Pedro Sánchez y el “síndrome de la coleta”

Dicen que este martes el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha roto con la etapa de su antecesor Rodríguez Zapatero. Dicen que Pedro Sánchez lo que quiere es blindar una serie de sectores para que el “estado de bienestar” no se vea afectado por sucesivas medidas económicas que lo conviertan en una simple utopía. Dicen que, simplemente, lo que pretende es corregir un error de su partido de hace tres años, que terminó, incluso, con las posibilidades electorales de Pérez Rubalcaba. Dicen que no, que lo que ocurre es que Sánchez, pendiente de “Podemos” está profundamente afectado por el “síndrome de la coleta” y que, muchas de sus decisiones, están condicionadas por ese “síndrome”.

Sea cual sea la interpretación de lo que dicen, la realidad es que su decisión de votar en el Parlamento este martes, junto con su grupo a favor de una propuesta de Izquierda Unida Plural y el Grupo Mixto, para modificar la reforma de la Constitución de 2011, llevada a cabo a propuesta de Zapatero, tras alcanzar un acuerdo con Mariano Rajoy, es toda una rectificación política que ha provocado malestar en el antiguo Presidente del Gobierno socialista, sorpresa en quienes hace tres años se vieron obligados a votar una reforma en la que no creían y, desconcierto en parte de la ciudadanía que nunca aceptó que se hiciera una reforma exprés de la Constitución sin contar con ellos y huyendo del referéndum, como establece la propia Carta Magna.

Hay que recordar que en agosto de 2011, en plena tensión de los mercados, y preocupación en el Fondo Monetario Internacional y en Washington por un inminente rescate de la economía española, (llegaron a llamar a la Moncloa el Presidente norteamericano Obama y el primer ministro chino), Rodríguez Zapatero suspendía sus vacaciones en Doñana, para abordar de forma urgente y precipitada, lo que parecía una petición urgente del Banco Central Europeo para que el BCE, y el recién creado Fondo de Rescate, pudiese comprar deuda española y aliviase la presión sobre las finanzas españolas: la reforma de la Constitución para consagrar la Estabilidad Presupuestaria e incluir en ella, con la reforma del artículo 135, un techo de gasto, un límite en el déficit público y el compromiso de que el pago de la Deuda es absolutamente prioritario

La reforma constitucional se hizo en pleno mes de agosto, convocadas ya las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, sin un referéndum previo, con el acuerdo de los dos grandes partidos, y sin consenso con el resto de las fuerzas parlamentarias. Sólo Rosa Díez y su partido, Unión Progreso y Democracia (UPyD) impulsaron una campaña para conseguir que el día de la votación de las generales, se pusiese una tercera urna para que los ciudadanos decidiesen sobre una reforma de la Constitución, que habían pactado por su cuenta y riesgo, Rajoy y Zapatero.

Una chapuza política que igualaba a los que estaban en el poder y a los que querían heredarles, y un atropello democrático, hecho según decía entonces Rosa Díaz, sin transparencia, sin consulta pública y sin esa tercera urna, que le hubiera dado la validez democrática, por parte de la ciudadanía, que necesitaba esa primera reforma importante que se hacía de la Constitución.

Realizada la reforma se supo que el Banco Central Europeo (BCE) no exigió al Gobierno Zapatero esa reforma constitucional para calmar a los mercados de deuda, según el Defensor del Pueblo Europeo, Nikiforos Diamandouros. Diamandouros investigó el caso tras la solicitud de un abogado español, a quien el BCE denegó el acceso a la carta remitida por la institución, presidida entonces por Jean-Claude Trichet, a Zapatero en agosto de 2012. Las pesquisas ante la institución indican que la carta confidencial se envió y que expresaba “la preocupación del BCE sobre la situación extremadamente difícil de la economía española y la necesidad de tomar medidas rápidas”. En ella, sin embargo, el Banco Central “no sugería cambios en la Constitución española”.

Ahora lo que se propone es una “reforma de la reforma”, cuando ha sido precisamente “Podemos” el partido que ha abierto el debate de si la Deuda hay que pagarla o no, si no hay que hacer una auditoría previa, o si hay que empezar por hacer una quita previa… Es lo que ha provocado el llamado “síndrome de la coleta”.