A pesar del optimismo de Mas, estamos donde estábamos

Clima de diálogo, según el presidente de la Generalitat Artur Mas y “clima de respeto y consideración por ambas partes” según la Moncloa. Este podría ser el resumen del largo encuentro entre Mas y Rajoy (casi dos horas y media) en la sede de la Presidencia del Gobierno, en la primera entrevista que tienen los dos políticos desde hace un año, y a sólo tres meses de la fecha del referéndum de independencia fijado para el 9 de noviembre.

Optimismo por parte del Presidente de la Generalitat, y frialdad por parte del Presidente del Gobierno. Frialdad en el recibimiento a las puertas de la Moncloa, en un intento de guardar las distancias y rechazando incluso un gesto de acercamiento de Mas al extender su brazo sobre su hombro, y frialdad en la reacción tras el encuentro. Frente a la comparecencia pública en rueda de prensa de Mas, declaraciones de Alicia Sánchez Camacho en Barcelona (ni siquiera de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría) y escueto comunicado de la Moncloa para recordar que el Presidente del Gobierno ha trasladado a su interlocutor “que la consulta soberanista ni se puede celebrar ni se va a celebrar” y le ha advertido de los riesgos de la inestabilidad política para el incipiente proceso de recuperación de la economía”.

Una sola entrevista, dos versiones distintas muy matizadas, y una sola conclusión: el referéndum convocado es ilegal, va en contra de la Constitución (en esto Rajoy le ha insistido a Mas que están de acuerdo PP y PSOE), y además no se ha puesto encima de la mesa ninguna otra propuesta. Ni la que defienden los socialistas con una reforma federal de la Constitución, ni esa supuesta tercera vía en la que estarían implicados los principales empresarios catalanes y el poder financiero, especialmente La Caixa, en la que se volvería a dar otra vuelta al Pacto Fiscal, el punto precisamente, donde se rompió en 2012, cualquier entendimiento entre el Gobierno y la Generalitat.

Esa tercera vía es una variable de lo que el dirigente de Unió ha venido defendiendo para evitar lo que se ha llamado un inevitable “choque de trenes”: un pacto fiscal específico para Catalunya que incluya la gestión por parte de la Generalitat de las infraestructuras; competencia exclusiva para Cataluña en lengua, cultura y modelo educativo; presencia institucional de Cataluña en organismos internacionales y apoyo a que el Parlament impulse las reformas necesarias para llevar a cabo el cambio de estatus y una reforma constitucional que incluya el derecho a decidir de los catalanes.

La realidad es que, a pesar del optimismo de Mas y de su insistencia en que se ha hablado de la financiación y de otros 22 temas pendientes, estamos donde estábamos, con la gran diferencia de que Mas ha tenido que presentarse en la Moncloa con la cabeza del Bautista, bajo el peso del escándalo de la familia Pujol, agobiado por sus propios aliados políticos que se han sumado a la petición de que el ex President comparezca ante el Parlament, y cercado por los informes policiales y de los servicios de Inteligencia que hablan de comisiones del mayor de los Pujol en la época en que Mas era conseller de Obras Públicas (“todo lo que soy se lo debo a Pujol”, recuerda siempre el actual President).

En este sentido Mas no ha tenido más remedio que reconocer que estamos donde estábamos ya que no hay acuerdo entre él y Rajoy hasta el punto de constatar que por primera vez se asume que “el conflicto existe”. Según su propio relato, Mas ha explicado a Rajoy que el objetivo de la Generalitat es celebrar la consulta de forma legal y si fuera posible “a la británica”, es decir, de forma acordada con el Estado, aunque no ha explicado cual sería el siguiente paso en caso de que eso, no sea posible. La “vía británica”, según sostiene este miércoles The Wall Street Journal va a ser decisiva hasta el punto que el periódico norteamericano mantiene la tesis de que “tanto en Barcelona como en Madrid, se seguirá de cerca el referendo sobre la independencia de Escocia del 18 de septiembre. Una victoria de los unionistas que desean que Escocia permanezca en Reino Unido reforzará al Gobierno central español; unos buenos resultados de los separatistas sería una bonanza para los secesionistas catalanes”.