Cumbre de Panamá: Obama y Castro, frente a frente

Con un ex Presidente, Ricardo Martinelli, el Berlusconi sudamericano, prácticamente huido y refugiado en Miami y escándalos económicos diarios de corrupción del anterior gobierno, que invaden periódicos , emisoras de radio y canales televisivos , y con enfrentamientos entre pro y anticastristas , en el encuentro que se inauguró el Jueves de representantes de la “sociedad civil”, en un foro paralelo a la Cumbre, Panamá ha inaugurado este Viernes 10 de Abril una histórica Cumbre de las Américas con la presencia de los máximos representantes de 35 países y, sobre todo, con la presencia estelar del Presidente norteamericano Barack Obama y el dirigente cubano Raúl Castro. Dos personajes antagonicos, dos influencias distintas en el Continente y dos generaciones distiontas. Se da la paradoja que cuando Obama nace, los Castro llevan ya dos años en el poder y es él, cuando inicia el final de su mandato, el que va a normalizar las tormentosas relaciones entre los dos países, que durante décadas han condicionado toda la política norteamericana con Latinoamérica.

Una Cumbre histórica en la que, por primera vez desde el lejano mandato de Dwight Eisenhower, un Presidente norteamericano se reúne con otro cubano. La cita de este año en una Cumbre que se realiza cada cuatro, es sin duda una cita histórica, despues de una larga disputa entre los dos países, casi una guerra de invasión (no olvidemos Bahía de Cochinos), una crisis de los misiles que puso al mundo al borde una guerra mundial y un conflicto diplomático que ha durado más de medio siglo y que ha condicionado toda la política de Washington con el Continente. Ya el primer encuentro bilateral entre el secretario de Estado norteamericano John Kerry y el canciller cubano Bruno Rodríguez, es todo un hito y un prologo de esta foto histórica entre Castro y Obama.

Las posibilidades de reconciliación cubano-norteamericana, y el fin del embargo comercial norteamericana a la Isla, van a serenar, con toda seguridad, los habituales ánimos antiestadounidenses que se han observado en las cumbres anteriores, una de las pocas cosas en las que coinciden todos los países iberoamericanos, aunque, normalizada las relaciones con La Habana, será Venezuela la principal fuente de conflicto que estará presente en todas las reuniones de este fin de semana en Panamá. Es el propio Presidente venezolano Nicolás Maduro el que pretende utilizar la Cumbre que ha comenzado este viernes, para castigar a Obama por su decisión de declarar a Venezuela como un peligro para la seguridad de Estados Unidos y prohibir la entrada en el país de siete funcionarios venezolanos a los que acusa de excesos en la represión de la oposición, a la que no se respeta, a la que se persigue y a la que se sitúa implicada en supuestos golpes de estado inspirados, además , por Washington. Es el caso de los dos presos más famosos, el Alcalde de Caracas Antonio Ledezma y el líder opositor Leopoldo López, los verdaderos héroes estos días en Panamá con los que se han solidarizado una treintena de ex Presidentes (entre ellos Aznar y Felipe González) exigiendo la libertad inmediata de los dos.

Ésta que se ha inaugurado este viernes en Panamá es la Séptima Cumbre de las Américas, y es la primera en su historia que reunirá́ a los 35 países del hemisferio. La Cumbre de las Américas fue creada en 1994, con el objetivo de generar una agenda común para hacer frente a las necesidades del continente. La Primera Cumbre tuvo lugar en Miami, Florida, en 1994 y fue institucionalizada en Santiago de Chile, en 1998, tras la adopción del Plan de Acción de las Américas. A partir de entonces, los encuentros han tenido lugar en Quebec, Canadá́ (2001), Mar del Plata, Argentina (2005), Puerto España, Trinidad y Tobago (2009), y Cartagena de Indias, Colombia (2012).

En todas estas Cumbres, Cuba siempre ha sido la gran ausente con el argumento de que había sido expulsada en 1962, de la OEA (Organización de Estados Americanos). Hoy, no solo por el acercamiento que se ha producido entre Washington y La Habana, sino por la postura de la mayoría de los países iberoamericanos, por el interés de Estados Unidos por un Continente que había sido olvidado por la prioridad de la lucha por el terror, y por el debilitamiento de la influencia de los llamados países Alba (Argentina, Nicaragua, Cuba, Ecuador y Bolivia) capitaneados por la Venezuela chavista, el escenario es totalmente distinto a anteriores encuentros.

El lema del encuentro de este fin de semana girará en torno a la “Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas” y se concretará en buscar la colaboración en salud, educación, migración, energía, medio ambiente, desarrollo sostenible, gobernabilidad democrática y participación ciudadana. Desde el punto de vista económico hay que destacar que la Cumbre coincide con un significativo cambio en la economía mundial. Por primera vez en una década, las fuerzas que den forma al capitalismo mundial están a favor de EE.UU. y no de Iberoamérica. El ‘superciclo’ de las materias primas cede a medida que se desacelera la economía de China. Y lo que parecía ser un elíxir que garantizaba un interminable crecimiento terminó siendo una quimera. Hasta las economías bien gestionadas, como las de Chile y Colombia, han perdido ritmo. Los países como Argentina, Brasil y Venezuela sufren más porque la mala administración, oculta tras el auge de las materias primas, han quedado claramente expuestos y al descubierto.

Este giro económico -destaca un análisis del Financial Times– tendrá también poderosos efectos políticos. Debería bajarle el tono a algunas de los voces anti-EE.UU. más sonoras de la región, como la del ALBA dirigido por Venezuela y, también, podría marcar una reconsideración de las relaciones norteamericanas con el resto. En líneas generales, América hoy tiene democracias políticas resistentes con economías razonablemente bien manejadas y lazos comerciales prósperos. “Lamentablemente, – editorializa ‘FT’- Venezuela es una excepción. Los intentos de sus pares iberoamericanos de mantener a Caracas dentro de sus propios estándares democráticos han sido escasos en el mejor de los casos, y en general, inexistentes”.