Rajoy y el PP dan las elecciones por perdidas

Tres días después del estallido del ‘escándalo Rato’, el desconcierto, la alarma e incluso el terror parecen haberse apoderado del partido del Gobierno y, de muchos de sus dirigentes, en vísperas del inicio de la campaña electoral de las municipales y autonómicas que ya muchos dan por perdidas, por lo menos en sitios claves como Madrid y Valencia.Y Rato, han comenzado a decir, será el culpable.

Si es verdad, como parece, que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, estaba al tanto de todo lo que estaba investigando la unidad de blanqueo sobre el exvicepresidente; que el titular de Economía y Competencia, Luis de Guindos, estaba siguiendo puntualmente el caso; y que, hasta el presidente del Gobierno fue informado en su momento por el propio Rodrigo Rato, de que iba a acogerse a la ley de Amnistía fiscal de Montoro de 2012, no se entiende ese desconcierto y ese falta de coordinación en el tratamiento y control del caso. A menos que, como siempre, se haya decidido aparcar el caso a la espera de que el tiempo termine por resolverlo. O, también, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hacer el canto a la eficacia a la Agencia Tributaria y a Montoro.

Por eso, no termina de entenderse que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, desde la mesa de la portavocía del Gobierno dijese el viernes que estamos ante un caso que afecta a un particular, casi a la misma hora en que, desde Argentina, la presidenta Cristina Fernández utilizaba el nombre de Rato para atacar con la mayor dureza al Fondo Monetario internacional ( FMI), en dónde el político español fue su director gerente y autor del plan de ajuste para el país austral. Como no se entiende que, horas más tarde, el presidente del Gobierno se olvidase de esa situación particular en la que su vicepresidenta había colocado al exvicepresidente, para lamentarse que el escándalo afectaba, sobre todo, al Partido Popular.

Militantes del PP, leído el argumentarío (no es estetico que una persona como Rato se acoja a una regularización fiscal, Rato no tiene nada que ver con el PP, el partido se siente abochornado por el caso y es inflexible contra esas actitudes, Rato fue expulsado del partido por el escándalo de las ‘tarjetas black’, Rato está fuera de la política, la Agencia Tributaria es autónoma del poder ejecutivo , Rato ya no es de los nuestros…), se volvían cada vez más alarmados y, preocupados.

¿De dónde había acumulado el ex vicepresidente 27 millones de euros? ¿Cómo era posible que pagara a Hacienda poco más de dos mil euros anuales y que el fraude fiscal de sus empresas superara los cinco millones de euros? ¿De dónde le venia esa afición de tener un moderno hotel en Berlín, una sociedad en el Reino Unido y 78 cuentas en 13 bancos? ¿Por qué las 27 sociedades de su entorno no pagaron IVA y utilizaron facturas falsas? ¿Por qué había utilizado a sus tres hijos para blanquear dinero en Gibraltar? ¿Desde cuándo actuaba como un delincuente de cuello blanco quien era presentado públicamente por sus compañeros de partido como el padre del “milagro económico español “de finales de los noventa?

Muchos de los candidatos a las elecciones autonómicas y municipales, pegados a las televisiones, no podían entender el despliegue policial en el domicilio y en el despacho del exvicepresidente, de miembros de la Policía Nacional, de la Policía judicial, de la Agencia Tributaria, del Servicio Aduanero. Solamente faltaban los Geo (Grupo Especial de Operaciones) de la Policia Nacional, y de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil. Parecía una perfecta puesta en escena del ministro Montoro para convencer al país de que aquí todos son iguales ante la ley y que de Hacienda nadie se escapa, como se demuestra con el caso de Bárcenas, al que siempre le han devuelto dinero, el de la Infanta Cristina, el de esos 705 españoles investigados por blanqueo cuyos nombres son un “secreto de estado “o el escandaloso caso del propio PP y su financiación ilegal, así como las remodelaciones de varias sus sedes provinciales y de la central en la calle Génova de Madrid con dinero negro. Ahora, incluso, como Rato ha dejado de ser de “los nuestros”, quien siempre se ha presentado como el más fiel de sus discípulos, Cristóbal Montoro, ni siquiera habla con él, porque, en realidad… le conocía muy poco.

Como directores de escena hay que felicitar a los que han montado todo: los policías, los cámaras, los fotógrafos, el escenario, ese funcionario protegiendo la cabeza a la entrada del coche… Una pena que no le esposaran para hacer más visible la “indignación” y el” bochorno” del Gobierno. Pero los efectos colaterales de cara al 24 de mayo ya están medidos.