Fabra, el hombre que hacía reír a Aznar entrará en prisión

Era el acompañante habitual del expresidente del Gobierno José María Aznar en sus días de veraneo en Las Playetas de Belver, en una tranquila urbanización en el límite de Benicasim y Oropesa, donde se pasaba horas contándole chistes verdes que el Presidente contaba, con más interés que gracia, a su vuelta a la Moncloa. Pero, además, era el Presidente del partido en Castellón, el Presidente de la Diputación, el secretario de la Cámara de Comercio, el máximo responsable de la principal urbanización de golf de la provincia, en fin, el representante de una familia política que ha mandado en la provincia desde los tiempos de O´Donell y de la Reina Isabel II, cuando su tío tatarabuelo, Victorino Fabra Gil, se convierte en Presidente de la Diputación, puesto que heredarían todos los Fabras, hasta 2011 en que Carlos Fabra Carreras, se ve obligado a dimitir, asediado por escándalos, juicios penales, abusos y ejercicio arbitrario del poder.

Este miércoles, ese mismo Carlos Fabra, amigo intimo del expresidente del Gobierno José María Aznar, y “ciudadano y político ejemplar para el PP y para los ciudadanos de Castellón, y que es Presidente de la Diputación porque lo han querido los ciudadanos de la provincia”, según el actual presidente Mariano Rajoy, que siempre defendió que no debía abandonar la política a pesar de estar imputado por varios delitos contra la Administración y la Hacienda Pública, ha perdido definitivamente su batalla judicial, que dura más de diez años, y tendrá que ingresar en prisión. Probablemente, en la misma en que ingrese el expresidente del Gobierno balear, Jaume Matas, tras la decisión del Gobierno de denegar su petición de indulto.

En el caso de Fabra, un personaje exagerado en todo, hasta el punto que dice que la tocado la lotería en siete ocasiones y que ha colocado una estatua suya en al aeropuerto de Castellón, un aeropuerto sin aviones donde juegan los niños (“¿os gusta el aeropuerto del abuelito? Le decía a sus nietos) y que ha costado con sus accesos 150 millones de euros, la Sala Penal del Tribunal Supremo ha confirmado la condena a cuatro años de prisión impuesta por la Audiencia de Castellón. Dada la entidad de la pena, correspondiente a cuatro delitos fiscales, Fabra, de 68 años, tendrá que ingresar en prisión, salvo que el Gobierno le concediera un indulto, algo que, a estas alturas parece imposible. Por otra parte, el propio Fabra ha declarado en varias ocasiones que no entraría nunca en prisión y que, además, no pediría ningún tipo de indulto al Gobierno popular…

De acuerdo con la sentencia de la Audiencia, en el período 1999-2004, Fabra y su esposa, registraron en las cuentas de las que eran cotitulares, ingresos no justificados por importe superior a 3,2 millones de euros, con una cuota defraudada a Hacienda de un millón de euros. La mayor parte, 700.000 euros, corresponden a lo que Fabra dejó de ingresar en el Tesoro Público. El origen del dinero no ha podido determinarse durante el juicio que se celebró el pasado mes de noviembre en la Audiencia Provincial de Castellón en el llamado “caso Naranja”.

Este caso, por el que fue condenado por la Audiencia Provincial de Castellón, es un caso de corrupción política en el que se ha investigado los presuntos delitos de tráfico de influencias, cohecho y fraude fiscal en el que Carlos Fabra, alto dirigente del PP en la provincia, debería haber mediado políticamente para agilizar las autorizaciones administrativas de productos fitosanitarios, fabricados y comercializados por el empresario Vicente Vilar, a cambio de comisiones económicas. Al final, Fabra solo ha sido condenado por delito fiscal, y sostiene que no tiene dinero para pagar lo que debe a Hacienda y la correspondiente multa.