Gallardón deja todo, tira la toalla y abandona la política…

Rajoy se ha ido a China a recibir el agradecimiento de las autoridades de Pekín por la práctica derogación de la Ley de Justicia Universal y por la liberación del expresidente Le Pen, de cualquier tipo de responsabilidad en la represión del pueblo del Tíbet, y ha dejado en Madrid, dos bombas cebadas que estallarán cuando él esté en plenas conversaciones con quienes, en estos momentos, tienen en su poder casi el treinta por ciento de la Deuda Pública española.

Una de las bombas, ya suficientemente cebada, la hará estallar el presidente de la Generalitat Artur Mas, con la publicación de la Ley de Consultas y la de convocatoria del referéndum independentista del 9 de noviembre, después de que en las últimas horas se ha publicado que podría coincidir ese día la celebración del referéndum de independencia con unas elecciones plebiscitarias adelantadas en las que iría en una candidatura conjunta Convergencia Democracia de Cataluña y Esquerra Republicana de Catalunya, algo que en la noche del lunes a raíz de una información de El Mundo, produjo un verdadero shock en los medios políticos, sobre todo porque para convocar esas elecciones habría que haberlo hecho con entre 54 y 60 días de antelación.

La otra bomba la hacía estallar el  ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, cuando el avión presidencial apenas había salido del espacio aéreo español con su dimisión del cargo, después de ser desautorizado por el Presidente del Gobierno al anunciar éste, antes de irse al aeropuerto, la retirada del anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada, o ley del aborto por no haber encontrado el consenso suficiente para sacarlo adelante. Una desautorización en toda regla, que provocaba inmediatamente la petición de dimisión por parte de casi toda la oposición.

Gallardón no quiso esperar ni 24 horas para hacerse cargo de la bomba, y horas después de que el avión de Rajoy despegase de Madrid, rumbo a Oriente, vestido de negro, como si fuese de entierro no sólo, dimitía de ministro de Justicia, sino del puesto del Comité Ejecutivo del partido y de la política de la que se retira definitivamente, algo que intentó en otras ocasiones y nunca llevó a cabo. Histórico del partido en el que entró de manos de su padre José María Ruiz Gallardón y de Manuel Fraga, su protector en la etapa de AP, se le conoce lo que le ha pasado ideológicamente. Hombre de centro fuera del poder, y uno de los pocos que tenía posibilidades de suceder a Rajoy y ser candidato a la Presidencia del Gobierno, el ejercicio del poder le ha quemado.

Gallardón, el llamado verso suelto del Partido Popular, el político que en su momento pensó montar su propio partido porque creía que la solución para el futuro de España no pasaba, precisamente, por una posición tan conservadora como la de Mariano Rajoy, vio este martes que acababa de perder las pocas posibilidades políticas que le quedaban, al ver rechazado su proyecto de Ley por el Presidente del Gobierno por razones electorales. Un proyecto, que, en el universo de sus obsesiones, él ha venido calificando como el proyecto más progresista que haya podido elaborar este Gobierno en toda la legislatura. Su pretendida reforma de la ley del aborto, un tema definitivamente cerrado para la opinión pública y sobre el que se había alcanzado un consenso, desde hacía más de veinte años, le había colocado en una absoluta soledad en la que ha permanecido hasta que no ha tenido más remedio que tirar la toalla.

Para ocultar otros fracasos, otras frustraciones, y sobre todo otros incumplimientos electorales, el señor Gallardón había elaborado una ley del aborto retrógrada. Invocando, además, el cumplimiento del programa con el que se ganaron las elecciones, cuando acababa de incumplir algo tan sagrado como la independencia del poder judicial, repartiendo los puestos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) entre todos los partidos, en contra de lo que se había prometido al electorado.

De todos los que se han enfrentado con Gallardón por esta sorprendente Ley -desde la alcaldesa de Zamora Rosa Valdeón hasta el alcalde de Valladolid De la Riva, pasando por la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes o el portavoz del PP en el parlamento vasco, Borja Semper, – el presidente extremeño, Monago, ha sido el más claro, poniendo el énfasis en la capacidad de decisión de la mujer al subrayar que “nadie” puede “obligar” a una mujer a ser madre. “Necesitamos – decía Monago en su mensaje de fin de año- una ley del aborto que conecte con la sociedad,  y para ello, las posiciones se tienen que acercar. La ley del aborto de Felipe González nos unió durante 25 años. Debemos trabajar entre todos por una ley del aborto que dure al menos otros 20 años” afirmó, en lo que en su momento fue una auténtica lección al “progresista” ministro de Justicia, cada vez más alejado de la realidad.

Se va Gallardón de ministro, de diputado, de los puestos de dirección del partido y… de la política. Un escenario que, conociéndole, jamás pudo vislumbrar cuando entró en el Gobierno en diciembre de 2011. Sus planes, y lo sé, eran otros y muy diferentes.