La “ucranizacion” de Cataluña

Cuando el pasado domingo (www.republica.com: Sigue el ” lío” de Mas  y saca a la gente a la calle) este cronista avanzaba que muchos querían “ucranizar” el contencioso catalán, y que como pretendía la Asamblea Nacional de Cataluña, había que ir a un escenario de desobediencia civil (lo mismo que ha pedido el dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya Oriol Junqueras ) y convertir la plaza de Cataluña en la Plaza de la Independencia de Kiev, en un nuevo en Euromaidan, muchos lectores me acusaron de alarmista y de desestabilizador.

El pronóstico ha comenzado a cumplirse este martes, veinticuatro horas después de que el Constitucional en una rapidez inusitada, admitiese los recursos del Gobierno contra la Ley de Consultas y la convocatoria del referéndum independentista del próximo 9 de noviembre, dejando en suspenso todas las actividades de la campaña electoral que ya había empezado en Cataluña con la presentación pública de las urnas de cartón, construidas por presos de las prisiones catalanas. En efecto, este mismo martes, miles de catalanes han comenzado a ocupar las plazas de sus Ayuntamientos, la mayoría de ellos agrupados en la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), reclamando su derecho a votar y protestando por la decisión del Tribunal Constitucional de dejar en suspenso la consulta.

Las formaciones que en su momento consensuaron la fecha y preguntas de la consulta del 9 de  noviembre, (CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP) han llamado a participar en las concentraciones convocadas ante los ayuntamientos catalanes para protestar por la suspensión de la consulta por parte del Tribunal Constitucional. Los partidos se suman así a la iniciativa de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) de celebrar concentraciones, ante los ayuntamientos catalanes para protestar por la suspensión cautelar del TC a la consulta soberanista.

Y esto es sólo el principio de una larga campaña que continuará el sábado, en lo que puede ser una escalada que desborde a la propia Generalitat, que se ha sorprendido de la contundencia y rapidez con la que ha reaccionado el Estado a lo que es el mayor desafío que sufre la democracia española, desde el golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981, un golpe de estado, bajo el que se ocultaba una profunda oposición y rechazo, a la política autonómica que venía desarrollando el Gobierno de Adolfo Suárez.

La incógnita sigue siendo la estrategia que adopte Artur Mas, una de cuyas salidas es la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias, con una única candidatura en la que entren a formar parte, integrantes de Esquerra Republicana de Cataluña, de otros partidos soberanistas y, sobre todo, de miembros de la Asamblea Nacional de Cataluña y de Omnium, y, en cuyas manos se han dejado las movilizaciones de lo que se ha bautizado como “mareas amarillas”, el color identificativo de la ANC.

En estos momentos, tanto la Generalitat como los partidos que apoyan la consulta del día 9 de noviembre, han delegado las reacciones en la calle, a lo que llaman “sociedad civil”, que está en manos de la Asamblea Nacional de Cataluña, y de Omnium Cultural, dos organizaciones subvencionadas por la Generalitat, que serán las instituciones encargadas de articular todo el movimiento de protesta que ha empezado este martes en decenas de ayuntamientos catalanes, partidarios de la independencia.

Estos días la decisión del Constitucional de suspender la consulta independentista ocupa el interés de toda la prensa europea. Esta suspensión, coinciden todos los medios, reduce las posibilidades de celebrar un referéndum en Cataluña a principios de noviembre. Artur Mas siempre insistió en que no organizará una consulta “ilegal”, pero también insiste en su voluntad de solicitar la opinión de los catalanes: Cataluña quiere expresarse, quiere que se le escuche, quiere votar. En una entrevista difundida el domingo en una cadena privada, de televisión, el Jefe del Gobierno catalán también explicó que ̳el proceso no se cierra con una decisión del Tribunal Constitucional‖, si bien reconoció que no dispone de un plan B. El plan consiste en votar.

Tras esta ducha escocesa sobre el proceso catalán, la ultima opción – y probablemente la única aún posible – prevista por Artur Mas y su equipo consistiría, como parece, en convocar elecciones anticipadas reagrupando en una única lista a todos los partidos que abogan por la independencia. Una operación muy complicada, mientras sacan a la gente a la calle, como si esto fuese Ucrania.