Charlie Hebdo: consecuencias de una masacre

Una ola de Islamofobia parece haberse extendido por toda Europa tras la masacre del miércoles contra el semanario satírico Charlie Hebdo, en la que murieron doce personas entre periodistas, humoristas, caricaturistas y policías, en un atentado yihadista radical, que ha sido comparado, en numerosos medios internacionales, como otro 11 de Septiembre, esta vez en Europa.

Atentados contra varias mezquitas y restaurantes en Francia en una jornada donde el yihadismo se ha cobrado la vida de una policía municipal, manifestaciones y minutos de silencio en numerosas ciudades europeas por el atentado y aumento de la Islamofobia, especialmente en Alemania donde se vienen produciendo protestas contra los inmigrantes musulmanes, y un progresivo temor hacia esos veinte millones de musulmanes que están instalados en Europa. No deja de ser significativo que una encuesta realizada por la Fundación Bertelsman da cuenta de que el 57 % de los alemanes ven una amenaza en la religión de Mahoma, un 40% dice sentirse extranjeros en su propio país y un 24% vetaría cualquier tipo de inmigración de musulmanes en el país.

El atentado de París no ha hecho sino que aumente ese sentimiento que, aprovechado por el extremismo de Le Pen, está permitiendo convertir al Frente Nacional, en el gran partido de Francia, decisivo en las próximas elecciones, ante el hundimiento de los socialistas y los conservadores de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) que está siendo rescatado por Sarkozy.

El mismo día de la masacre de París, en el Yemen un atentado con coche bomba, terminaba con la vida de más de 30 personas y con numerosos heridos. Un atentado con la marca de Al Qaeda. El mismo terror pero más lejos, con víctimas que no conocemos, que no están identificadas y por las cuales el mundo, solo una pequeña parte del mundo, hará un ligero lamento. Pero es que el atentado de París, como el del 11 de Septiembre en Nueva York, o los de la estación de Atoche en Madrid o del Metro de Londres, han marcado la historia del terrorismo radical en una progresiva escalada, porque además, las víctimas son cercanas y sobre todo porque en ellas vemos símbolos de lo que está en juego en esta guerra: la libertad. No la “nuestra”, sino la de muchos millones que la aprecian, sin tener en cuenta las creencias, las razas o las fronteras.

El ataque del miércoles en París ha sido excepcional. Ha sido dirigido contra de la libertad de expresión, contra un elemento vital de nuestra democracia, contra unos periodistas que sin miedos han querido ejercer su libertad de expresión, su libertad de crítica, en el país de las libertades y de la Enciclopedia. Los asesinados Charb, Cabu, Wolinski y Tignous se han convertido en un símbolo. Quizás no les gustará esta descripción poco laica, pero se han convertido en mártires de principios que nos diferencian a nosotros, gente de la cultura occidental, de ellos – extremistas musulmanes – que odian nuestra cultura y que quieren terminar con ella.

La redacción de Charlie Hebdo es un representante específico de esa cultura, que a veces hace uso de esa libertad de expresión de una manera radical, exagerada, con la que muchos están en desacuerdo, pero que hay que aceptar a pesar de la burla, del buen gusto o de la sátira exagerada, que en este caso, ha provocado una masacre como venganza por lo que los radicales consideran una blasfemia.

Desde un lado y otro del Atlántico dos importantes periódicos (Financial Times y The Washinton Post) que, en ocasiones, han criticado la oportunidad y el tono que ha venido empleando Charlie Hebdo en sus portadas y en sus historias, no tienen reparos en reconocer los valores que se defienden. “En cualquier sociedad democrática,- editorializa Financial Times – siempre debería haber espacio para un debate civilizado sobre gusto y decoro cuando se trata de burlarse de cualquier fe religiosa. Pero lo que no se puede cuestionar es el derecho fundamental de todos los ciudadanos a expresarse libremente dentro de la ley. En una época marcada por el crecimiento de las creencias religiosas y una politización de la fe cada vez mayor, toda religión debe estar abierta a la opinión, el análisis y la sátira. Una prensa libre no tiene ningún valor si sus profesionales no se sienten con la libertad de poder hablar”.

“En el pasado – escribe The Washington Pos – pusimos objeciones a las expresiones que parecían provocar u ofender gratuitamente a los musulmanes sobre todo en naciones como Francia donde una gran población musulmana padece discriminación crónica, y es atacada por la demagogia de partidos políticos populistas, pero tales críticas no justifican la censura y menos la violencia. Charlie Hebdo, que en su día publicó un chiste del papa dando la comunión con un condón, no atacaba sólo al Islam. Y lo que es más importante: su persistencia ante las amenazas equivalía a una defensa de la libertad de expresión en nombre de todos los medios, incluidos los que, como la Yale University Press, han practicado la autocensura en vez de publicar viñetas antimusulmanas”.

3 comentarios
  1. viajeroA3 says:

    Nos están poniendo bombas en nuestra casa, nos están matando pero, a juicio del señor Oneto, lo peligroso es el aumento de la islamofobia, es decir del rechazo a una gente a la que NADIE ha llamado, que han venido supuestamente a ser como nosotros y disfrutar de nuestro mundo y, en su lugar, quieren convertirlo en SU mundo y a que nosotros seamos como ellos.
    Como en Europa no nos desprendamos de nuestros complejos, terminaremos rezando mirando a la Meca.

  2. Chesmaloli says:

    Cuando el Islam Oficial demuestre que lucha contra sus extremistas asesinos dejará de crecer la supuesta islamofobia.
    Lo demás es cesión y cobardía.

  3. Gozaimasu says:

    El atentado de Atocha no fue islamista. ¿ Que necesidad había de destruir las pruebas de un ATENTADO ISLAMISTA, en este caso los CUATRO TRENES en los que se perpetró la masacre? ¿ Por que no dejaron investigar lo que de “islamista” tenía ese atentado?

    Quien lo hizo y lo ocultó fue gentuza de aquí y harían bien LOS PERIDISTAS en no colar información falsa a los posibles lectores.

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