Un Congreso en el que han integrado hasta a Leire Pajín

El madrileño Pedro Sánchez Castejón, 42 años, ha sido elegido, sin ningún tipo de votación, por los delegados del Congreso Extraordinario del PSOE celebrado en Madrid este último fin de semana de julio ratificando, de este modo, la elección mayoritaria de los militantes, celebrada el pasado día 13. Es la primera vez en 135 años de historia del PSOE que el secretario general del partido es elegido por los militantes, y ratificado por aclamación por los delegados elegidos por las distintas federaciones de todo el país.

Al final, quienes creían que Sánchez no iba a dar ningún paso sin consultarlo previamente con la presidenta andaluza, Susana Díaz, el verdadero poder en la sombra del partido y la aliada más eficaz que ha tenido el nuevo secretario general para barrer en las elecciones del pasado 13 de julio a sus dos contrincantes, el vasco Eduardo Madina y el andaluz José Antonio Pérez Tapias, se han equivocado. Aunque la andaluza haya ocupado una parcela importante de poder, Sánchez ha nombrado a la Ejecutiva que ha querido, a la que le inspira más confianza, y sin muchas concesiones a sus adversarios, colocando de número dos a uno de sus más estrechos colaboradores, el riojano César Luena, y en la Presidencia del partido a una andaluza, Micaela Navarro. Susana Díaz se negó a acceder a ese puesto que, en los últimos años, lo han ocupado Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Madina se ha quejado de falta de integración. Sin embargo, habría que destacar que como elemento exótico e, incluso, planetario, han integrado hasta a Leire Pajín, fuera de la política desde hace dos años, una medida difícilmente comprensible en esa renovación tan prometida.

Cabreados Madina, José Antonio Pérez Tapias y el asturiano Javier Fernández (que se ha visto desplazado por Susana Díaz como responsable del Consejo Político Federal, dónde están todos los barones del partido) las sucesivas llamadas a la integración han sido contestadas con la necesidad de contar en las actuales circunstancias con una Ejecutiva que tenga una conexión total con el nuevo secretario general quien, por cierto, sigue teniendo a Felipe González como punto de referencia. González, el italiano Matteo Renzi y el Cambio son sus señas de identidad para esa nueva y difícil etapa que se abre a partir de ahora en el socialismo español, un socialismo que tiene un sector importante con el espejo retrovisor dirigido hacia “Podemos”, la nueva formación política que, en las últimas elecciones del 25 de mayo llegó a arrebatarle 400.000 votos.

En su discurso de clausura, interrumpido constantemente por aplausos, un discurso de una hora improvisado, sin leer una sola nota, Sánchez ha hecho más promesas electorales que explicación de cambios ideológicos dentro del partido, dentro de una izquierda que muchos han calificado de “razonable”, una izquierda que quiere recuperar muchas de sus señas de identidad que le han sido arrebatadas por la radicalización que ha acentuado la crisis. Sánchez ha puesto el acento en lo que ha bautizado como “transición económica” para beneficiar a las clases medias y a las personas más castigadas por los recortes, para elaborar un vademécum de medidas inmediatas que los socialistas pondrán en práctica cuando lleguen al poder. Sánchez ha insistido en que la reforma laboral será la primera ley que derogue su partido si vuelve a la Moncloa. La segunda será la reforma de la interrupción voluntaria del embarazo si finalmente llega a aprobarse, tal y como plantea el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón.

En la lista de promesas hay otras: “Vamos a acabar con el aforamiento total de cargos públicos, limitaremos los mandatos presidenciales a dos legislaturas, reorganizaremos la financiación de los partidos para evitar otra Gürtel”, queremos la independencia de las instituciones del sistema político e institucional, no queremos representantes políticos en el Tribunal de cuentas, vamos a endurecer el Código Penal por delitos de corrupción, vamos a abrir la participación ciudadana a las instituciones, vamos a reformar la ley electoral, prometo la reforma de la Constitución para establecer un marco federal, vamos a derogar los acuerdos con la Santa Sede…”

Y aún hay que añadir unas cuantas más: “Vamos a salir al encuentro de los indignados, del mundo de arte y de la cultura; vamos a publicar trimestralmente en Internet las cuentas del partido y a publicar los bienes e intereses de los cargos públicos del partido; y a Rajoy, con el que me entrevisto este lunes, le digo a su idea de elección directa de alcaldes: un claro y rotundo no”.