El ‘no’ a la independencia de Escocia y el ‘sí’ de Artur Mas

Los escoceses han votado con la cabeza y no con el corazón, han votado por el pragmatismo e influidos por el miedo al deterioro económico y financiero ante un triunfo del SI, y no por una utopía y, en cierto modo por la ingenuidad y, por una escasa mayoría han votado a favor de seguir integrados en el Reino Unido, con el que firmaron su Acta de integración hace más de tres siglos. Ahora se iniciarán las negociaciones para conseguir de Londres una mayor Autonomía, una mejora de la financiación autonómica y mayores competencias, según el compromiso firmado por los líderes de los tres partidos (conservadores, laboristas y liberales) que tendrán que extenderse también a Irlanda y Gales.

Según todos los datos, el No se ha impuesto en el referéndum escocés, con una participación récord y con un triunfo en la mayoría de los 32 distritos de Escocia, salvo 4, entre ellos Glasgow. Los resultados definen el futuro de una región que buscaba independizarse del Reino Unido y, a su vez, dividen a la población (un 55,30% para el NO ante el 44,70% para el SI). Una diferencia de once puntos, mayor de la prevista, que no soluciona definitivamente la cuestión pero que va a suponer un respiro para el primer ministro Cameron, que hubiera tenido que dimitir por la firma de gestionar la consulta, para Gran Bretaña, para la Unión Europea y, sobre todo, para España y su Gobierno, que han seguido la jornada con preocupación por las repercusiones que el SI podía tener en el proceso soberanista que está viviendo Cataluña.

La realidad es que fuese el que fuese el resultado del referéndum que se ha celebrado este jueves en Escocia tendría unos efectos que pueden dar lugar a cambios radicales en la política europea. El primero y el más evidente de estos efectos será el de que los movimientos separatistas existentes en todas las partes del mundo que se verán reforzados. A pesar del triunfo de la permanencia de Escocia en el Reino Unido, Gran Bretaña ya no volverá a ser la misma. Algo que parecía sagrado, permanente (“los dos Reinos de Escocia e Inglaterra deberán, a partir del primer día de mayo de 1707, y para siempre, estar unidos en un sólo Reino, bajo el nombre de Gran Bretaña” artículo 1 del Acta de la Unión) sigue estando en peligro y ya se ha puesto en duda por primera vez.

La unión de las coronas que data de 1603 continuará sea el voto Sí o No, ya que una Escocia independiente conservaría a la Reina como cabeza del Estado. Si el resultado es un Sí, la separacióńn implicaría acabar con siglos de instituciones compartidas y, como en cualquier divorcio, será un proceso penoso. Sin embargo, un No, especialmente uno estrecho, traerá sus propios problemas. La derrota, se encarga de recordar el periódico Daily Telegraph, encolerizará a los nacionalistas, para quienes esta es su única oportunidad de ruptura.

Al margen de los resultados finales la verdad es que muchos catalanes han seguido apasionadamente, como si parte de la independencia de Cataluña se decidiera en Edimburgo, además de en Barcelona, hasta el punto que se ha paralizado la vida política autonómica durante 24 horas. Este viernes da comienzo el recorrido final hacia lo que ya se dibuja como ese tan temido choque de trenes entre el Gobierno de la Generalitat y el Gobierno central, que no se ha podido evitar hasta ahora. Entre otras razones por dos posturas que son irreconciliables: la defensa de la legalidad Constitucional española y la defensa de un derecho a decidir, que solamente está reconocido para las naciones que salen del colonialismo.

El referéndum de independencia como si efectivamente Cataluña fuera una colonia de España, fue anunciado el pasado mes de diciembre, partiendo de la base de convertir a Cataluña en un estado propio, separado de España y de miembro de la Unión Europea. Rechazada por el Parlamento español la moción por la que se solicitaba la cesión de competencias para la celebración del referéndum, este viernes se espera que el Parlamento catalán por 107 votos, poco más de dos tercios de la Cámara, la aprobación de la ley de consultas con objeto de revestir de “legalidad”, una legalidad que no es tal, el referéndum del 9 de noviembre. En las siguientes horas se publicará la ley en edición electrónica (por ser fin de semana) en el Boletín Oficial de la Generalitat.

Pero, desde hace más de una semana, todos los miembros del Gobierno están avisados para la posible convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario en la Moncloa el mismo sábado; preparados varios borradores por la Abogacía del Estado, para recurrir las distintas versiones que pueda tener la Ley; alertado el Consejo de Estado que emitirá un informe sobre la Ley catalana, en el plazo máximo de cuarenta y ocho horas; informado el Tribunal Constitucional que ya tiene previsto admitir en la reunión ordinaria prevista para el martes 23, el recurso que le mande el Consejo de Ministros y, todo el mecanismo judicial listo, después de la reunión que el fiscal general del Estado Eduardo Torres Dulce ha celebrado este jueves con el fiscal jefe de Cataluña José María Moreno de Tejada , y los jefes de la Fiscalía de las cuatro provincias catalanas.

A la vista de esta frenética actividad de los responsables políticos y de las autoridades e instituciones judiciales, puede dar la falsa impresión de que todo será atado y bien atado, cuando el realismo político y ese sentido común que tanto invoca el Presidente del Gobierno, debería haberse impuesto con algún tipo de salida que no fuese ese choque de trenes que comienza a vislumbrarse en el horizonte con un Artur Mas, desbordado por la corrupción de su partido y de su padre político Jordi Pujol, conduciendo una máquina que ha cogido una velocidad realmente peligrosa y un freno descontrolado y, un Rajoy al frente de algo más que una máquina, de todo un país, que no puede entender que se haya dejado todo para última hora, arrastrado por la iniciativa del contrario, y sin explicar al ciudadano cual es su plan desde hace meses para despejar cualquier duda, aunque sepa de antemano y cuente con ello que, tal como se desarrollen los acontecimientos, tendrá el apoyo mayoritario del país. Si bien se lamente que no se hayan encontrado y propiciado, vías de diálogo.