El guirigay del PP y el trabajo de Esperanza a favor de Podemos

“Ni estando a sueldo de nosotros lo estaría haciendo mejor”. Es, sin duda, la frase de la semana. La ha pronunciado este jueves el secretario general de Podemos Pablo Iglesias, durante el balance que ha hecho del resultado de su partido en las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo, refiriéndose a la candidata del PP a la Alcaldía de Madrid Esperanza Aguirre. Profundamente agradecido a las últimas intervenciones de la máxima responsable popular en la Comunidad que, primero propuso un frente de todos los partidos contra Podemos, para evitar que ese partido emergente utilizara la Alcaldía ocupada por Manola Carmena, como trampolín para ocupar la Presidencia del Gobierno de España para, horas más tarde, defender la posibilidad de un Gobierno de concentración de todos los partidos, incluido Ahora Madrid, siempre que, insistió, desapareciesen, los soviets de los distritos madrileños (como si ya hubiesen ocupado la Arganzuela, Vallecas o Carabanchel). Iglesias ha insistido en que Aguirre les ha hecho un gran favor.

Para quienes no lo sepan, o lo hayan olvidado, los “soviets” eran las asambleas de obreros, soldados y campesinos que fueron fundamentales para el triunfo de la Revolución rusa de Octubre de 1917, así como la base para la formación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, primero, y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, (URSS) en 1922. Como se ve, un término muy apropiado a la España del Siglo XXI, en un país maduro como el nuestro, que acepta esas Asambleas de obreros y campesinos como principal punto de referencia del sistema democrático que, además no aparece en el programa de Podemos por ninguna parte.

Ni estando, efectivamente, a sueldo de Podemos, podía Esperanza Aguirre, haber realizado tan valiosa contribución al éxito de la candidata de Ahora Madrid, Manola Carmena, como lo ha hecho en la campaña electoral, intentando movilizar el voto más conservador del PP y, consiguiendo lo contrario, movilizar al voto de esa izquierda que ha optado por Carmena para el Ayuntamiento y a Gabilondo para la Comunidad. En la campaña electoral, y en esta semana en la que se estén poniendo las bases de los pactos para la formación de los Ayuntamientos y Gobiernos Autónomos, la ayuda de Aguirre ha sido fundamental.

Lo malo es que, dado el desconcierto reinante en Génova, tras la rebelión de los barones, la que parece portavoz y la que marca la doctrina oficial de los pactos es, precisamente, Aguirre que ya ha anunciado que no piensa abandonar la Presidencia del partido en Madrid si no sale elegida, como parece, alcaldesa de la capital de España. Según ella, su pacto con Cospedal era no presentarse a la reelección en el Congreso regional, sólo si era elegida alcaldesa. Otro problema más para Rajoy que, al final, no tendrá más remedio que montar una gestora o esperar a que sea Cristina Cifuentes la que dé la batalla definitiva contra la actual Presidenta del PP madrileño y, hasta ahora, la ideóloga de los pactos.

Solo hasta ahora, porque dentro del guirigay en el que se ha convertido el PP, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, le ha llevado la contraria a la lideresa en su propuesta de formar frentes con el PP, Ciudadanos y PSOE, para evitar el acceso a las instituciones de Podemos, un partido antisistema que pretende, según Aguirre, terminar con la democracia, tal como se entiende en Occidente. La vicepresidente tampoco ha secundado el temor a que esas listas de Podemos puedan llegar a las instituciones porque ha dado por hecho que “han sido elegidos por los ciudadanos” y que gobernarán dentro de la ley.

Cómo será el guirigay popular que hasta un simple portavoz de una Comunidad Autónoma, en este caso, la de Castilla y León, se ha atrevido a pedir la dimisión, o el cese del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria por su falta de sensibilidad en tratar los problemas de las minas de carbón de la zona, por su prepotencia y, por haber dejado destrozado el partido en Canarias después de perder, nada más y nada menos, que nueve diputados.

Como colofón del guirigay, se ha producido lo que parecía imposible. Un intento de la vicepresidenta del Gobierno de defender (aunque sea tímidamente) a su adversaria, la secretaria general del partido María Dolores de Cospedal, puesta en la picota por quienes creen que la regeneración tiene que empezar por la secretaria general, en tanto es la máxima responsable del funcionamiento del partido. Sabiendo que ella misma está siendo objeto de todo tipo de criticas, la vicepresidenta ha señalado que la labor de Cospedal es “dura, difícil e ingrata, y no encontrará en mí, ni una sola crítica”. Fin de la cita, mientras sigue el guirigay por capítulos… a la espera de que Rajoy mueva ficha… si la mueve.