A Pujol le quitan sus privilegios para salvar el independentismo

El pasado 21 de julio, este cronista (“La dimisión de Duran llega en el peor momento para Pujol“) transmitía el estado de ánimo del expresidente de la Generalitat, hundido sociológicamente por los escándalos financieros de algunos de sus hijos, por el procesamiento de su hijo Oriol por cohecho y tráfico de influencias, y sobre todo, por las informaciones sobre su esposa Marta Ferrusola de la que acababa de descubrirse sus ingresos en la Banca de Andorra.

Ya, en esa fecha, Pujol estaba viviendo sus últimos días de angustia, cercado por las informaciones más comprometedoras, y tenía decidido dar la cara por toda su familia, responsabilizándose de todo, para evitar que, en cualquier momento, una operación policial terminase en una redada con unas consecuencias imprevisibles. Intuía que había caído en las redes de los servicios de información del estado y que podía pasar cualquier cosa. Estaba dispuesto a inmolarse para salvar a la Familia.

Ese día era el día que dimitía Duran i Lleida como secretario general de Convergencia i Unió, conocedor de la “confesión” que se haría pública el 25 de julio, pero no había la menor noticia de que, a pesar del escándalo, el expresidente tuviese intención de renunciar a todos los privilegios que le daba derecho haber ocupado la Presidencia de la Generalitat durante 23 años.

Este martes, eso se ha hecho efectivo según ha comunicado “con un gran dolor personal, pena y compasión” el presidente Artur Mas, horas antes de la decisiva entrevista que va a tener con el Presidente del Gobierno en el Palacio de la Moncloa. Mas ha insistido ante la prensa, en que por decisión personal de Pujol, renuncia a su puesto honorífico de Presidente de Convergencia i Unió, y a todos sus privilegios, con lo que se queda sin título, sin pensión vitalicia de 82.000 euros anuales, sin coche oficial, sin chofer, sin secretarias, y sin despacho de 400 metros cuadrados, cuyo alquiler cuesta entre 145.000 y 175.000 euros.

La insistencia de Artur Mas de que se trata de una decisión personal de Pujol, oculta las presiones que se han producido desde todos los partidos políticos (incluidas las de los propios militantes y dirigentes de Convergencia i Unió), especialmente de Oriol Junquera, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el actual socio de Gobierno de la Generalitat, que ha llegado a poner entre la espada y la pared a Mas, para que tomase decisiones que ayudaran a salvar el proceso soberanista, y el propio referéndum del próximo 9 de noviembre. Esas decisiones pasaban por soltar el lastre que suponía Jordi Pujol, que en cuestión de horas, había pasado a convertirse en un auténtico problema, después de haber sido considerado uno de los padres de la patria catalana.

Sorprendentemente Mas, que le debe toda su carrera política a Pujol (ha sido su consejero de Hacienda, su conseller en cap y designado a dedo su sucesor) ha insistido también, una y otra vez, en que estamos ante un “caso estrictamente privado, personal y familiar”, olvidando que se trata del mayor y más grave escándalo económico que se ha producido en la historia de Cataluña, y que ese escándalo ha sido acompañado del mayor engaño que se haya podido hacer a los catalanes que siempre han considerado a Pujol como un icono del catalanismo, y como el impulsor reciente del soberanismo que se pretende refrendar en las urnas el próximo 9 de noviembre.

Este miércoles Mas llega a la Moncloa, gravemente tocado por el escándalo “privado, personal y familiar” de Pujol, con un partido herido de muerte, que es difícil que pueda recuperarse de esa explosión provocada por su confesión, y con pocas posibilidades de defender determinadas posiciones que hasta ahora, eran consideradas líneas rojas, como ese axioma de que España roba a Cataluña.