La España del pequeño Nicolás

Este domingo a las 0:29 de la madrugada el hastag #UTNHablaNicolas fue trending tropic mundial en Twitter. En Tele 5, en el nuevo programa de debate político “Un Tiempo Nuevo”, que pretende competir con el de similares características de la Sexta Noche, comparecía el “pequeño Nicolás”, ese misterioso personaje con carita de angelito de Murillo, labios rojos pasión, gran inteligencia emocional y buena expresión, que con veinte años de edad, sostiene que ha venido trabajando para la Vicepresidencia del Gobierno, para el Palacio de la Zarzuela, para La Moncloa, y para el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

El pequeño Nicolás, de apellidos Gómez Iglesias, apellidos que coinciden con los del capitán de la Guardia Civil Vicente Gómez Iglesias, adscrito al antiguo CESID (Centro Superior de Información para la Defensa), personaje que participó en el golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, contaba con toda tranquilidad, sin inmutarse, ante unos asombrados periodistas, que había participado en misiones tan delicadas como la operación para desactivar la independencia de Cataluña, de cara al referéndum del 9 de noviembre; salvar a la hermana del Rey, la Infanta Cristina de Borbón, de sentarse en el banquillo de los acusados junto con su esposo Iñaki Urdangarin, para el bien de la Monarquía española, e iniciar contactos con el ex ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, para que pudiese llegar a España el petróleo que le sobra a Guinea Ecuatorial, antigua colonia española.

Como puede comprobarse, todas misiones fáciles de llevar a cabo por cualquiera, especialmente por un chaval de veinte años, que estudia Ciencias Económicas en el exclusivo CUNED (Colegio Universitario de estudios financieros), que milita en las Jóvenes Generaciones del Partido Popular, que tiene fotos con medio Gobierno y medio partido, que llama José al expresidente Aznar, a quien dice le ha cantado las cuarenta, que tiene una extraña relación con el secretario de estado de Comercio, Jaime García Legaz (nada sexual, ha aclarado el pequeño Nicolás) y, que se hacía pasar por sobrino de Arturo Fernández, a petición del aún presidente de los empresarios madrileños. Es decir el personaje ideal para cualquier misión secreta, o simplemente delicada, relacionada con la defensa del Estado, y de sus intereses.

Escondido durante 38 días, después de una espectacular detención en el centro de Madrid por funcionarios de la Brigada de Interior de la Policía Nacional, la comparecencia televisiva en la noche del sábado del pequeño Nicolás en televisión en horario de “prime time”, ha provocado una auténtica conmoción nacional y una cierta alarma social, especialmente entre quienes ven posible que el relato de quien parece afectado por la enfermedad de la megalomanía, pueda responder a la realidad y haya podido tener acceso a información sensible, y trato familiar con altas personalidades del Régimen.

Es verdad que en este país han pasado cosas tan sorprendentes en estos últimos meses, que ya son muy pocos los acontecimientos que puedan llamar la atención de la ciudadanía. Casos de corrupción que no pueden entenderse sin la participación de importantes personajes como Presidentes de Autonomías, que han tenido que ingresar en prisión, cantantes que son mitos populares que han blanqueado dinero robado del Ayuntamiento de Marbella, sindicalistas que se han llevado dinero por hacer expedientes de regulación de empleo (EREs), empresarios que se han repartido los fondos de los cursos de formación destinados a terminar con el paro… Es la España de Nicolás, en la que todo parece posible.

Pero, afortunadamente, ese no es el verdadero país. Y, en ese verdadero país, donde cualquiera no puede ser asesor de la Vicepresidencia del Gobierno, ni trabajar para los servicios de inteligencia, ni La Moncloa resuelve el problema catalán acudiendo a cualquiera que se ofrezca, no cuadra, el relato fantasioso del pequeño Nicolás, que de todas formas, necesita de una explicación oficial, mucho más amplia de la que se ha dado. Especialmente del papel del secretario de estado de Comercio García Legaz, del empresario Arturo Fernández, y del ex secretario de las infantas García Revenga, un turbio personaje que tuvo mucho que ver con el escándalo Nóos y el papel de Iñaki Urdangarin.