El juego del ratón y el gato, la “Escuela de Edimburgo” y Pedro Sánchez

Mientras Artur Mas, presidente de la Generalitat intenta poner nervioso al Gobierno central, con un estúpido juego del ratón y el gato, aplazando la publicación de la ley de consultas y la convocatoria del referéndum de independencia, para que coincida con el viaje de cuatro días que Rajoy inicia este martes a China (un viaje que no puede suspenderse porque ya se hizo una vez, y ahora los chinos quieren agradecerle al Presidente sus gestiones para derogar la ley de Justicia Universal que afectaba a antiguas primeras autoridades de Pekín), Rajoy ya ha preparado un decreto por el que se nombrará a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, presidenta del Gobierno en funciones, con las mismas prerrogativas que tiene él.

Este pasado fin de semana, que el Gobierno ha estado en alerta por si había que convocar un Consejo de Ministros extraordinario para elevar los correspondientes recursos al Constitucional, y a pesar del fracaso del referéndum independentista escocés, ha ido aumentando el fervor nacionalista en Cataluña, desmintiendo esa tesis europea de que como no habrá secesión en el Reino Unido la “escuela de Edimburgo” no hará prosélitos ni desencadenará el temido efecto dominó entre las muchas pulsiones independentistas que están proliferando en la Unión Europea. De este modo, el Presidente catalán ha reinterpretado inmediatamente el NO escocés para confirmar la causa catalana. Él no representa la causa de la independencia catalana, sino el derecho catalán a decidir libremente, ha dicho, del mismo modo que han hecho los escoceses en acuerdo con los británicos, para poner de manifiesto el déficit democrático de España.

“Contradecir esto – dice el periódico ademan Frankfurter Allgemaine Zeitun – es difícil, pero el resto de la analogía entre Escocia y Cataluña se derrumba de un plumazo”. Escocia fue una vez un reino soberano, Cataluña, en cambio escribe el periódico alemán, nunca lo ha sido. Aunque la región en el sureste español pueda llamarse “nación histórica”, se trata más bien de un derecho simbólico que incluye el reconocimiento de una gran autonomía lingüística y cultural por parte del Gobierno central español, pero nada más. Aparte de que la Unión Europea tendría que experimentar ahora otra pesadilla con una secesión catalana después del temblor de Escocia. Por otra parte, no obstante, sería absurdo negar el problema: muchos catalanes desean la autodeterminación. ¿La mayoría? Quizás. Sea como sea, se hacen notar más que aquellos que cuidan pacíficamente su doble identidad como catalanes y españoles ¿Y qué dice esa mayoría? Según el estudio del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat (CEO), que acaba de conocerse, el 59% de catalanes está a favor de que Catalunya se convierta en un nuevo estado de Europa, mientras que en contra, se manifiestan un 32%. Un 74 por ciento está a favor de la celebración del referéndum.

Ante la gravedad de la situación que supone el desafío independentista de Artur Mas, apoyado por la mayoría del Parlamento catalán, gran parte de la opinión pública y la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que desde su llegada a la dirección del principal partido de la oposición, ha criticado con dureza la pasividad del Presidente del Gobierno, por su falta de propuestas y de diálogo ante lo que él cree que es la peor crisis del estado en los últimos treinta años, y que aunque cree que no habrá referéndum el próximo 9 de noviembre, piensa que habrá que hacer frente a toda una serie de sentimientos que surgirán en Cataluña: frustración, enojo, desánimo, resistencia incluso; también, esperanza y alivio después del 9 N .

Por eso, el Estado de las autonomías necesita, y es el sentido del artículo de Pedro Sánchez en el periódico El País de este lunes, una actualización de las previsiones constitucionales que incorpore una perspectiva federal, asigne claramente competencias, asegure una financiación previsible y suficiente, reforme profundamente la composición y las funciones del Senado, y reconozca toda esa serie de sentimientos que surgirán en Cataluña. En resumen lo que Sánchez propone es un nuevo pacto Constitucional que voten todos los españoles. “Un nuevo pacto que además supondrá un nuevo impulso a nuestra democracia, que la profundice y la extienda, que fomente la participación ciudadana, revitalice el Parlamento, mejore la representatividad de los electos, reduzca los aforamientos y asegure la independencia de la Justicia. También, por cierto, que reconozca y extraiga las oportunas consecuencias de nuestra pertenencia a la Unión Europea Y necesitamos actualizar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos: para reconocer las nuevas formas de familia, suprimir definitivamente la pena de muerte, hacer de la protección de la salud un derecho real y efectivo, tutelar en serio el derecho al trabajo y a la vivienda, garantizar el compromiso efectivo de los poderes públicos con las políticas sociales que cristalizan el Estado de bienestar. Esta es la reforma de la Constitución en la que los socialistas pensamos”.