Una desvergüenza más de Jordi Pujol

Hace treinta años, mayo de 1984, el presidente de la Generalitat catalana Jordi Pujol tenía que enfrentarse, junto con una veintena de directivos, a una querella de la Fiscalía General del Estado acusado de apropiación indebida y maquinación para alterar el precio de las cosas por la quiebra de Banca Catalana que tuvo que ser salvada con dinero público, aunque los accionistas perdieron todo. Desde el balcón de la Generalitat, y ante más de cincuenta mil personas que le aclamaban (Pujol President, Obiols, traidor) aseguraba que el Gobierno había cometido una indignidad, y que la querella no iba contra él, sino contra Cataluña.

“Dejadme que os diga una cosa, que es la última vez que la digo, pero que quiero que quede claro: el Gobierno de Madrid, el Gobierno central concretamente, ha hecho una jugada indigna. Y a partir de ahora, cuando se hable de ética, de moral y de juego limpio, podremos hablar nosotros, pero no ellos”. En esa época, ya Pujol tenía dinero oculto en Andorra, producto de una supuesta herencia de su padre, y su concepto de ética y de moralidad no le movió a regularizar su situación de evasor, ni entonces, que tomaba posesión de un nuevo mandato como presidente de la Generalitat, ni muchos años después. Solo cuando se ha visto cercado por las investigaciones policiales de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal), sobre él y sobre su familia, especialmente tres de sus hijos, es cuando ha dado el paso que ha dejado consternada a la sociedad catalana.

Si hace treinta años se envolvía en la senyera y justificaba las acusaciones de apropiación indebida y la quiebra de Banca Catalana, como el intento de impedir el progreso de Cataluña (“si, somos una nación, somos un pueblo y con un pueblo no se juega”), en esta ocasión ha utilizado el mismo argumentario y en la querella que ha presentado contra quien ha filtrado información de su fortuna en la banca de Andorra violando el secreto bancario, insiste en que hay toda una maniobra política contra su persona para debilitar el proceso soberanista que está viviendo Cataluña y que la ofensiva contra él, y su familia, se ha producido a partir de su posicionamiento a favor del referéndum secesionista del 9 de noviembre. Es decir que como en el caso de Banca Catalana, estamos ante una clara persecución política, para boicotear el proceso independentista. La misma desvergüenza que hace treinta años. El mismo victimismo.

Frente a sus declaraciones del pasado 25 de julio, en las que confesó que tenía desde hacía más de treinta años dinero oculto en paraísos fiscales, y que estaba dispuesto a ponerse a disposición de los Tribunales de Justicia y la Agencia Tributaria, colaborando en todo lo que fuese preciso, con la querella contra dos de los bancos de Andorra, el Andbanc y BPA (Banca Privada de Andorra), van a dirigidas a paralizar las peticiones a varios paraísos fiscales, que ha realizado el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, en tanto las primeras pruebas se han conseguido de forma ilegal, de un antiguo empleado bancario en connivencia con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Pujol y su familia recurrirán contra la comisión rogatoria cursada por el juez Ruz a Andorra a la que se ha pedido todo tipo de datos económicos sobre inversiones, movimientos de cuentas, incluso cheques, e incluso, tarjetas de crédito.

No parece que en esta ocasión, los catalanes crean a un Pujol que está demostrando desde su desvergüenza, que lo único que pretende es que no se aclare si, como sostiene la UDEF, su inmensa fortuna procede de las comisiones durante su mandato de más de veinte años al frente de la Generalitat. Y, sobre todo, si como parece, en ese tres por ciento, que a veces llegaba hasta el veinte por ciento, una parte iba al partido, y otra parte a las arcas suyas, de su esposa Marta Ferrusola y de sus tres hijos, Jordi, el primogénito, el responsable de la fortuna familiar, Oleguer, el encargado de lavar ese dinero y Oriol, el más pequeño, que se había incorporado a la política a través de la secretaria general de Convergencia, y que ha tenido que dimitir, al ser imputado en un caso de tráfico de influencias por la concesión de las ITV. Todo un clan patriótico trabajando por el futuro de Cataluña.