Gallardón y la leyenda de Mariano como asesino en serie

Veinticuatro horas después de la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón como ministro de Justicia, tras su desautorización pública por parte de Rajoy y su rechazo, por razones electorales, a sacar adelante la ley del Aborto, una de las leyes en las que había puesto más empeño el ministro saliente, siguen todo tipo de interpretaciones sobre una salida traumática del Gobierno y de la política, de quien pensó, en su momento, suceder a Rajoy en la Presidencia del Gobierno; sobre el doble juego del Presidente del Gobierno para terminar definitivamente, con la vida política de su ministro con el que había tenido últimamente notables diferencias, entre ellas algunas referentes al manejo del asunto Bárcenas, el escándalo que más desgaste político le ha producido, hasta el punto que estuvo a punto de desencadenar su salida de la Moncloa.

En el fondo de esta historia de crisis política que ha durado sólo unas horas, las que van desde el intento de Gallardón de anunciar su dimisión en el Parlamento en la respuesta que tenía preparada para responderle a Izquierda Unida a una pregunta sobre la Ley del Aborto, hasta la difusión del nombre de su sucesor, horas después de haber comunicado en rueda de prensa su dimisión del cargo, la petición para que le liberasen de todos los cargos en el Comité Ejecutivo del partido y su anuncio de retirada de la política después de treinta años en los que ha sido secretario general, Presidente de la Comunidad de Madrid y Alcalde de la capital española, por mayoría absoluta.

A última hora Gallardón quiso echarle a Rajoy un pulso cuando ya iba a estar en viaje oficial en China, y Rajoy se adelantó. Con lo poco que suele decir en los pasillos cuando los periodistas se arremolinan a su alrededor, en esta ocasión, el Presidente del Gobierno, enterado de lo que iba a hacer este miércoles su ministro de Justicia, en la sesión de control parlamentario, anunció a los periodistas que quedaba aparcada la ley del Aborto. En el Parlamento, no se anunciaría nada y Gallardón se vio obligado a convocar una rueda de prensa, a primeras horas de la tarde del martes, vestirse de funeral, y anunciar su renuncia a todo. Casi simultáneamente, y para que nadie especulase con una crisis amplia de Gobierno, se hacía público el nombre de su sucesor: Rafael Catalá un “Sorayo” (de la órbita de la vicepresidenta), un hombre del equipo de Ana Pastor, donde ocupaba la Secretaría de Estado de Infraestructuras, puesto en duda en su polémica actuación en el accidente del tren Alvia de Santiago, y tan versátil, que ha sido desde Presidente de Aeropuertos Nacionales, hasta gerente del hospital madrileño Ramón y Cajal !Un gerente de hospital, convertido en ministro de Justicia, con la que está cayendo!

Este miércoles, en el Parlamento, todo han sido elogios para el ministro ausente. El ministro que quería ser el sucesor de Rajoy y Presidente del Gobierno con el Partido Popular, y que en poco más de dos años, se ha abrasado en un Ministerio en el que se ha enfrentado con todo y con todos. De todas formas, no sé en estos momentos, si fue Pablo Sebastián o el informado e intuitivo perro, Marcello, el primero en España que descubrió que bajo el aspecto bonachón y dubitativo de Mariano Rajoy se escondía un “asesino en serie”. Asesino, en términos políticos, que con una depurada técnica ha ido eliminando uno a uno, a todos sus competidores. El último ha sido Ruiz Gallardón.

Los primeros, fueron los que en su momento, compitieron con José María Aznar, por la Presidencia del Gobierno: Jaime Mayor Oreja y Rodrigo Rato. Al primero, lo fue alejando de su entorno y cuando llegó la hora de elaborar las listas para las europeas se portó con tal frialdad con él que entendió que no contaba con él y decidió anunciar que no se presentaba. Al segundo, que contaba con todas las posibilidades para la sucesión, lo mismo. Frialdad absoluta, dejar que se quemara en la presidencia de Bankia, que ya estaba al borde de la bancarrota, y ahora, esperar la decisión de los Tribunales. Ahora, queda Esperanza Aguirre, que como los otros aspira también a la Presidencia del Gobierno, y que puede quedar fuera de la lista de aspirante a la Alcaldía de Madrid, como trampolín para más altos destinos.

Y, además, Eduardo Zaplana, Paco Álvarez Cascos, Manolo Pizarro, y un largo etcétera que haría las delicias de Agatha Christie… Con Aznar lo ha intentado, pero no lo ha conseguido… aunque… no se sabe.