Vuelo 4U9525: Nunca sabremos lo que realmente pasó…

Este martes, hace una semana que a última hora de la mañana una noticia sorprendía a Europa: un avión de la compañía alemana Germanwings, que realizaba el trayecto entre Barcelona y Düsseldorf con 150 personas a bordo, se acababa de estrellar en los Alpes franceses, en un lugar de imposible acceso por carretera. “Aquí no hay nadie, solo la nieve”, explicaba un habitante de Méolans-Revel, zona en la que se producía el siniestro, en el que parece que no hay supervivientes.

Y, partir de ahí, el horror, algo que ninguna mente humana ha podido comprender. Si cualquier novelista o guionista de cine hubiera escrito una trama parecida a lo que ha ocurrido esta semana en torno al vuelo 4U9525 de la compañía low cost Germanwings, lo hubiéramos rechazado por exagerado, por inverosímil, por fantasioso, por irreal. Que un joven copiloto enamorado de su profesión, obsesionado por volar y afectado por una notable sicopatía suicida de la que fue tratado hace años, decida estrellar un Airbus 320 ,en su lugar preferido de los Alpes franceses , dónde empezó a volar, llevándose por delante la vida de 150 pasajeros que, en principio siempre piensan que los que están al frente de los aviones son casi superhombres,  fríos y profesionales, es una historia que, según el presidente de la compañía “ni en las peores pesadillas podíamos haber imaginado”. Ni él, representante de la eficacia y de la forma trabajar alemana, ni quienes hemos seguido con el corazón encogido la sorprendente historia.

Probablemente, ese novela imaginaria o ese guion cinematográfico, hubiera sido rechazado porque, entre otras cosas, se parta de la lógica de que los aviones están preparados para afrontar un peligro que viene de fuera y no de dentro, de un piloto que se encierra en la cabina, que no deja entrar al comandante y que con frialdad dirige el avión de sus sueños hacia un destino fatal. Desde la localización de la caja negra los investigadores estaban desconcertados por el comportamiento de Andreas Lubitz durante el vuelo. Luego de despegar en Barcelona ese martes, se escucha al capitán discutiendo el procedimiento de aterrizaje en Düsseldorf. Las respuestas del copiloto, según la autoridad judicial, eran secas y escuetas, hasta que el comandante sale de la cabina y el copiloto cierra la puerta con un mecanismo especial de seguridad que bloquea la puerta blindada de entrada.

A partir de ahí, todos son interrogantes. ¿Qué le pasó al joven copiloto? ¿Qué fue lo que le impulsó a apretar el botón de descenso del avión a la búsqueda de la montaña que había visto tantas veces? ¿Fue un impulso? ¿Fue un acto premeditado, pensando que tarde o temprano se descubriría que no era apto para volar? ¿Por qué un suicidio acompañado de la muerte de 150 pasajeros en los que había jóvenes, ancianos, niños e, incluso bebés? ¿Fue un acto de maldad o un intento de maldición sobre quienes le acompañaban en ese final tan dramático como reflejan los gritos del pasaje antes de oírse la respiración tranquila del piloto, durante el trágico descenso de ocho minutos a 700 kilómetros por hora y el terrible choque contra la montaña?

La posibilidad de que un piloto estrelle un avión comercial a propósito es el peor escenario que cualquiera se pueda imaginar y, presenta un escenario desastroso para cualquier compañía aérea aunque hay que decir que la incidencia de casos de pilotos que utilizan su avión para suicidarse y matar a los pasajeros es extremadamente rara. En un estudio publicado el año pasado, la Administración Federal de la Aviación norteamericana identificó ocho casos de este tipo entre 2003 y 2012, pero todos ellos en aviones pequeños, no comerciales, operados por aerolíneas, y sólo en un caso el piloto tenía a otro pasajero abordo. En 1.999 un avión de Egyptair, fue forzado a estrellarse en el Atlántico por su copiloto, en ese momento, sólo a los mandos. En 2013, se repitió con un avión de las aerolíneas de Mozambique y fue el comandante del avión el que evitó su caída. Confidencialmente hay pilotos que te confiesan que se han producido más incidentes de ese tipo pero sin consecuencias fatales.

Algún día los cielos podrán estar libres de pilotos y copilotos y los aviones volarán (ahí están los drones y los Predator) con eficacia robótica desde el inicio del despegue al aterrizaje. Por supuesto, unos sistemas así tendrán sus propias complicaciones y consecuencias. Y seguramente requerirán supervisión humana… y los humanos nunca actuarán como robots, ni está previsto como pueden actuar y reaccionar…