Corrupción: la sombra de la Tangentópolis

Hay un tweet que este martes ha arrasado en las redes sociales “El imputado de hoy ha caído bien repartido en varias provincias. Enhorabuena a los agraciados”. El texto, pertenece al humor negro, una de las pocas salidas que le queda a la ciudadanía, para enfrentarse con el escándalo diario de la corrupción. Escándalo que, en las últimas horas, se ha convertido en epidemia, una epidemia que recuerda la Tangentópolis italiana, de hace poco más de veinte años.

Esa Tangentópolis (de Tangente, comisión a cambio de favores), terminó con el sistema político italiano, que durante medio siglo sostuvo el bipartidismo formado por la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. La corrupción llegó a tal punto, que fueron los empresarios los que la denunciaron. Mejor, un pequeño empresario de Módena, Lucca Magni, que harto de pagar mordidas, denuncia al juez Di Pietro a su chantajista y perceptor de comisiones a cambio de obras, al socialista Mario Chiesa. Magni acepta llevar un micrófono oculto, Di Pietro detiene a Chiesa, Chiesa es abandonado por su partido el PSI (Partido Socialista Italiano), y al sentirse abandonado, cuenta todos los detalles de la gran trama de corrupción italiana en la que están socialistas y democristianos.

Empiezan a caer políticos que se sienten desprotegidos por sus partidos, y empresarios que pierden el miedo a denunciar a quienes han pagado para conseguir, sobre todo, obra pública, en Ayuntamientos y gobiernos regionales. El gran escándalo pasa de los Tribunales a los medios de comunicación que se suman a las denuncias, mientras miles de ciudadanos a las puertas de los Juzgados reciben a los implicados en los numerosos casos de corrupción que se destapan, con fajos de billetes falsificados, al grito de “¿También queréis estos…?”

Entre políticos y empresarios son procesadas 2.500 personas. Se suicidan una treintena de implicados, Di Pietro procesa al dirigente del PSI y primer ministro Bettino Craxi, y cae el Gobierno. Es la gran oportunidad de Silvio Berlusconi que gana las elecciones, al tiempo que se produce la desaparición de los dos grandes partidos que habían gobernado el país, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Bettino Craxi muere en Hammamet, Túnez, a los 65 años en el exilio, en el año 2000.

Estas últimas horas, con un partido socialista que ha tomado la bandera de la regeneración como símbolo, pero que todavía no ha asumido el escándalo de los EREs y de la Formación en Andalucía, y aún no le ha exigido la dimisión a Tomas Gómez por su responsabilidad en la designación de su delfín, José María Fraile, como Alcalde de Parla, detenido el lunes en la Operación Púnica, y un Partido Popular desolado y superado por los acontecimientos, a los que no sabe cómo hacer frente, la sombra de Tangentópolis se ha extendido por España, mientras una ola de indignación recorre el país de punta a punta.

Como será la situación que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha comparecido públicamente en el Senado para pedir perdón por los casos de corrupción de su partido y por haber confiado en personas que no se lo merecían. El pasado domingo en Murcia, al referirse indirectamente a la corrupción hablaba crípticamente de “algunos casos” en su partido, cuando por su cargo, debería estar informado de que estaba en marcha la “Operación Púnica”, en la que iban a participar 1.500 miembros de los servicios especiales de la Guardia Civil que se iban a producir medio centenar de detenciones, entre ellas la del Presidente de la Diputación de León, cinco Alcaldías y la de Francisco Granados, el ex secretario general del PP madrileño, además de que este martes declaraba en la Audiencia Nacional por la Caja B del partido, el que fue su secretario general Ángel Acebes, según denuncia del ex tesorero Luis Bárcenas.

Hasta cierto punto, la comparecencia presidencial ha sido dramática. “Pido perdón en nombre del PP a todos los españoles, – ha dicho en el Senado, antes de la sesión de control – por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos. Entiendo y comprendo la indignación de los ciudadanos”. Se ha referido a la redada anticorrupción del lunes y ha aclarado que no hay financiación irregular, sino que “responde a la codicia personal”, y ha defendido el trabajo de los cargos públicos. “Esos comportamientos extienden una sospecha generalizada, pero esa mancha ensucia injustamente la imagen y la reputación de la mayoría de las gentes de los partidos”, ha insistido. Finalmente ha pedido a los españoles que confíen en el Estado de Derecho, ya que los nuevos casos de corrupción se han desvelado porque la Justicia y las instituciones “funcionan”.