El descenso a los infiernos de RR

La última vez que le ví y pude hablar con él, fue a finales de enero del año pasado. Yo había dado una conferencia en el Club Siglo XXI sobre la transición española y los urgentes cambios que había que hacer en la Constitución, que en esa fecha cumplía 35 años, dentro de un ciclo organizado por Eduardo Zaplana, en el que participamos varios periodistas de aquella época, que tan de moda se ha puesto ahora, denostar.

Desde el primer momento, le vi cabizbajo, lejano, como si un rascacielos se la hubiese caído encima. La revista económica Bloomberg le acababa de declarar quinto peor CEO de 2012, al ser investigado por fraude, fijación de precios y malversación de fondos en relación a la caída y posterior rescate de Bankia. La revista argumentaba que Bankia había anunciado beneficios de 309 millones de euros en 2011, y que tras el abandono de Rato resultaron ser 3.000 millones de euros de pérdidas. Pero su apariencia de lejanía venía por varias querellas presentadas en la Audiencia Nacional, especialmente una presentada por UPyD.

Cambiamos impresiones sobre la situación política y la del Partido Popular del que había empezado a alejarse, me preguntó si me podía quedar a la cena-coloquio que habían organizado para después de la conferencia y la verdad es que no volvió a hablar con casi nadie. Estaba ya sicológicamente tocado, pero ha sido ahora cuando se le ha venido el mundo encima. Cuando su amigo y contrincante a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy le mandaba el recado de que era mejor que pidiese la suspensión de militancia temporal, para no tener que quemarse él, en un proceso que iba a desembocar en su expulsión del partido, algo en lo que estaban de acuerdo la mayoría de los barones.

La imputación por delitos graves en el caso Bankia, pero sobre todo, el uso de las tarjetas opacas, la relación de gastos que se habían efectuados con ese tipo de tarjetas, el hecho mismo de que esos ingresos extras, incluso los que provenían de las extracciones de efectivo de los cajeros, no se declarasen a Hacienda, por parte de ochenta representantes de la Caja, y de quien fue el primer vicepresidente económico de José María Aznar, habían provocado tal alarma social que había que tomar medidas, después de que el PSOE decidiese la expulsión del partido de 16 de los suyos, que habían utilizado las tarjetas negras.

Era el final de Rato, uno de los patas negras del partido, el hombre al que los populares consideraban el autor del “milagro económico aznarista” en plena burbuja inmobiliaria, el que pudo ser Presidente del Gobierno, pero al que Aznar tachó de la lista, cuando le contaron como los bancos salvaron a su familia de la quiebra cuando el patrimonio familiar lo manejaba su hermano Monchi Rato “Rodrigo no me ha contado la verdad” se limitó a decir José María Aznar a algunos de los suyos… Y asunto visto para sentencia. El sucesor, sería Mariano Rajoy.

Con Rajoy, fue propuesto gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), un cargo que luego se descubrió que estaba maldito. Maldito para Rato que, todavía, no ha explicado por qué se fue de un puesto de privilegio en la mayor crisis económica y financiera del siglo; maldito para Strauss Khan que tuvo que dimitir por conducta impropia, y maldito para Christine Lagarde, imputada por delitos de corrupción en Francia, y que hasta ahora, se ha negado a abandonar el cargo. Y también, maldita para Rato su vuelta a Madrid, el copo de numerosos consejos de Administración, el intento de fusionar Bankia con La Caixa para ocupar él la presidencia, el rescate bancario, la inyección de 23.000 millones de euros del FROBB para salvar Bankia, su cese forzado por su antiguo subordinado Luis de Guindos (el que decía que el dinero que Europa había dado para el rescate, era una bendición del cielo), los Tribunales, y desde hace tres semanas el gran escándalo de las tarjetas negras.

Su salida del PP es un paso más en su descenso a los infiernos, después de haber tenido todo, después de haber tocado el cielo con las manos, y después de haberse equivocado una y mil veces. Este miércoles tiene que depositar una fianza en la Audiencia Nacional de tres millones de euros por responsabilidades civiles por el caso “tarjetas”, aunque lo grave es la querella presentada por UPyD, y la investigación que acaba de abrir la Fiscalía Anticorrupción por el cobro de seis millones de euros del banco Lazard, el que se encargó de la salida a Bolsa de Bankia, y en el que estuvo de director gerente inversiones, antes de pasar a Caja Madrid.