Mariano, el juego de la Oca, y tiro porque me toca

Como si fuera un tan-tan que se hubiera extendido por todo el país, y como si realmente fuese todo un acontecimiento político que pudiese cambiar la historia de los próximos meses del agitado país e, incluso los cuatro próximos años de la legislatura que viene, parándole los pies a Podemos y a las plataformas de izquierdas que se han hecho con el poder de las principales ciudades del país, por fin parece que, a partir de este jueves, Mariano Rajoy puede hacer algo. Puede hacer algo, en el Gobierno, y puede hacer algo en el partido, pero sin que se note, sin que traspase, sin herir a nadie, sin provocar más líos de los que tiene. Puede hacer algo, o no, depende… El está en pleno juego de la Oca. De oca a oca, y tiro porque me toca.

“Su drama es que está contento con los ministros que tiene, está cómodo, porque hacen lo que tienen que hacer, sin que él tenga que estar preocupado por todo. Si cambia algo, es porque el clamor ha llegado hasta el borde mismo de la rebelión: hasta discutir en público si el mejor candidato para las generales es él, y hasta le han sacado el espejo para que se mire en él, como si fuese la madrastra de Blanca Nieves. Ya sabe que algo tiene que hacer después de haber perdido dos millones y medio de votos y casi todo el poder territorial: el autonómico y el municipal. La cola en la Moncloa pidiendo un acomodo es ya angustiosa”. Quien hace esa descripción de la realidad, es uno de esos viajeros que han visitado estos últimos días, aprovechando la estancia de Rajoy en Milán, el Complejo de la Moncloa, cada vez más asediado por los que, fuera ya del poder, piden una nueva oportunidad.

Cuenta el periodista y sociólogo gallego Antón Losada, en su libro “El Código Mariano” (Roca Editorial 2014), que Mariano Rajoy no es solo un político, que además es registrador de la propiedad. Es un registrador de la propiedad que practica la política. Ya tiene el trabajo ideal que a todos nos gustaría: un empleo, donde las vistas son buenas y el trabajo no mata. Su condición de registrador con plaza en propiedad en Santa Pola (Alicante), le permite dedicarse sin agobios ni angustias a aquello que realmente le gusta y le hace disfrutar: la política. Le gusta la política igual que su otra pasión reconocida con orgullo: el deporte. Juega para ganar. A él le gusta la política, no la gestión que viene detrás de la política. Jamás toca nada que funcione mínimamente bien y sólo cambia aquello que funciona mal en el raro caso de estar muy seguro de conseguir alguna mejoría.

Lo malo es que, probablemente, no es consciente de que, como registrador de la propiedad, está rodeado no de ministros, sino de funcionarios del Registro que en vez de hacer política, simplemente toman nota de lo que creen que tienen que hacer, obedeciendo, la mayoría, a otra registradora, que esta vez, es una abogada del Estado (hay que proteger, salvar al Estado de conflictos diarios) que se llama Soraya Sáenz de Santamaria, que se lleva mal, rematadamente mal, con otra abogado del Estado que es la secretaria general del partido, Maria Dolores de Cospedal, y que está tan cabreada, que no aparece por Génova, desde el día de la deriva electoral del pasado 24 de Mayo.

Esa es la situación con la que se tendrá que enfrentar el registrador de la propiedad Mariano Rajoy Brei, este jueves cuando reúna en la sede de Génova al Comité Ejecutivo del partido para comunicarle, después de una reflexión de tres semanas largas, qué piensa hacer para evitar el drama que se le viene encima y cuyo segundo acto (constitución el pasado sábado de los Ayuntamientos tras la derrota electoral del 24 de Mayo) ha seguido, de forma inexorable al primero, que tuvo lugar en mayo del año pasado, con las elecciones europeas. El Comité Ejecutivo del partido se reúne en medio de intensas rumores (que pudiera confirmarse en las próximas horas) de cambios mínimos en el Gobierno. Es decir, cambios puramente cosméticos que parece que no van a servir de mucho. Más que de nombres, se habla de estructuras, de coordinación, de imagen, de comunicación, de poco que ver con lo que realmente hay que hacer, dada la gravedad de la situación.

Es decir que estamos, como viene sosteniendo este cronista, en el final del paganismo y en el comienzo de lo mismo ¿O no? Depende, quizás, es posible ¿o no? En esa estamos… en el juego de la oca. De oca a oca, y tiro porque me toca… A la espera del último movimiento… de dados.