Pujol no terminará como Macià o Companys, sino como Estivill

El Congreso extraordinario del PSOE celebrado este fin de semana en Madrid, la elección de Pedro Sánchez como secretario general del partido, la designación de la nueva dirección socialista, la primera entrevista en la tarde de este lunes del presidente del Gobierno Mariano Rajoy con el nuevo líder de la oposición, todo parece haber perdido interés informativo tras la inmolación del expresidente de la Generalitat Catalana Jordi Pujol, reconociendo que ha tenido dinero negro, sin declarar, en paraísos fiscales y que ha venido engañando a Hacienda durante más de treinta y cuatro años. Todo ha quedado de pronto sepultado por las consecuencias políticas derivadas del escándalo del expresidente.

La confesión pública de Pujol, cuando tenía información de que tanto la policía como la Agencia Tributaria, estaba a punto de descubrir toda una trama de la que forma parte su esposa, Marta Ferrusola, sus siete hijos, y toda una estructura de colaboradores, todavía no ha sido asimilada por la sociedad catalana que siempre ha considerado a Pujol como uno de los padres de la Patria catalana y que asiste, ahora, consternada, al hundimiento de todo un mito, un mito comparado, incluso con los Presidentes históricos de la Generalitat. Al final, desgraciadamente para él, no pasará a la historia como Francesc Macià, ni como Lluís Companys, sino como toda una serie de turbios personajes que han marcado la reciente y más negra historia de Cataluña, como el Juez Pascual Estivill, el empresario Javier de la Rosa o su propio abogado, Juan Piqué Vidal, todos amigos o miembros de su círculo más próximo.

Son muchas las fuentes que aseguran que la herencia que supuestamente el padre de Pujol dejó a la esposa del expresidente y a sus hijos, y que ha sido reconocida ahora, es sólo la punta del iceberg de un escándalo de proporciones gigantescas. Un escándalo de cientos de millones de euros, producto de las comisiones de los 23 años en los que Pujol fue presidente de la Generalitat, desde 1980 hasta 2003. Es algo que investiga la Audiencia Nacional y la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal), con la colaboración de una ex novia de Jordi Pujol Ferrusola, el mayor de los hijos del expresidente y el que parece estará guapamente al frente, actualmente, de los negocios familiares.

Desde hace más de medio siglo los Pujol han tenido problemas con la Justicia por problemas relacionados con el dinero escondido. No deja de ser sorprendente que ya en lleno franquismo, cuando las autoridades eran tan laxas con las grandes fortunas, el padre de Jordi Pujol, Florenci Pujol i Brugat, ya aparecía en una lista que el año 1959 publicaba el Boletín Oficial del Estado de 872 evasores de impuestos, lo que indicaría que lo de engañar formaría parte de una herencia genética que se habría transmitido de generación en generación en una familia tan ligada a Cataluña.

Mientras Artur Mas, consejero de Hacienda con Pujol, consejero en CAP, en algún momento, y sucesor designado a dedo por Pujol, intenta convencer a los catalanes de que estamos ante un tema puramente personal, y aumentan las presiones de los partidos políticos para que renuncie a todos sus privilegios de expresidente (coche, oficina, sueldos, títulos y privilegios), e incluso que se exilie fuera de Cataluña, en Alemania, en un intento de salvar el proyecto independentista del próximo 9 de Noviembre, todo hace pensar que la entrevista de este miércoles entre Mas y Rajoy en la Moncloa, está destinada al fracaso, a menos que por parte de Mas haya un cambio de actitud y no se refugie exclusivamente, en esa actitud de que es España la que les roba a los catalanes, cuando, en realidad, el robo tiene otro origen muy distinto, y ese origen ha producido consternación en Cataluña al conocerse.

Para intentar salvar el proyecto independentista se espera que en las próximas horas Convergencia Democrática de Cataluña ( CDC ) anuncie una decisión sobre el futuro de Pujol que ahora, con su confesión inicia un largo calvario judicial, del que ha querido salvar a su mujer y sus hijos, y del que pensaba que se salvaría simplemente por el rango que ocupa y por una edad, 84 años, que en último caso le impediría entrar en prisión.