Andalucía: hacia un gobierno PSOE-Ciudadanos

A una semana de las elecciones autonómicas andaluzas, y cuando sólo se conocen encuestas y sondeos, más o menos interesados (sólo hay que ver la posición política en que está cada medio informativo) hay ya líneas claras de cómo se desarrollarán las votaciones del 22 de marzo en una Comunidad en la que el partido socialista lleva gobernando 33 años y donde, en todo este tiempo, no se ha producido ningún tipo de alternancia en el poder.

Estas líneas generales indican que el PSOE no alcanzará la ansiada mayoría absoluta; que Susana Díaz, sacará peores resultados que su antecesor en el cargo José Antonio Griñán; que la situación política que se abre en la Comunidad andaluza será más inestable que cuando la actual Presidenta decidió adelantar las elecciones precisamente por la inestabilidad en la que, según ella, se encontraba su gobierno por la actitud de su socio, Izquierda Unida, que con Alberto Garzón, sucesor de Cayo Lara, había girado hacia la izquierda a la búsqueda de la convergencia con Podemos, y que definitivamente, está descartado que la Presidenta andaluza abandone Andalucía para emprender una aventura nacional. En todo caso, utilizaría como testaferro a Carmen Chacón para colocarla en la secretaria general del partido. Un experimento peligroso (véase caso Borrell) que nunca ha dado resultado.

Igualmente entre esas líneas generales está el que el Partido Popular, con el candidato Moreno Bonilla, desconocido casi por un tercio de los andaluces, se hunde, pierde entre 17 y 21 parlamentarios y no cuenta para ningún tipo de pacto postelectoral. En estos momentos, ante esa eventualidad, la dirección está dividida entre quienes defienden que la mejor alternativa es abstenerse para que, en todo caso, Susana Díaz, salga elegida en la primera vuelta o votar en contra para que, en caso de que no tener una mayoría suficiente, tenga que contar con Podemos, algo que ha venido rechazando durante toda la campaña.

Izquierda Unida perdería entre cuatro y ocho diputados de los que tenía y las dos grandes sorpresas son Podemos y Ciudadanos, dos partidos que dan la sensación de que presenten a quien presenten como candidato, en cualquiera de los comicios que se celebrarán este año, lo que realmente tira es la marca y no el candidato, algo que no ocurre por ejemplo en el PSOE, razón por la cual Susana Díaz, ha programado una campaña totalmente personalista en la que lo importante es ella, y no el partido.

Si hiciéramos caso a las últimas encuestas (Sigma Dos y Metroscopia), Susana Díaz podría cumplir lo prometido durante todos estos días de mítines y comparecencias públicas: no pactar ni con el Partido Popular ni con Podemos. No parece posible el pacto con Izquierda Unida que puede perder más de la mitad de sus 12 parlamentarios, con lo que la única salida sería el pacto con Ciudadanos que, con candidatos totalmente desconocidos a nivel de Comunidad Autonómica, puede llegar a sacar 12 diputados, a sumar a los 45 que en la mejor de las opciones puede obtener el PSOE, Díaz se colocaría , de esta forma, en una cómoda mayoría de 57 parlamentarios, dos menos de la mayoría absoluta. Para el partido de Albert Rivera la línea roja que no traspasarían sería la línea roja de la corrupción, repetía en Cádiz este fin de semana, una provincia transicionalmente socialista en la que sacarían dos parlamentarios.

Y esa línea roja, para cualquier tipo de pacto PSOE-Ciudadanos, pasaría por el corte previo de las cabezas de los imputados expresidentes de la Junta José Antonio Griñán y Manuel Chaves, pendiente de declarar ante el Supremo después de las elecciones. Eso, si se decide por el pacto ahora, y no espera hasta las generales para no enseñar ahora sus cartas… de futuras alianzas.