Grecia, entre la espada de la austeridad y la pared del referéndum

Cuenta el periódico The Wall Street Journal que cuando los votantes griegos amenazaron con rechazar el programa de rescate en las elecciones de junio de 2012, aumentó el escepticismo en el gobierno alemán sobre si valdría la pena pasar por todos los problemas y gastar tanto dinero, para mantener a Grecia en la zona euro. Por lo tanto, funcionarios del bloque monetario viajaron a Berlín para informar a la canciller alemana, Angela Merkel, y al ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, acerca de un análisis, altamente confidencial, sobre el costo de dejar que Grecia se retirase de la Eurozona.

El aterrador hallazgo, detallado en una presentación de PowerPoint, fue hace tres años, que el costo de una salida de Grecia era más alto por “un gran múltiplo”, que el precio de mantener al país en el bloque. La presentación aumentó considerablemente las preocupaciones de Berlín sobre una salida de Grecia, concluyeron entonces, funcionarios europeos.

Tres años después, los cálculos han cambiado. Una salida de Grecia sería costosa y desordenada, pero los líderes de la zona euro ahora creen que los problemas podrían ser contenidos dentro de los límites del país. La mención de una salida de Grecia ya no causa pavor entre los ministros de Finanzas, quienes tratan el tema abiertamente, y este fin de semana han estado estudiando lo que es un Plan B, es decir, qué hacer en caso de suspensión de pagos y una posible salida de Atenas del euro, tras el anuncio por parte del primer ministro heleno, Alexis Tsipras, de que convocará para el 5 de julio un referéndum sobre la oferta de sus acreedores sobre el rescate y sugerir que pedirá que sea rechazada. Grecia debe además realizar un pago de 1.500 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) el mismo 30 de junio, y el Gobierno de Syriza ha dicho que no disponen de dinero para hacerlo.

Una perspectiva más aterradora para los defensores del euro, paradójicamente, es según The Wall Street Journal, qué sucederá si la salida de Grecia realmente funciona. Si el país abandona el bloque monetario, entra en suspensión de pagos de su deuda y, en un año o dos, vuelve a crecer de forma sólida con dracmas en las billeteras de sus ciudadanos, los movimientos políticos antieuro a lo largo de la región podrían ganar adeptos, advierte Jonathan Loynes, economista jefe para Europa en Capital Economics, en Londres. “Entonces, habrá presión política en lugares como España para que siga la misma ruta”.

Hace una semana este cronista, en esta misma sección, vaticinaba que una salida de Grecia de la Eurozona (Grexit) tendria menos consecuencias financieras graves que hace tres años, aunque sigue siendo un terreno peligroso y complicado que producir numerosos efectos colaterales no solo en Europa y una nueva tormenta financiera Hace tres años se temía que una salida de Grecia de la Eurozona -la llamada Grexit- supusiera el fin de la unidad monetaria. Ahora, el temor es mucho menor. El argumento es que las otras economías en el sur de Europa e Irlanda se encuentran en mejor situación y que la economía en la Eurozona incluso está creciendo de nuevo. Además hay una unión bancaria y el BCE tiene más instrumentos para limitar las consecuencias. Pero nadie sabe realmente lo que puede pasar aunque parece evidente las consecuencias que la salida tendría para economías como la italiana y la española, cuyas primas de riesgo han comenzado. Europa se encuentra ante la situación más grave que ha vivido el proyecto comunitario desde 1957.

Al margen de las consecuencias y debéis efectos en cadena que se pueden producir a partir del lunes, Grecia y el Gobierno de Syriza se encuentran ahora entre la espada del suicidio aceptando una política de austeridad que no ha dado resultado y la pared del referéndum, una opción de Tsipras para eludir sus responsabilidades. Para mantener el país dentro de la unión monetaria, las entidades crediticias le piden que ceda al chantaje y que acepte unas políticas que se traducirían en un declive nacional. La sociedad griega se enfrentaría a un lento crecimiento, alto desempleo, pobreza arraigada y emigración de sus jóvenes cualificados, como ha demostrado la experiencia de los últimos cinco años.

La elección es, en última instancia, del pueblo griego y, como suele decirse los referéndums los carga el diablo… Es decir, que a partir de ahora puede pasar cualquier cosa.