Mensaje Real: Un claro alegato contra la corrupción

“Regenerar la vida política, recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, garantizar nuestro Estado del bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad son nuestros grandes retos”. Estos son los principales mensajes que el rey Felipe VI, en su primer discurso navideño ha querido incidir en lo que las encuestas vienen insistiendo en lo que son los principales problemas del país.

El paro y la corrupción son los problemas principales de España para la mayoría de los ciudadanos, según todos los estudios de opinión, pero no se ha quedado ahí sino que ha querido insistir en la lacra de la corrupción, en el desprestigio de las instituciones, en la precariedad económica, en la garantía del Estado de bienestar, muy deteriorado por la crisis y en “los inaceptables” índices de paro. Especial atención ha dedicado a su cariñosa preocupación por Cataluña. El Monarca también ha expresado su preocupación por que la actual situación en Cataluña pueda “producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos” y, ha sostenido, que la fortaleza de España es “la suma de nuestras diferencias”.

El Rey ha reclamado especialmente a la clase política que haga un “esfuerzo leal y sincero” para que Cataluña y España se reencuentren “en lo que nunca deberíamos perder: “Los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos” y se ha referido a la Constitución de 1978 que, según él, sigue mereciendo todo el respeto, aunque en lo que muchos han querido ver un atisbo de reforma constitucional ha animado a “seguir construyendo juntos un proyecto” que respete la pluralidad y “genere ilusión”.

Desde hace tres años cuando, por primera vez, el entonces rey Juan Carlos, hoy rey emérito, en el inicio del Caso Nóos, Navidad de 2011, afirmaba, tajantemente, refiriéndose a su yerno y a la corrupción que “vivimos en un Estado de Derecho y que cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley”. El problema de la corrupción ha estado presente en todos los mensajes de Nochebuena. En 2011, añadía: “La justicia es igual para todos”. Se refería a su yerno, al marido de su hija menor, aunque nunca pudo pensar que el agua llegaría hasta las habitaciones de Palacio, donde se refugiaba la infanta Cristina.

A partir de entonces, de una u otra forma, el conflicto creado por los Duques de Palma ha estado presente en todos los discursos de Nochebuena y, sorprendentemente, no lo ha vuelto a estar este año a pesar de la decisión del Juez Castro de sentar en el banquillo de los acusados a la hermana del Rey confirmando la acusación a la infanta Cristina por considerar que es cooperadora necesaria en los delitos fiscales cometidos por su marido, Iñaki Urdangarin, en los años 2007 y 2008. Además, el escrito fija una fianza de 2,69 millones de euros de responsabilidad pecuniaria para doña Cristina.

Aunque, desde el estallido del escándalo, tanto el Rey como su hijo han intentado primero una separación de la pareja y, posteriormente, una renuncia de ella a los derechos de sucesión a la Corona (unos derechos puramente simbólicos porque la Infanta ocupa el sexto lugar en la sucesión al Trono) no lo han conseguido por influencia directa de Urdangarin y porque hubiera sido el reconocimiento de un delito, algo a lo que ella se niega.

Al final, y a la vista de las reacciones de todos los partidos políticos, desde “Podemos” hasta Izquierda Unida, ha quedado claro que, en efecto, con toda la campaña que han llevado a cabo contra el Juez Castro, se ha demostrado que hay igualdad de derechos ante la ley y que el Duque de Palma, para el que se piden más de nueve años de prisión, entrará en la cárcel. La realidad es que, desde que estalló el escándalo, los jóvenes Reyes han puesto un cortafuego con el matrimonio Urdangarin, los han excluido de la Familia Real y prácticamente han roto relaciones, por muy duro que sea un alejamiento familiar entre una hermana y un cuñado con el que siempre han mantenido buenas relaciones.

El mensaje de esta noche tenía un significado especial porque, entre otras razones, el día en que comenzó su reinado Felipe VI se comprometió a «velar por la dignidad» de la Corona, «preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente», porque «sólo de esa manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones». Así lo afirmó en el discurso de su proclamación ante las Cortes y así lo ha vuelto a recordar esta Nochebuena, al hacer un discurso ejemplar contra la corrupción, a favor de la regeneración democrática y a favor de la ejemplaridad de los políticos.