De Suresnes a Vistalegre o del PSOE a Podemos

La casualidad ha hecho que dos acontecimientos políticos diversos hayan coincidido en el tiempo, aunque uno responda a la nostalgia y el otro a un fenómeno parecido a esa ilusión que, en su momento, generó el entusiasmo que también desencadenó el primero, en los años ochenta. El primero responde al cuarenta aniversario del Congreso Socialista de Suresnes (Francia), gracias al cual Felipe González descabalgó de la secretaría general del PSOE al histórico Rodolfo Llopis, y del que este fin de semana, se ha celebrado el acto conmemorativo con asistencia del secretario general de ahora, Pedro Sánchez, el de entonces, Felipe González, y el vicetodo, Alfonso Guerra.

Parecida ilusión de cambio que existía entonces, en plena salida del franquismo, parece haberse instalado en ese partido, Podemos, dirigido por un pequeño grupo de amigos universitarios (Monedero, Alegre, Errejón), y salvando las diferencias, similar al que rodeaba a Felipe González (Guerra, Chaves, Yañez), y parecido control de la organización tendrán esos nuevos jóvenes que han sabido conectar a estas alturas con parte de la sociedad española que cree que el bipartidismo ha muerto y que la crisis económica ha convertido al país en una gigantesca olla a presión, en la que se mezclan la corrupción, la injusticia, la desigualdad, el aumento de la pobreza, el paro, los desahucios, el despilfarro, la ausencia de reformas, y sobre todo una gran frustración.

Dicen fuera que Podemos está poniendo patas arriba la política española. Dicen que sus primeros éxitos electorales son tan impresionantes que España tan solo habla de un tema: Podemos. Ya sea en la prensa, en las tertulias, en el trabajo, en la panadería o en la barra del bar y que todo gira en torno a la nueva fuerza política y a su portavoz, Pablo Iglesias, profesor de Ciencias Políticas de 35 años que en las elecciones europeas obtuvo 1,2 millones de votos (el 8 por ciento), y con ello cinco diputados, y que en las encuestas el movimiento se encuentra a la par con el Partido Socialista.

Y añaden que en tiempos de crisis y recortes sociales, con seis millones de parados y cientos de miles de viviendas desahuciadas, sus ideas son populares. Más de 130.000 personas de todas las edades y estratos sociales se han sumado a Podemos en la red. Más de novecientas reuniones de bases abiertas se reúnen semana tras semana en plazas y parques.

Ahora, este movimiento que tiene apenas siete meses deberá convertirse en un partido con un nuevo estilo, si quiere seguir creciendo, deberá estar lo bastante bien organizado como para poder funcionar, manteniéndose al mismo tiempo lo suficientemente flexible como para seguir cercano a las bases, sin que copen puestos muchos infiltrados y no tomen el poder grupos ahora descontentos y que quieren que el partido gire más a la izquierda y no hacia la centralidad para competir con el partido socialista.

El Congreso cuyas proposiciones serán votadas toda esta semana por Internet supone un reto para una organización que ha nacido en la calle, que ha sido organizada por un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Politicas de la Universidad Complutense que han trabajado para los países Alba (Venezuela, Bolivia, Ecuador) a redactar sus nuevas constituciones populistas y que en estos momentos, según todas las encuestas, constituye la tercera fuerza política nacional, con especial fuerza en Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y Extremadura, con todo lo que eso significa en las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo.

Aunque oficialmente han intentado, especialmente en la prensa, ocultar las tensiones entre los partidarios de una dirección colegiada de tres portavoces, tesis defendida por el eurodiputado Echenique y la dirección única a la que se agarra Pablo Iglesias y su entorno, la pelea duró toda la jornada de domingo con un ultimátum de Iglesias, el que pierda se retira y deja el campo libre a los ganadores. En el fondo, es la pelea entre los partidarios entre los que quieren que el poder lo tengan los círculos o esté centralizado. El debate y las votaciones están servidos.