De la foto de la tortilla a la foto del abrazo

Pablo Iglesias, el nuevo secretario general de Podemos, el partido que con apenas nueve meses de vida, se ha convertido en la tercera fuerza política del país, y que quiere llegar a la Moncloa en las elecciones generales de noviembre del año que viene, pretende iniciar un proceso político “para abrir el candado de 1978″ , o lo que es lo mismo, terminar con esa periodo de la historia de España, que se ha bautizado como la “transición” y que permitió, hace cerca de medio siglo, realizar el tránsito de la dictadura a la democracia.

Ese proceso de “abrir el candado” como si el sistema político actual estuviese secuestrado , parece ser el motor de la actuación de Podemos que achaca al actual Régimen de la transición todos los males que aqueja a un sistema que ha hecho crack por un bipartidismo que está a punto de desaparecer, y por una crisis económica que ha convertido al país en una gigantesca olla a presión, en la que se mezclan la corrupción, la injusticia, la desigualdad, el aumento de la pobreza, el paro, los desahucios, el despilfarro, la ausencia de reformas y sobre todo una gran frustración colectiva.

Abierto el candado de 1978, Podemos pretende iniciar un periodo constituyente en el que se pueda discutir de todo, en el que se pueda plantear todo y en el que se puedan poner las bases de un nuevo Régimen que no ha sido definido, para el que todavía, no hay un programa concreto, pero del que necesariamente emergerá una sociedad más justa y más feliz.

En una mezcla en color sepia, que recordaba aquellas asambleas de Facultad de finales del franquismo, y con los mismos eslogan y canciones de aquella época (Mercedes Sosa, José Antonio Labordeta, Luis Llach…), e incluso con los mismos gritos de aquella revolución de los claveles de Portugal (“el pueblo unido, jamás será vencido”), Podemos se ha convertido, a los nueve meses de nacer como movimiento espontáneo nacido al calor del 15M , en un partido clásico tradicional. Tan tradicional que cuenta con un secretario general (Pablo Iglesias) y una dirección centralizada integrada en un Consejo Ciudadano compuesto por 62 personas, todas ellas del sector oficial de Pablo Iglesias, ya que el único contrincante que se presentó a las elecciones por Internet, Pablo Echenique, decidió retirarse en desacuerdo con un modelo que, según él, no representa a las distintas tendencias del movimiento.

De esta forma, los militantes de Podemos han entregado todo el poder a Pablo Iglesias y a su núcleo duro, el grupo de profesores de la Facultad de Políticas de la Universidad Compoutense de Madrid, (Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Luis Alegre, Carolina Bescansa…) que le ha acompañado en la aventura política de montar un partido político de la nada, y sobre todo, ilusionar a amplias capas de la población, de que es posible cambiar las cosas a la vista de los escándalos diarios de corrupción y de la falta de reacción de los partidos políticos tradicionales.

Con toda la perspectiva que da el tiempo, ese grupo formado en torno a Pablo Iglesias, como líder, que aparece abrazado en todas las fotos de los periódicos de este fin de semana, recuerda bastante a aquella otra, de otro grupo de jóvenes, tambien universitarios, que se hicieron con el control de un partido socialista en Suresnes y que supieron ilusionar a todo un país hasta el punto de ganar unas elecciones, después de contribuir decisivamente al éxito de la transición. Aquella, la de hace cuarenta años era la famosa foto de la tortilla tomada por el que fuese alcalde de Sevilla Manolo del Valle (“Para que la revolución estalle, Manolo del Valle” gritaban jocosos aquellos jóvenes) con la cámara del redactor de El Pais, Pablo Julia.

Formaban parte de la foto de la tortilla Felipe González, Alfonso Guerra (expresidente y exvicepresidente del Gobierno, respectivamente), Manuel Chaves (presidente de la Junta de Andalucía), Carmen Hermosín (consejera de Justicia y Administración Pública) y su esposo Luis Yáñez (diputado y candidato a la Alcaldía de Sevilla), Isabel Pozuelo (diputada), Juan Antonio Barragán, Josele Amores, Carmen Romero (esposa de Felipe y diputada), Carmen Reina (compañera de Alfonso Guerra) y Antonia Iborra (esposa de Manuel Chaves). Hoy día los nombres de aquellos jóvenes universitarios podrían ser perfectamente intercambiables. La diferencia es que la mayoría son ya profesores y creen en la utopía.