Pedro Sánchez, la bandera y la Moncloa

Envuelto en la bandera nacional para echar por tierra las acusaciones de radicalismo que, desde los pactos con Podemos, en Alcaldías y Autonomías, le viene haciendo Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, secretario general del partido socialista, ha sido proclamado candidato a la Presidencia del Gobierno, en un acto celebrado este domingo, en el Teatro Circo Price de Madrid, sin necesidad de primarias, al no haber conseguido, ningún otro candidato, los avales necesarios.

De esta forma, con una enorme enseña nacional presidiendo el acto, algo que recordaba cuando el partido comunista, recién salido de la clandestinidad, la aprobó como símbolo, y envuelto en esa bandera constitucional española, una auténtica sorpresa en un partido como el socialista, que todavía, en muchas agrupaciones, hace gala de la bandera republicana, Sánchez, un hombre con suerte, ha visto despejado definitivamente su camino hacia la Moncloa, donde según dicen, colocará la bandera de este domingo. Y ha despejado ese camino, con el visto bueno de todos los barones del partido, incluso con el entusiasmo de la presidenta andaluza Susana Díaz, que durante estos últimos meses ha mantenido un tira y afloja, por el liderazgo del partido e, incluso, por su oculta aspiración a la Presidencia del Gobierno, algo que ha descartado, por el momento, para dedicarse a Andalucía.

No hace todavía un año, que Pedro Sánchez Pérez -Castejón ( Madrid 1972), era nombrado secretario general del PSOE, sin necesidad de ser votado por los delegados del Congreso extraordinario convocado para designar, previa votación de las bases en unas primaria, a quien iba a suceder a Alfredo Pérez Rubalcaba. Por primera vez en 135 años, no hubo necesidad de que votase el millar de delegados del Congreso. Sánchez era simplemente proclamado, después de los resultados de unas primarias en las que obtuvo el 49% de los votos, frente al 36% de los votos de Eduardo Madina y el 15% de los de Pérez Tapias.

En ese acto Pedro Sánchez prometía que su partido sería el de la “honradez intransigente”, y aseguraba que no le iba a temblar la mano para echar a ningún corrupto de sus filas. En su discurso ante los delegados del congreso federal extraordinario que le elegían por aclamación, Sánchez llamaba a los suyos a “apretar el paso”, porque hay “millones de personas que necesitan un PSOE renovado” y, sobre todo, un PSOE capaz de hacer frente al nuevo reto territorial, que según él, era el de una “España Federal”.

Once meses más tarde, el pasado domingo 22 de este mes de junio, tampoco hubo necesidad de ninguna votación, ni de primarias, y Sánchez, en un acto muy a la americana, al estilo de las convenciones de los partidos demócrata y republicano, era proclamado, ante más de dos mil asistentes, candidato socialista a la Presidencia del Gobierno en las elecciones generales que se celebrarán, entre finales de noviembre y la primera quincena de diciembre.

Igual que en julio del año pasado, Sánchez ha hablado de esa “España Federal” con la que quiere encauzar, definitivamente, el problema catalán, en una España “que es más que un territorio, una España que es más que un lugar en la ancha geografía del mundo, una España que es una idea, una idea de igualdad, de libertad, de fraternidad, una forma de convivir plurales y unidos”. Es sobre esa idea sobre la que pretende construir la “España Federal”. “Construiremos una España federal en la que cada cual pueda ser español y catalán, o valenciano, o andaluz, o vasco o madrileño, en el orden que desee”, ha dicho Sánchez. Advirtiendo que “no estamos para crear nuevos problemas, porque ya tenemos bastantes. No estamos para extender el desafecto y el desánimo, porque no es justo, y porque sobre él nada bueno se puede construir”.

Lo que sí quiere construir Sánchez, decía el domingo, es un proyecto de país, y su proyecto, ha repetido refiriéndose a las acusaciones de radicalismo, que le vienen de la Moncloa, es un “proyecto de moderación” ya que, frente a quienes, como Podemos predican la revolución, “la única revolución que necesita España es la del diálogo, el respeto y la tolerancia”. Con ese proyecto, pretende arrebatar votos del Centro a Ciudadanos y al PP… Esa es su idea.