El escándalo de las tarjetas de Caja Madrid, es solo la punta del iceberg

Cuando parecía que habíamos cubierto toda nuestra capacidad de asombro, nos enteramos de que la Fiscalía Anticorrupción ha pedido al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, que investigue a 86 consejeros y directivos de Caja Madrid, que cargaron en sus tarjetas de empresa gastos privados, como estancias en hoteles, viajes, compras en supermercados y grandes superficies, almuerzos en restaurantes de lujo, e incluso retirada de dinero en efectivo, por valor de 15,2 millones de euros, en el periodo comprendido entre 2003 y 2012. Las investigaciones judiciales, serán por malversaciones y posibles delitos societarios.

El caso parte de sendas auditorías internas del banco en la etapa ya presidida por José Ignacio Goirigolzarri, que puso los hechos en conocimiento del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), como titular último de su capital social, tras el rescate realizado hace dos años y medio. Fue precisamente este organismo, dependiente del Ministerio de Economía, el que mandó luego toda la información a la Fiscalía Anticorrupción para que abriera una investigación adecuada. De hecho, y más allá del carácter ilícito o no de su actuación -por vía administrativa ya se les ha reclamado el reintegro de los fondos, de los cuales se han recuperado poco mÁs de 200.000 euros,- el FROB cree que los beneficiarios de las tarjetas no han declarado esas sumas a Hacienda dado que “no consta información de las mismas en sus declaraciones de la renta”.

Entre los gastos realizados por los exconsejeros y exdirectivos de Caja Madrid con estas “tarjetas opacas”, fuera del circuito, destacan 3 millones de euros en restaurantes, 2 millones en disposiciones de efectivo, más de 1,5 millones en desplazamientos y viajes, más de 1 millón en grandes superficies, cerca de 800.000 euros en hoteles y unos 700.000 euros en ropa y complementos.

Entre esos beneficiarios se encuentran consejeros de la entidad, representantes de partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales, que tenían todos tarjetas Bussines Oro y Plata, algunos de los cuales, sobrepasaron los 300.000 euros de gastos, como el propio Miguel Blesa, el representante de Izquierda Unida Moral Santin, el representante del PP, Ricardo Romero de Tejada, o el vocal socialista Antonio Romero. Ha sido gracias a la querella presentada por UPyD, Unión Progreso y Democracia, cuando se ha empezado a investigar el escándalo de Caja Madrid, silenciado por todos los partidos políticos.

Este verano, el Banco de España hacía público el primer balance oficial del rescate de la banca, y sobre todo de las Cajas de Ahorros y los resultados reflejaron un auténtico escándalo, sin que en ningún momento, ningún grupo político pidiese en el Parlamento ninguna explicación de lo que ha pasado y de cómo es posible que algo que, según el Presidente del Gobierno, iba a pagar la Banca, porque era un crédito en unas condiciones privilegiadas, haya tenido que ser pagado, al final, por todos los ciudadanos.

Según los datos oficiales, desde que comenzaron las primeras intervenciones bancarias, hace cinco años, se ha metido en los bancos en crisis y en las Cajas de Ahorros, un total de 61.495 millones de euros, y lo recuperado hasta ahora, se eleva a 2.500 millones de euros, un cuatro por ciento del total. Por lo visto, una operación brillante, si se le hace caso a lo que decía el ex secretario de estado de Economía Fernando Jiménez Latorre que, sin inmutarse, calificaba de “positiva” la última operación del FROB, la venta de Catalunya Banc al BBVA, por mil millones de euros, después de que el estado enterrase en la Caja catalana que presidía el socialista Narci Serra, 12 mil millones de euros, una cantidad astronómica, que tendrán que pagar todos los contribuyentes, es decir, un total de 256 euros cada español, que viene a ser el equivalente a lo que se ha recortado en Sanidad y Educación.

Si a todo esto (y la relación de despropósitos es interminable, desde las pensiones de jubilación milmillonarias, hasta los desfalcos descubiertos, pasando por operaciones tan ruinosas, que es difícil creer que no haya habido todo tipo de anormalidades) añadimos ahora, el escándalo de las tarjetas de crédito que acaba de ser enviado a la Audiencia Nacional, sin saberse todavía, si muchos se han beneficiado en Bolsa de otras operaciones, porque han seguido utilizando las tarjetas incluso después de que se cambiase el nombre de Caja Madrid por el de Bankia.

Es decir que estamos solo ante la punta de un inmenso iceberg de desvergüenza y de latrocinio.