Andalucía: comienza un ciclo electoral histórico

Con la publicación este martes en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (Boja) de la convocatoria del adelanto electoral para el 22 de marzo, se inicia en nuestro país un largo periodo electoral realmente histórico, en el que se dilucidará el futuro del bipartidismo sobre el que se asentado la política española desde el inicio del periodo democrático hace más de tres décadas, los efectos que los diferentes casos de corrupción han producido en los partidos afectados por los distintos escándalos, el papel de partidos bisagras como UPyD y, sobre todo Ciudadanos y, la eficacia que en el electorado puedan producir tanto los mensajes de recuperación económica como las llamadas al miedo a un cambio político, basado en el populismo.

Las elecciones andaluzas, cuya campaña electoral comenzará oficialmente el 6 de marzo y la presentación de las 109 candidaturas para las ocho provincias andaluzas el 16 de febrero, será la primera prueba de ese ciclo histórico, en la que los tres partidos que, según las encuestas, aparecen como mejor situados en unas elecciones generales, medirán sus fuerzas, aunque los resultados serán meramente indicativos ya que Andalucía (hasta ahora, el principal granero electoral socialista, y el que le ha dado las sucesivas mayorías absolutas a Felipe González y a Rodríguez Zapatero) no es representativa a nivel nacional, ya que allí está gobernando el PSOE desde 1977. Desde esa fecha los socialistas han gobernado en minoría en dos ocasiones con varias mayorías absolutas, en coalición con el partido andalucista en 1996 y 2004, y con Izquierda Unida desde 2012.

La ruptura ahora con Izquierda Unida, un auténtico divorcio sin acuerdo que enrarecerá la campaña electoral las próximas semanas, ha provocado la expulsión de tres consejeros de IU, y el adelanto electoral en el que Susana Díaz es, probablemente, la que más se juega .La Presidenta andaluza ha actuado más con el objetivo de consolidar su situación personal, con una victoria que disipe un nombramiento que nunca ha sido revalidado en las urnas, que por un conflicto insalvable con una Izquierda Unida que casi, de rodillas, le había pedido que no disolviera, y estar disponible para, en un momento de crisis, poder dar el salto a la política nacional, con una victoria entre las manos, en unos momentos en que el pesimismo parece presidir la situación interna del partido.

Izquierda Unida ha hecho circular la versión de que eso, formaría parte de una maniobra táctica auspiciada por Felipe González, que de una frialdad extrema con la andaluza, ha pasado a una adhesión incondicional. De este modo, ante una posible gran coalición entre PP y PSOE, una vieja aspiración de González, daría más el perfil de colaboración y de liderazgo, según esa versión, Susana Díaz que Pedro Sánchez. Pendiente de Podemos, Pedro Sánchez ha intentado distanciarse de la política de la austeridad abrazada por Zapatero y se ha enfrentado, con la vieja guardia socialista, especialmente con medidas contra los que han utilizado las tarjetas blacks de Caja Madrid que han sido expulsados del partido, en contra del criterio del sector histórico.

De todas formas, Susana Díaz se ha movido por encuestas internas, por estudios de la Junta, y por simple olfato político y puede equivocarse. Las encuestas le dan la victoria pero no le aseguran ni mucho menos la mayoría absoluta. Ella ha querido aprovechar la debilidad del PP – que no hay que olvidar que ganó las elecciones en 2012- por el escaso tirón de su candidato, el casi desconocido Moreno Bonilla; la mala situación interna de Izquierda Unida que ha desembocado en la renuncia de Cayo Lara, la ascensión de Alberto Garzón, la elección de Tania Sánchez, compañera sentimental de Pablo Iglesias como candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid , y la guerra interna de la Federación dentro de la Comunidad y, por último, la desorganización en la que todavía se encuentra Podemos, a la que cree que no hay que darle la oportunidad de que despegue en las encuestas.
Pero puede suceder que el PP no esté tan mal como dicen las encuestas, que tenga que volver a contar con Izquierda Unida y que la capacidad de movilización de Podemos supere todas las previsiones.