Los misterios y el horror del Airbus 320 de los Alpes

“Ni en nuestras peores pesadillas podríamos imaginar este suceso”. La frase aterradora, pronunciada por el Presidente de la compañía alemana Lufthansa al conocer lo que nadie podía imaginar lo sucedido con el Airbus A320 de la compañía Germanwings que hacía el trayecto Barcelona Dusseldorf y que se estrelló en los Alpes franceses, el pasado martes, que fue el propio copiloto el que destruyó el aparato, algo que ha conmovido a la opinión pública y ha provocado una ola de indignación y terror, por un accidente aéreo que se ha producido en pleno corazón de Europa, y que todavía lleno de misterios.

Mientras el presidente francés François Hollande, el español Mariano Rajoy y la canciller alemana, Angela Merkel, desde el mismo lugar del accidente prometían a la opinión pública de media Europa que se responsabilizaban de aclarar todo lo sucedido en ese accidente, en el accidente de un avión europeo, con víctimas europeas, en el corazón mismo de Europa, y desde todos los medios se insistía en saber cuál había sido el motivo del accidente, al tiempo que reclamaban hacerlo cuanto antes, todos se preguntaban si hubo un fallo técnico, un fallo humano, en defecto de fabricación de un aparato que ha dado alguna que otra sorpresa en los sensores de velocidad, una cadena de circunstancias incontroladas, o incluso, la posibilidad de un atentado, de un crimen, nadie podía pensar que había sido el propio copiloto el posible causante de la tragedia, el hombre que, conscientemente, había actuado voluntariamente para destruir el avión. ¿Suicidio? ¿Matanza colectiva realizada en un acto de locura? ¿Otro tipo de actuación criminal?

Mientras los responsables de las labores de investigación trataban de explicar el miércoles por qué un moderno avión a propulsión con 150 personas a bordo se estrellaba con un cielo relativamente claro, un investigador empezaba a insinuar que las pruebas de la grabación de audio de la cabina indicaban que uno de los pilotos salió de ella, antes del descenso del avión y que no pudo volver a entrar en la cabina de mando en la que quedó el copiloto. Las primeras filtraciones de un alto mando militar que participaba en la investigación describía la conversación entre los pilotos durante la primera parte del vuelo desde Barcelona, a Düsseldorf, como “muy sosegada, muy serena”. Luego el audio mostraba que uno de los pilotos salió de la cabina y no pudo volver a entrar.

Aunque parece ser que la grabación puede dar todavía más datos sobre las circunstancias que condujeron al accidente, también deja muchos interrogantes sin respuestas. Los datos de la grabación de audio de la caja negra, sensiblemente deteriorada por el golpe del accidente, parecen sólo agrandar el misterio que rodea al accidente y no ofrecen informacióńn sobre el estado o la actividad del piloto que seguía en la cabina. El descenso de 38.000 pies en cerca de diez minutos fue alarmante, pero fue lo suficientemente gradual para señalar que el Airbus A320 de dos motores no había sufrido daños catastróficos. En ningún momento durante el descenso hubo comunicaciones entre la cabina y controladores aéreos ni ninguna otra señal de emergencia.

“Al inicio del vuelo, se oye a la tripulación hablar normalmente y después se oye el ruido de una de las sillas que se mueve, una puerta se abre y se cierra, ruidos que indican que alguien llama a la puerta y ya no hay más conversación a partir de ese momento hasta que se estrella”, dijo esta fuente que tuvo acceso a la caja negra confirmando una información del diario estadounidense New York Times.

Los dos pilotos hablaban en alemán. Al final, suenan las alarmas que indican la proximidad del suelo, Entre las teorías que han lanzado analistas de seguridad aérea que no participan en la investigación, está la posibilidad de que uno de los pilotos quedase incapacitado por un suceso repentino, como un fuego o una pérdida de presión en la cabina, algo que se contradice con otra fuente que ha tenido acceso a la caja negra que sostiene que se oye perfectamente la respiración del copiloto y al final los gritos de terror de los pasajeros cuando están a punto ya de estrellarse.

Cuando el avión se desplomó sobre las rocosas y escarpadas montañas al noreste de Niza, iba a suficiente velocidad para pulverizarse, matando a los 144 pasajeros y seis tripulantes y dejando pocas pistas. Las autoridades francesas de aviación han hecho públicos, oficialmente, pocos datos sobre la naturaleza de la información que se ha recuperado de la grabación de audio y no está claro si ésta era completa. Pero el misterio sigue centrándose en el copiloto y en su extraño comportamiento porque no es normal un suicidio y, además un suicidio colectivo.