Guerra en el PP: Aguirre le planta cara a Rajoy

La situación política es tan “fluida” como dicen los diplomáticos, o tan esquizofrénica como sostienen los politólogos, que el cronista toma un descanso de cuarenta y ocho horas y, en menos tiempo que se presigna un cura loco, estalla la guerra en el PP madrileño; Rajoy se carga al presidente de la Comunidad de Madrid Ático González y nombra a la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, una cara nueva en el panorama popular; la secretaria general del partido Dolores de Cospedal le pide a Esperanza Aguirre, en el mismo momento que le comunica que va a ser candidata a la Alcaldía de Madrid, que tiene que renunciar a la Presidencia del partido; a las pocas horas Aguirre dice que ella no es un “monigote”, que si tiene que dimitir de la Presidencia del partido, renuncia a ser la candidata a la Alcaldía, porque a ella, dice a través de su cuenta de twitter, nadie le hace el programa, ni le impone las listas.

Las declaraciones de Aguirre (no voy de alcaldesa responde con ironía y agresividad, para que las listas me las haga Arenas y el programa quien fue la mano derecha de Ruiz Gallardón, Manolo Cobo) son toda una declaración de guerra a Mariano Rajoy con el que viene manteniendo un pulso desde que accedió a la Presidencia del partido. Ahora, su todo o nada, plantea todo un desafío ante el que se ignora la postura que pueda tomar quien cree, todavía, que puede ganar las elecciones generales, para lo cual lo que pase en Madrid, Valencia y, sobre todo Andalucía, es decisivo.

Y por si faltaba poco para cerrar, el circulo esquizofrénico, la última encuesta de Metroscopia para el diario El País, refleja un panorama en el que hay cuatro partidos y por este orden, Podemos (22,5% ), PSOE (20,2%), PP (18,6% ), y Ciudadanos (18,4%), que se dirigen hacia el empate técnico, ya que sólo les separa cuatro puntos y, ninguno de ellos, tiene posibilidades de sacar mayoría absoluta. De este modo, pasaríamos del bipartidismo histórico, a un cuatripartito, muy igualado en escaños, con un nuevo partido que va a convertirse en decisivo para la gobernabilidad del país, que está subiendo a una velocidad sorprendente que es Ciudadanos, el objeto de todos los ataques del PP.

En ese escenario, tiene más capacidad de pacto el PSOE que el Partido Popular, que inicia este largo periodo electoral que se abrió el pasado viernes con la apertura de la campaña electoral andaluza, con un conflicto interno en Madrid que no se sabe cómo puede terminar. Desde hace semanas, Esperanza Aguirre está aguantando lo que nunca ha aguantado. Ha aprovechado la menor ocasión para alabar a Rajoy; se ha ofrecido, una y otra vez como candidata para la Alcaldía madrileña; ha intentado alejarse de toda una pléyade de imputados (desde su antiguo protegido López Viejo, hasta su secretario general Francisco Granados, actualmente en prisión, pasando por muchos de los detenidos en la “Operación Púnica”); ha permanecido en silencio durante tres días, sin intervenir a favor de Ignacio González, hasta que la bronca que se produjo en la primera planta de Génova entre los dos la semana pasada, con gritos y acusaciones que se oían en todo el edificio, le hizo salir en defensa de quien ella había designado como su sucesor en la Presidencia de la Comunidad. Además, ahora, González es presidente del Comité electoral madrileño y secretario general del partido en la Comunidad.

Después del paso dado por Rajoy , – que ordenó reunir al Comité Nacional el pasado viernes -, sin la reunión previa del Comité de Madrid que no ha hecho ninguna propuesta de candidatura – descabalgando a González -, porque temía que durante la campaña saliesen más temas conflictivos a relucir, apostando por Aguirre, porque le parecía demasiado descabezar a los dos, y pidiendo a cambio la cabeza de Aguirre en el partido, para intentar una regeneración total, después de los numerosos casos de corrupción que se han producido en tantos años de mayoría absoluta, se abre una auténtica guerra interna a poco más de dos meses de las Autonómicas y municipales .

Aguirre ha dicho que no, que ella no se inmola, que si quieren su cabeza en el partido, que controla junto con González, con mano de hierro, que se la corten, pero que entonces ella, que no es un “monigote”, dimite de candidata. Dice que las listas, el programa y la campaña, no los hace ninguna gestora como quiere Rajoy. En las próximas horas tendrá que decir o hacer algo, a menos que quiera correr el riesgo, tal como está el partido, que le salgan Esperanzas por todas partes y, el PP entre en un proceso de “aguirrización”.