Sigue “el lío” de Mas y saca a la gente a la calle

Veinticuatro horas después del desafío del presidente de la Generalitat Artur Mas de convocar un referéndum de independencia para Cataluña, en contra de la Constitución española, y a la espera del Consejo de Ministros extraordinario de este lunes en el que se tiene que recurrir tanto la ley de consulta catalana, como la convocatoria del 9 de noviembre, todavía no se ha producido una valoración política del presidente del Gobierno Mariano Rajoy, sobre uno de los hechos más graves que se ha producido en el país desde la aprobación de la Constitución en 1978. Ninguna valoración política cuando en el referéndum de Escocia, se apresuró a felicitar a los escoceses por permanecer en el Reino Unido y admitió que la campaña del referéndum se había llevado a cabo con “escrupuloso respeto a las leyes del país”.

En esta ocasión y para salir del paso, el mismo día de la solemne convocatoria del referéndum, en el Salón Virgen de Montserrat del Palau de la Generalitat, el Presidente del Gobierno declaraba desde la muralla china de Pekín, en donde se encontraba de viaje oficial, que Artur Mas se metía en un lío, algo que debió dejar tan impresionado al presidente catalán, que esa misma noche, desde TV3, la televisión pública de la Autonomía, llamaba a la movilización de los catalanes, dando carta de naturaleza y el mayor protagonismo a la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), y a Ómnium Cultural, a los que pedía ayuda para que sacasen a la gente a la calle, como única forma de garantizar que el referéndum se llevaría a cabo.

“Pido capacidad de resistencia y no puedo esconder que no será fácil, pero esto no funciona saliendo a la calle una vez al año: el futuro es una conquista no un regalo y nos lo tenemos que ganar”. Toda una declaración de principios que debería poner los pelos de punta al señor Presidente del Gobierno, aunque las primeras manifestaciones públicas, convocadas por la Asamblea Nacional de Cataluña, le pareciera una “algarabía”.

Pero entre el “lío” y la “algarabía”, nos encontramos que el Presidente de la Generalitat, que en nombre del Rey firmó el sábado la Ley de consultas, como argucia legal para la convocatoria del referéndum independentista, ha dado un paso más y, sin esperar siquiera el recurso al Constitucional, ha pedido una movilización general de la ciudadanía, lo que supone, como ha ocurrido en las dos últimas Diadas, la ocupación de las calles de Cataluña, las plazas de los Ayuntamientos (prevista ya para la próxima semana), y la desobediencia civil como ha repetido el dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya Oriol Junqueras: “cuando prohíben votar, desobedecer significa votar”.

Dar ese protagonismo político a la Asamblea Nacional de Cataluña, que tiene su propia hoja de ruta cuyo objetivo es, pase lo que pase, proclamar la independencia el 23 de abril de 2015, festividad de Sant Jordi, tras lo cual se hará un referéndum el 11 de septiembre de ese mismo año para aprobar la Constitución que regirá el nuevo Estado, es ceder toda la responsabilidad de lo que pueda ocurrir, a partir de ahora, a la calle, con el peligro que eso supone.

La Asamblea Nacional de Cataluña ha sido la que ha montado, con el mayor éxito las tres últimas Diadas, tiene a cien mil voluntarios que irán casa por casa para explicar detalles del referéndum y para pedir el “Sí” a las dos preguntas de la consulta del 9N y tiene su propia hoja de ruta. En muchos de sus debates que se han llevado a cabo en las Asambleas, se ha llegado a plantear de que en un momento determinado, habrá la necesidad de controlar las grandes infraestructuras y fronteras, puertos y aeropuertos, la seguridad pública y las comunicaciones.

En su hoja de ruta está la protesta a la ucraniana: la ocupación de la Plaza de Cataluña, como si fuera la Plaza de la Independencia de Kiev, y montar un nuevo Euromaidán. Por lo pronto, metidos ya “en el lío”, parece que ya tienen el apoyo del Molt Honorable president de la Generalitat Artur Mas i Gavarró.