Rajoy: la gran decepción o el nuevo juego de la Oca

Cuando parecía que todo estaba resuelto, volvió a echar los dados y tuvo que regresar a la casilla del principio. Es la regla del juego de la Oca, un pasatiempo que entró en España de la mano de Felipe II, a mediados del siglo XVI, gracias al regalo que Francisco I de Medici de Florencia le hizo al monarca español. Siempre se ha utilizado como juego de mesa, nunca como juego de estrategia política, hasta que el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy Brei, lo descubrió el pasado mes de mayo, para explicar lo que ocurrió en España con la debacle de las elecciones autonómicas y municipales.

En el principio del juego, el mismo 25 de mayo, de oca a oca y tiro porque me toca, se quedó, tras tirar los dados, en la casilla que insistía en que no pasaba nada y que no había que hacer nada. Los otros jugadores se sublevaron, y después de una nueva tirada de dados, y caer en la casilla del puente (de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente), se situó en una casilla en la que se anunciaba una aceleración total del juego. Es cuando decidió, desde el puente, cosa extraña en él, lanzarse al río y anunció grandes cambios en el partido y en el Gobierno. Se armó tal expectación entre los jugadores, que volvió a tirar los dados para caer en la casilla 31, en el pozo, donde perdió tres turnos y entró, definitivamente, en la casilla del laberinto.

Eso fue el pasado jueves, cuando todos esperaban un cambio en el Partido, y en el Gobierno. Ya dentro del laberinto, y poniendo el plasma por testigo, se pronunció por lo que en él, es normal: anunciar el final del paganismo y el comienzo de lo mismo. Ni cambios en el Gobierno, ni cambios en el partido. En el Gobierno, ya veremos. Y en el partido, lo que hemos visto: ha dejado asombrados, a los barones, a los máximos responsables, y a los militantes, sorprendidos a pesar de conocerle en su forma de jugar. Cospedal, a pesar de la debacle electoral, y la pérdida del gobierno de Castilla la Mancha, se le confirma en la secretaría general

A Carlos Floriano que ha tenido que dar la cara por Cospedal para que se la partan, se le substituye por el joven Pablo Casado para que se crean que es de Ciudadanos; a Esteban González Pons se le substituye por la joven catalana Andrea Levy en Estudios y Programas, y se trae de Vitoria al joven Javier Maroto que, a última hora, ha sido descabalgado de la Alcaldía de la capital alavesa. Al hombre de la mochila, al diplomático Jorge Moragas, director de su gabinete, se le encomienda el control de la campaña electoral de las generales, para que quede claro que el control del partido pasa directamente a la Moncloa, cortocircuitando a Génova.

Y, como guinda, después de un discurso, en el que se ha reconocido que ha sido la corrupción lo que más ha afectado a la credibilidad del partido, se coloca como responsable de organización a Fernando Martinez Maillo, presidente de la Diputación de Zamora y número 3 del partido, imputado en la investigación judicial del Consejo de Administración de Caja España, uno de esos vergonzosos escándalos que han proliferado en nuestras Cajas de Ahorros. Firme el ademán, sigue el joven Javier Arenas, como vicesecretario responsable de asuntos autonómicos.

Metido ya, después de un nuevo manejo de dados, en la casilla 58, la calavera, las posibilidades de parálisis son muchas, con lo que, la tan manoseada crisis de Gobierno, queda pendiente. A estas alturas aceptar la dimisión del ministro de Educación de José Ignacio Wert, para enviarle de embajador a la OCDE, porque su compañera sentimental, la secretaria general del Ministerio, su número dos, Monserrat Gomendio, va a ocupar un importante puesto en ese mismo organismo internacional, un claro ejemplo de puerta giratoria, sería un verdadero escándalo a pesar de que la embajada ha quedado ya libre con el traslado del titular Ricardo Diaz-Hochleitner a la embajada española en Rabat .

Así que a esperar porque en principio, desde la casilla 58, en la que estamos ahora, se puede hacer poco. Esta uno atado y bien atado y, lo más seguro, es volver a la casilla de inicio, que es en lo que estamos. Volver a empezar o… la gran decepción.