Escocia y el recorrido final hacia el choque de trenes

Sea cual sea el resultado, el referéndum que se ha celebrado este jueves en Escocia y que ha sido seguido con emoción en Gran Bretaña, con preocupación en Estados Unidos por razones geoestratégicas dadas la hermandad entre Londres y Washington, con la mayor de las prevenciones en Europa por el efecto contagio y con una contenida alegría entre los soberanistas de Cataluña, tendrá unos efectos que darán lugar a cambios radicales en la política europea. El primero y el más evidente de estos efectos será el de que los movimientos separatistas existentes en todas las partes del mundo que se verán reforzados.

Sin resultados todavía, aunque parece que hay una diferencia del SI sobre el NO de entre cuatro y seis puntos según los últimos pronósticos, la verdad es que cualquiera que sea el resultado, que no se conocerá hasta bien entrada la madrugada, Gran Bretaña ya no volverá a ser la misma. Algo que parecía sagrado, permanente (“los dos Reinos de Escocia e Inglaterra deberán, a partir del primer día de mayo de 1707, y para siempre, estar unido en un sólo Reino, bajo el nombre de Gran Bretaña” artículo 1 del Acta de la Unión) está en peligro y ya se ha puesto en duda por primera vez.

Independientemente del resultado, Gran Bretaña nunca volverá a ser la misma. La unión de las coronas que data de 1603 continuará sea el voto Sí o No, ya que una Escocia independiente conservaría a la Reina como cabeza del Estado. Si el resultado es un Sí, la separación implicaría acabar con siglos de instituciones compartidas y, como en cualquier divorcio, será un proceso penoso. Sin embargo, un No, especialmente uno estrecho, traerá sus propios problemas. La derrota, se encarga de recordar el periódico Daily Telegraph, encolerizará a los nacionalistas, para quienes esta es su única oportunidad de ruptura; y las promesas de más transferencias de poderes, apoyadas por continuas subvenciones a Escocia, causarán un profundo resentimiento en Inglaterra.

Al margen de lo que arrojen los resultados la realidad es que muchos catalanes han seguido apasionadamente, como sí parte de la independencia de Cataluña se decidiera en Edimburgo, además de en Barcelona, hasta el punto que se ha paralizado la vida política autonómica durante 24 horas. Este viernes da comienzo el recorrido final hacia lo que ya se dibuja como ese tan temido choque de trenes entre el Gobierno de la Generalitat y el Gobierno central, que no se ha podido evitar hasta ahora. Entre otras razones por dos posturas que son irreconciliables: la defensa de la legalidad Constitucional española y la defensa del derecho de autodeterminación, que solamente está reconocido para las naciones que salen del colonialismo.

El referéndum de independencia como si efectivamente Cataluña fuera una colonia de España, fue anunciado el pasado mes de diciembre, partiendo de la base de convertir a Cataluña en un estado propio, separado de España y de miembro de la Unión Europea. Rechazada por el Parlamento español la moción por la que se solicitaba la cesión de competencias para la celebración del referéndum, este viernes se espera que el Parlamento catalán por 107 votos, poco más de dos tercios de la Cámara, la aprobación de la ley de consultas con objeto de revestir de “legalidad”, una legalidad que no es tal, el referéndum del 9 de noviembre. En las siguientes horas se publicará la ley en edición electrónica (por ser fin de semana) en el Boletín Oficial de la Generalitat.

Pero, desde hace más de una semana, todos los miembros del Gobierno están avisados para la posible convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario en la Moncloa el mismo sábado; preparados varios borradores por la Abogacía del Estado, para recurrir las distintas versiones que pueda tener la Ley; alertado el Consejo de Estado que emitirá un informe sobre la Ley catalana, en el plazo máximo de cuarenta y ocho horas; informado el Tribunal Constitucional que ya tiene previsto admitir en la reunión ordinaria prevista para el martes 23, el recurso que le mande el Consejo de Ministros,  y todo el mecanismo judicial listo, después de la reunión que el fiscal general del estado Eduardo Torres Dulce ha celebrado este jueves con el fiscal jefe de Cataluña José María Moreno de Tejada, y los jefes de la Fiscalía de las cuatro provincias catalanas.

A la vista de esta frenética actividad de los responsables políticos y de las autoridades e instituciones judiciales, puede dar la falsa impresión de que todo será atado y bien atado, cuando el realismo político y ese sentido común que tanto invoca el Presidente del Gobierno, debería haberse impuesto con algún tipo de salida que no fuese ese choque de trenes que comienza a vislumbrarse en el horizonte con un Artur Mas, desbordado por la corrupción de su partido y de su padre político Jordi Pujol, conduciendo una máquina que ha cogido una velocidad realmente peligrosa y un freno descontrolado, y un Rajoy al frente de algo más que una máquina, de todo un país, que no puede entender que se haya dejado todo para última hora, arrastrado por la iniciativa del contrario, y sin explicar al ciudadano cuál es su plan desde hace meses para despejar cualquier duda, aunque sepa de antemano y cuente con ello que, tal como se desarrollen los acontecimientos, tendrá el apoyo mayoritario del país. Si bien se lamente que no se hayan encontrado y propiciado, vías de diálogo.