Esperanza Aguirre, al borde del caos

Agobiada por las encuestas; preocupada porque la candidata de Ahora Madrid (Podemos) pueda desbancarla del primer puesto como fuerza política más votada; sorprendida por la última encuesta de Metroscopia para El País que da un empate técnico entre ella y Manuela Carmena; intentando recomponer parte de los platos que ha roto durante las semanas de la precampaña y campaña electoral, Esperanza Aguirre, candidata del Partido Popular a la Alcaldía de Madrid, ha intentado este lunes reconciliarse con sus orígenes, tendiendo una mano a quien ha sido su punto de referencia, el expresidente del Gobierno, José María Aznar, y a su esposa, Ana Botella, la actual alcaldesa madrileña a la que ha hecho todo tipo de críticas, y ha ejercido todo tipo de maniobras y desprecios.

Aguirre que ha hecho de su campaña un calvario para su compañera electoral, la candidata a la Comunidad Cristina Cifuentes, repitiendo una y otra vez, que su candidato era el actual presidente de la Comunidad madrileña Ignacio González, y no ella; que le ha llevado la contraria en todo lo que ha podido, que le ha restringido incluso los fondos electorales ya que el grueso de los mismos se los ha llevado ella, que le ha substituido en debates televisivos cuando la candidata solicitada ha sido Cristina Cifuentes, y que no la ha defendido cuando ha sido atacada, por su posición distinta a la del partido en temas polémicos como el aborto, se encuentra, ahora, en una situación electoralmente, muy comprometida, según adelantan las encuestas.

Pero no sólo ha sido Cifuentes la principal objetivo de sus ataques (Thelma y Louise en versión sádica como diría Marcello) sino incluso, la actual alcaldesa Ana Botella, la esposa de su admirado José María Aznar, a la que ha ninguneado, a la que ha marginado de su campaña, a la que ha acusado de chivarse a Mariano Rajoy porque no quería que nadie de su equipo formase parte de su candidatura, y a la que ha venido criticando, indirectamente, con promesas que ella ha prometido obviando que ya estaba haciéndolo la actual alcaldesa, ausentándose incluso de la despedida oficial, para irse a la pradera de San Isidro vestida de chulapona.

Este lunes en un desayuno informativo ha revelado su auténtico estado de ánimo, al borde del caos, temiendo perder, y tendiendo puentes a ese sector del partido que representa José María Aznar que el domingo aplaudió la defensa que el expresidente hizo de su esposa como alcaldesa, en unas circunstancias difíciles y en una ciudad en quiebra, y que Aguirre ha maltratado en público sin necesidad. Ahora, ya no para Aguirre, Ana Botella (lo que son las cosas) “ha sido esa gran mujer que está detrás de un gran hombre. Ha ayudado en todo momento a José María Aznar y luego ha hecho una labor excelente en el Ayuntamiento”. Respecto al expresidente del Gobierno y marido de Botella, ha loado su “tarea impresionante y de titanes por España”.

Nada que ver con su actitud, hasta ahora y, precisamente por eso, Aguirre fue preguntada por el mitin del domingo en Madrid Río, en el que, entre otras cuestiones, Ana Botella le recordó a Aguirre que los impuestos bajarán en noviembre como viene anunciando la candidata a la Alcaldía, porque ella ha sentado las bases para que eso sea posible, mientras ponía en duda que ese Madrid que promete Aguirre pueda ser más libre, uno de los objetivos de la mujer que aspira a sucederla. A juicio de la presidenta del PP de Madrid, las diferencias entre ambas no son más que cosas de “tiquismiquis” que le gustan a la prensa.

“Tiquismiquis” que han provocado la indignación de José María Aznar y de ese sector del partido que, en principio, podría apoyar a Aguirre pero que, en un comportamiento alejado de la realidad, puede producir unos efectos devastadores. De ahí el miedo a Manuela Carmena.