Un curso político en el que puede cambiar todo

Con el discurso de la Pascua Militar que tiene que pronunciar este martes el nuevo Jefe del Estado, el rey Felipe VI, ante la cúpula de las Fuerzas Armadas españolas, se inicia de hecho, oficialmente, el nuevo curso político que se cerrará a finales de noviembre con la toma de posesión del Gobierno que salga de las elecciones generales, o a mediados del mes de enero si el Presidente del Gobierno decide prorrogar la convocatoria electoral y quiere agotar el plazo de los sesenta días que establece el artículo 68 de la Constitución para la nueva convocatoria electoral, desde la formación del anterior Gobierno.

Como se recordará la pasada Pascua Militar fue uno de los ultimo actos públicos del rey Juan Carlos, un acto lleno de tensión ante la falta de coherencia del discurso real que produjo todo tipo de alarmas y que, según algunos observadores, fue lo que sirvió al Rey para plantearse la necesidad de una abdicación, acto que se produjo después de las elecciones europeas del mes de mayo.

En esta ocasión, el discurso Real transcurrirá con la máxima normalidad, sin sobresaltaos, aunque a nadie se le oculta que se intentará transmitir a las Fuerzas Armadas la mayor tranquilidad posible ante la evolución de los acontecimientos en Cataluña, y ante el seudo referéndum que se celebró el pasado 9 de Noviembre que provocó, dentro del Ejercito la misma preocupación, o más, que en el resto de los estamentos de la sociedad civil y en los partidos políticos.

La pasividad del Gobierno ante determinadas actuaciones de la Generalitat y de su presidente, Artur Mas, han provocado en algunos momentos, un notable malestar dentro de las Fuerzas Armadas que no ha trascendido públicamente, pero que ha llegado a preocupar a los más altos mandos militares, como ocurrió días después del seudo referéndum independentista del 9 de Noviembre, celebrado en contra del criterio del Tribunal Constitucional, y en un contexto en el que el general Jaime Domínguez Boj, el máximo responsable del Ejército de Tierra español, confesó sobre la situación en Catalunya, que “a todos nos duele España” y destacó que, históricamente, este tipo de procesos independentistas surge “cuando el poder central es débil”.

Con el acto de la Pascua Militar no solamente se abre un nuevo curso político, sino también un nuevo año que, probablemente será uno de los más decisivos de los últimos que ha vivido el país, por su marcado carácter electoral, por las consecuencias que esas elecciones tendrán en el futuro inmediato del país, ya que todos los datos indican que estamos ante la desaparición del bipartidismo, el sistema sobre el que se ha desarrollado la estabilidad política del país durante los últimos treinta y siete años, y por la aparición de una nueva clase política que responde al espíritu de renovación generacional que se inició, a mediados del año pasado, con la abdicación del rey Juan Carlos I y la subida al trono de su hijo Felipe VI.

De hecho, en las próximas semanas se inicia la cuenta atrás de las elecciones municipales y autonómicas del 12 de mayo, en todas las Comunidades, excepto Galicia, Euskadi, Cataluña y Andalucía, después de las cuales se celebrarán las elecciones generales, las primeras que se celebran en el país con las dudas de que, roto el esquema del bipartidismo cualquier solución es posible. Desde una gran coalición entre los dos grandes partidos que se ha alternado en el poder hasta ahora (PSOE-PP), hasta un Gobierno formado por socialistas y Podemos. Como ha ocurrido en los últimos años, y rotos la mayoría de los vínculos con los nacionalismos vascos y catalán, tiene menos capacidad de pacto el PP que el PSOE, aunque también tiene más posibilidades el PP de capitalizar el voto del miedo, en una campaña electoral radicalizada, como la que se prevé.