Rajoy: una comparecencia tardía e inútil

Después de tres días de silencio y de confusión en los que ni los militantes del Partido Popular sabían a qué atenerse, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha comparecido este miércoles ante la opinión pública, para valorar el proceso participativo del pasado domingo 9 de noviembre en Cataluña, sin aportar nada nuevo, y sobre todo, sin explicar por qué recurrió ante el Constitucional el llamado sucedáneo de referéndum, si no tenía la menor intención de impedirlo, de acuerdo con una sentencia que lo declaró ilegal.

Ante la presión de los medios, el malestar de muchos sectores de su partido, la querella presentada por Vox ante el Tribunal Supremo acusando a Rajoy de “dejación de funciones” al “permanecer inmóvil ante la permanente comisión de delitos por parte del Presidente de la Generalitat” y el comunicado de quienes se agrupan en torno a “Libres e Iguales”, grupo del que forma parte, desde la diputada popular Cayetana Alvarez de Toledo, íntimamente ligada a FAES y a José María Aznar, y el Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, en el que se recuerda que “el incumplimiento de la ley y el desistimiento, abren una crisis política de una envergadura desconocida desde la aprobación de la Constitución y un foso de profunda desafección ciudadana” que, a juicio de Libres e Iguales, descalifica al Gobierno del presidente Rajoy para seguir cumpliendo su mandato constitucional”, ante toda esa ofensiva, como digo, el Presidente del Gobierno decidía comparecer, sin esperar como tenía pensado, al domingo, aprovechando una conferencia de prensa en Australia, con ocasión de su presencia en la Cumbre del G-20.

Al final, la tardía comparecencia, ha servido de poco. Ni ha aclarado por qué se ha negado a comparecer hasta 72 horas después de la consulta, ni ha explicado que es lo que hizo el Gobierno para hacer cumplir la sentencia del Constitucional, y sobre todo, por qué recurrió el sucedáneo de referéndum, o el referéndum de juguete del domingo, si no tenía la menor intención en que se cumpliera lo que había decidido el Constitucional. En resumen: una comparecencia en la que no ha habido nada nuevo, sino la simple repetición de algo que se ha venido proclamando, hasta la saciedad desde hace meses, es decir que su Gobierno y su partido se “opondrán a cualquier reforma que liquide la soberanía constitucional”.

Y de la misma forma que ha reconocido que el referéndum inicialmente planteado por el Govern “no se ha producido”, ha cerrado la puerta a la posibilidad de llegar a un acuerdo para celebrar un referéndum de autodeterminación, como pretende Artur Mas: “Que nadie se lleve a engaño o malinterprete, si lo que se pretende es imponerme un referéndum de verdad o una consulta definitiva, que no puede ser”, porque “lo que era mi deber hace un año no ha cambiado”, y si ese referéndum “era ilegal hace un año, ahora también lo es”. La única salida que deja entreabierta es que, desde Cataluña, se proponga una reforma constitucional hacia la que él, personalmente, tiene las máximas reticencias.

Así pues, poco ha solucionado la tardía comparecencia de Rajoy, aunque todas las comparecencias presidenciales son normalmente tardías y forzadas por los acontecimientos, cuando ya estos han adquirido carácter de conflicto critico, hasta el punto de que estamos donde estábamos, con el agravante de la intervención de la Fiscalía contra el Presidente de la Generalitat y tres de sus consejeros, algo que fomentará, aún más, el tradicional victimismo del nacionalismo, según se encarga de destacar de forma unánime, toda la prensa internacional, dónde el conflicto catalán ocupa editoriales, análisis, crónicas y todo tipo de interpretaciones más o menos catastrofistas.

Corresponde a Rajoy, y a todos los miembros de su gobierno, – editorializa el periódico The Times, uno de los menos alarmistas de la situación- convencer a Cataluña de que sus intereses a largo plazo residen en una España unida. Primero, debe abordar el mayor resentimiento en Barcelona de que la región ofrece más al Gobierno central de su recaudación fiscal que cualquier otra y reciben menos a cambio. Los catalanes sienten que están siendo explotados, que son envidiados por su aparente prosperidad, pero en realidad están fuertemente endeudados. Algunas expectativas de Cataluña apuntan demasiado alto (el anterior monarca, el rey Juan Carlos, advirtió a la región frente a perseguir el tesoro al final del arcoíris), pero el resultado tiene que ser algún tipo de nuevo acuerdo de pacto fiscal con Madrid.