El difícil camino de Cristina Cifuentes hacia la Comunidad

En ningún momento del pasado 24 de Mayo, día de las elecciones municipales y autonómicas, Cristina Cifuentes (Madrid 1964) pudo pensar que un mes más tarde, el miércoles 24 de Junio, podría ser la quinta Presidenta de la Comunidad de Madrid, heredera de Joaquín Leguina, Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre e Ignacio González. Los malos resultados de las encuestas, el convencimiento de que la vencedora del 24M iba a ser Esperanza Aguirre, la leyenda de que ella iba como elección de última hora para pararle los pies a Ignacio González, le hizo dar la orden a sus colaboradores de que las encuestas no había que mirarlas y que había que trabajar como si no existieran.

Al final la novata Cifuentes, con un discurso moderado, centrado, le sacaba a Aguirre, que quiso movilizar a la derecha y movilizó realmente a la izquierda a favor de Manuela Carmona, más de cinco mil votos, y tras unas complicadas conversaciones con Ciudadanos, llegaba a un acuerdo por el cual, este martes, pronunciaba su discurso de investidura en la Asamblea madrileña, previo a su elección como Presidenta de la Comunidad.

Un discurso de ruptura con la etapa de Aguirre y González, que abre una nueva época para el PP madrileño. “El 24 de mayo – en palabras de Cifuentes – se abrió un tiempo nuevo y, la política, las urnas nos dijeron alto y claro, que había cosas que no se estaban haciendo bien. Y que la política y corrupción no pueden ir jamás de la mano”. Cifuentes se ha comprometido, a que no privatizará la gestión de ningún hospital y mantendrá la titularidad 100% pública del Canal. La urgencia para abrir comedores escolares es otra muestra más de la variación en el discurso y el relevo en el poder dentro del PP. Lo mismo sucede con la eliminación del Consejo Consultivo de la Comunidad, o la despolitización de la Cámara de Cuentas.

La nueva Presidenta de la Comunidad de Madrid comenzó en política con Alianza Popular y con Nuevas Generaciones, (su primer carnet está firmado por el entonces secretario general de AP Jorge Vestringe), aunque la realidad es que no responde al prototipo de ese origen, ni siquiera al del militante normal del Partido Popular. Republicana, agnóstica, motera, amante de los tatuajes (tiene cinco) y heterodoxa en muchos de los postulados que tradicionalmente ha venido defendiendo, Cifuentes ha ido escalando puestos en el partido en Madrid, a pesar de su histórico enfrentamiento con Esperanza Aguirre y con el presidente de la Comunidad, Ignacio González.

Es acérrima defensora del aborto y defiende que las mujeres tengan derecho a interrumpir su embarazo y lo hace pensando desde el prisma de una madre. En alguna ocasión se le ha escuchado decir que cuando se le plantea la cuestión de si el aborto tiene que permitirse, piensa en su hija y se decanta por la ley de plazos que tanto demonizan algunos sectores de su propia formación y que le llevó a disentir de Gallardón cuando este intentó, en su etapa de ministro de Justicia, volver a una legislación más restrictiva de la que los socialistas aprobaron en
los ochenta. Igualmente ha defendido el matrimonio entre homosexuales y el derecho de los homosexuales a adoptar niños. Y lo hizo, antes de que el Tribunal Constitucional tumbase el recurso de su propio partido, a sabiendas de los riesgos que tiene el llevar la contraria a su partido en público.

Conoce bien la Asamblea madrileña, donde ha sido parlamentaria en cinco legislaturas, la última en 2011 como vicepresidenta, puesto que tuvo que dejar al ser nombrada delegada del Gobierno en unos momentos políticos muy complicados, especialmente desde la aparición del movimiento 15 M, las jornadas de protestas, los movimientos asamblearios y toda una serie de manifestaciones contra los recortes, la privatización de la Sanidad y las sucesivas “Mareas” con las que ha tenido que enfrentarse, en un difícil equilibrio.

Sólo por lo que ha sufrido en la campaña electoral, por lo difícil que se lo ha puesto la candidata a la Alcaldía y presidenta del partido, Esperanza Aguirre, se merece Cristina Cifuentes haber superado en votos a la intocable Aguirre que delante de ella ha repetido hasta la saciedad que su candidato para la Comunidad era Ignacio González, sabiendo como sabía que el Presidente madrileño había hecho todo tipo de maniobras (algunas de ellas inconfesables) para que Rajoy no le nombrase candidata y no tuviese más remedio que acudir a él. En esa guerra abierta iniciada por Aguirre valía todo, desde dejarla con un prestado mínimo para la campaña, hasta vetarla en alguna televisión para substituirla ella. En la pequeña nevera de su despacho en Génova le quitaron hasta el agua mineral.