Je suis Charlie

El atentado en París contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, que hasta ahora ha producido una docena de muertos y numerosos heridos que se debaten entre la vida y la muerte, ha provocado una ola de indignación y de miedo en toda Europa, donde se está viviendo estos días una especial movilización antimusulmana, con preocupantes manifestaciones masivas en Alemania, especialmente en Dresde, en la antigua RDA (República Democrática Alemana), así como en Francia.

Si los radicales musulmanes que han atacado con armas automáticas a los humoristas, caricaturistas y periodistas que hacían el semanario francés (una especie de El Jueves o Mongolia, en España) querían vengar la memoria de Mahoma o Alá, supuestamente mancillada en sátiras políticas o religiosas y en caricaturas publicadas a lo largo de estos años, especialmente en 2006, cuando reprodujeron otras que había sacado a la luz en 2005 una revista danesa Jyllands-Posten, algo que provocó una oleada de violencia antidanesa en varios países musulmanes, que costaron la vida a 50 personas, han conseguido un efecto contrario, un efecto multiplicador. Millones de publicaciones han vuelto a reproducir lo que para esos sectarios era impublicable. Porque impublicable es para ellos representar a Mahoma con un turbante del que salía la mecha de una bomba, poner en boca del Profeta la desesperada petición a los terroristas de que no se inmolasen, porque ya no quedaban más vírgenes en el paraíso, o como en el último numero que salía a la calle, parodiar al Ramadán con motivo de la publicación del libro de Michel Houellebecq ”Sumision”.

El libro de Houllebecq, todo un éxito editorial aún antes de distribuirse, cuenta como política ficción, el triunfo en 2022 del candidato a las presidenciales de la “Fraternidad Musulmana”, gracias al respaldo de las tradicionales formaciones de Gobierno, el Partido Socialista (PS) y la conservadora UMP, para impedir el acceso al poder de Le Pen, con el argumento de la defensa de la construcción europea. La “Fraternidad Musulmana”, cuya victoria en las elecciones presidenciales lleva a su líder, Mohamed Bin Abbas al poder, pone en marcha un proceso de transición al Islam en Francia, que comienza con cambiar el nombre de la Sorbona, para que sea la Universidad Islámica, que se convertirá en el foco del Islam en todo el Mediterráneo.

La campaña alarmista del autor de la novela contra la supuesta amenaza del Islam para Francia, no representa ninguna novedad, puesto que Houellebecq es conocido por su postura racista contra el islamismo y sus seguidores, y es desde esta posición desde la que alerta a los franceses sobre la grave pesadilla a la que tendrán que enfrentarse para evitar un trágico futuro en el que reinarían las tensiones sectoriales, que pondrían al país vecino al borde de la guerra civil.

Es en este ambiente en el que la lucha por la laicidad y las referencias a la República se encuentran en retroceso, frente al avance del Islam, es precisamente en ese clima, en el que se ha producido la masacre de este miércoles, contra un semanario que siempre ha utilizado la sátira, dura, ácida, provocadora, y sobre todo irreverente, contra todos los poderes, contra todas las religiones, contra todos los símbolos, utilizando la legítima libertad de expresión y un humor corrosivo.

Charlie Hebdo se ha reído de todo, de la izquierda y de la derecha, de los judíos, de los negros, de los musulmanes, y hasta del Papa y la Virgen María. A veces pone a prueba nuestro propio asombro, pero la sátira y ese tipo de humor están hechos precisamente para probar nuestros límites. Hoy el mundo asiste horrorizado al desarrollo de esta masacre que es el debate entre civilización y Medievo. Mañana seguirá el horror, pero habrá muchos Charlie Hebdo que olvidarán el miedo y continuarán ejerciendo la libertad de expresión, la sátira, la burla y el humor, como máxima manifestación del talento… “Je suis Charlie”.

2 comentarios
  1. viajeroA3 says:

    Señor Oneto, a la vista está que ell libro de Houellebecq no es, en absoluto, una exageración.
    ¡Ah! y no confunda usted racismo con ideología. No se rechaza a la persona de raza árabe o marroquí, se rechaza al fanático de la ideología islamista. Algunos, incluso, son europeos rubios.
    Si tenemos ésto claro quizá seamos capaces de arreglar el problema.

  2. chaban says:

    Señor Oneto,
    La corrección política está petrificando la reflexión. Si algo tenía Charlie Hebdo era, hasta cierto punto, la ausencia de corrección política.
    El Islam, como cultura, modo de pensar e inspirador de modos de vida, es poco compatible con el pensamiento occidental plasmado de forma un poco simplista, pero auténtica, en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa.
    El respeto al pensamiento libre, a la ideas diferentes que respetan a su vez otras ideas diferentes, no es muy compatible con la sharia más o menos diluida.
    Pero en este Occidente decadente de hoy hemos de ser, para ser progre, políticamente correctos. Y “aullar con los lobos”, sin salirse un ápice de la demagogia reinante.
    Necesitamos, y usted el primero, un poco de aire fresco.

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