manchas. Puede que su oferta fuese aceptable. No era, sin embargo, generosa y en ella se omitía hasta una promesa contingente de un muy necesitado alivio de la deuda, a pesar de que el Fondo Monetario Internacional instaba a ello”.

Mucho más pesimista es The Guardian al recordar que durante seis años, los empleos se han desvanecido, la esperanza ha sido asfixiada y se ha dado marcha atrás a una generación de progreso en el nivel de vida. Los suicidios se dispararon entre los afligidos individuos y se marchitó el sentimiento colectivo de soberanía. “La nación ha sido crucificada en la cruz de una moneda a la que no debería haberle permitido unirse. Se despierta para descubrir la amplitud de las restricciones en el acceso a las cuentas bancarias”.

Y, más radicales, como su ministro de Finanzas, se muestran los periódicos alemanes como el Frankfurter Algemaine Zeitung, el Süddeutsche Zeitung o el Handelsblatt, que ponen el acento en las formas con las que han actuado los representantes políticos griegos. “La forma con la que Tsipras y Varoufakis han venido destruyendo la confianza de los socios europeos ha conducido a la escalada de la crisis”. Los países del euro seguramente habrían entendido la convocatoria de un referéndum. Pero el llamamiento de Tsipras a los griegos para que rechacen un paquete de ayudas que ni siquiera ha terminado de negociar, demuestra la irresponsabilidad del jefe del Gobierno griego. Desde el fin de semana da la impresión de que nunca quiso negociar realmente un compromiso sólido, sino que buscaba el fracaso de las negociaciones.

Los ciudadanos griegos, que en los últimos años siguieron una parte de la dura senda de reformas, no se merecen, coinciden la mayoría de los medios alemanes, un Gobierno como éste y apuestan porque Tsipras abra el camino a nuevas elecciones – forzadas por la oposición y los ciudadanos – y que pronto se siente un nuevo Gobierno griego en la mesa de negociaciones de Bruselas. Es una opinión extendida en Bruselas, aunque todo depende de lo que pase este domingo.