La partida de póker de Yanis Varufakis

La partida de póker que el ministro griego de Finanzas, una nueva estrella mediática que se llama Yani Varufakis, lleva jugando desde hace semanas con todas las instituciones europeas, especialmente con el ministro de Finanzas alemán, Schäuble y el presidente del Eurogrupo, el holandés, Jeroen Dijsselbloem, ha terminado por el momento en tablas aunque públicamente desde Bruselas se esté insistiendo en que Atenas ha aceptado las condiciones impuestas, especialmente por Alemania, para que pida una prórroga del rescate que termina el 28 de febrero, para seguir negociando.

Horas antes de que finalizara el plazo este viernes y ante el temor de que el Banco Central Europeo (BCE) dejase de financiar a la banca griega y evitar, con la salida masiva de dinero del país (esta semana han salido más de 25.000 millones de euros), que hubiera desencadenado el caos financiero y la necesidad de poner un corralito como hizo Argentina en el año 2001 por el gobierno de Fernando de la Rúa, las autoridades griegas han ganado tiempo y han aceptado la exigencia de Bruselas de prorrogar el rescate seis meses, para seguir negociando.

De todas formas el tema no está cerrado ni mucho menos, porque es difícil que Grecia acepte todas las condiciones que le impondrá Bruselas, especialmente lo que esté relacionado con medidas de austeridad, algo que Syriza ha rechazado durante la campaña electoral que le ha dado la victoria. Conociendo como está jugando sus cartas el ministro Varufakis, los expertos creen que huirán lo máximo posible del memorándum que ha Impuesto, hasta ahora, la troika con la que se han negado a negociar, que han pedido incluso su desaparición, que no aceptarán ninguna medida de austeridad y que intentará imponer varias condiciones que no se sabe si serán aceptables para el Eurogrupo, dispuesto solo a conceder un cambio en el lenguaje sin variar la mayoría de las duras condiciones que Grecia ha venido rechazando desde hace dos semanas.

Varufakis, que durante estos dos semanas se ha paseado por media Europa luciendo su peculiar “look” de gimnasta, sin un papel, y con las manos en el bolsillo, exhibiendo una gran seguridad en sí mismo, según la imagen descorbatado y con la camisa fuera del cinturón, que transmiten de él las televisiones de medio mundo, es un gran jugador de póker pero, sobre todo, como economista es un experto en teoría de los juegos, una especialidad económica y matemática que pone en valor las posibilidades de ganar o perder y que consiste, aparte de los términos matemáticos que se utilicen, en resistir poniendo al contrario en situación límite. Por eso, en Europa dicen que Tsipras ha elegido a la persona perfecta, desde el punto de vista teórico para negociar en una Europa llena de intereses cruzados, y especialmente con una Alemania que obsesionada con la austeridad, es intransigente hasta unos extremos que pueden parecer ridículos, sin admitir ningún tipo de flexibilidad.

El ministro griego , 52 años, es catedrático de Teoría Económica en la Universidad de Atenas y profesor visitante en la Universidad de Texas, además de haber sido profesor titular de Economía en el Departamento de Economía de la Universidad de Sidney, ciudad en la ha vivido durante una larga etapa. Sus investigaciones y publicaciones han tenido gran repercusión en el mundo académico y en la opinión pública interesada en la economía, sobre todo a raíz de la publicación de su libro ‘El minotauro global, Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial’, sobre la crisis financiera desatada en 2008, que le convirtió en un economista de referencia mundial.

Varufakis considera que la economía mundial se ha visto sometida a Estados Unidos (el minotauro), que ha utilizado al resto de países para financiarse y potenciar su riqueza de forma desigual. Según Varufakis, EEUU ha sido el gran destinatario de los recursos excedentarios de Alemania y Japón (y más recientemente China). El poder monetario del dólar ha permitido reciclar esos flujos de capital hacia EEUU en inversión al exterior, en una especie de círculo virtuoso que se retroalimentaba haciendo cada vez más ricos a determinados actores de la actividad económica. Según él es preciso un nuevo Bretton Woods que genere lo que él denomina un mecanismo global de reciclaje de excedentes, que los mercados, por globalizados que estén, por libres que sean y por bien que funcionen, no pueden proporcionar.

Pero lo de Varufakis no es la teoría, sino la práctica, y en su partida de póker, que acaba sólo de suspenderse para coger fuerzas, está el futuro de la Eurozona y todo un cambio de política.