Pedro Sánchez, entre Renzi y Susana Díaz

Pedro Sánchez Castejón, un profesor universitario de 42 años que habla idiomas, especialmente un inglés fluido, y da clase de Estructura Económica en la Universidad Camilo José de Cela de Madrid, que ha trabajado de observador de Naciones Unidas en Kosovo y que hasta hace unos meses era un perfecto desconocido a pesar de haber sido concejal del Ayuntamiento de Madrid y diputado, después del puesto en el Congreso de los Diputados que le deja Cristina Narbona, será el nuevo secretario general del PSOE y el que intente sacarlo de la mayor crisis que vive desde el Congreso de Suresnes, un congreso celebrado hace ahora 40 años y en el que Felipe González desplazó al histórico Rodolfo Llopis que dirigía el partido desde fuera de España y tomó el poder en nombre de una nueva generación.

La abrumadora victoria de Sánchez sobre Madina (49% de los votos frente al 36 por ciento de Madina y el 15 % de Pérez Tapias) se debe al apoyo de las principales federaciones del país (Madrid, Valencia, Aragón y Andalucía) y al apoyo personal de Susana Díaz, la presidenta de Andalucía, que cuenta con el recién elegido secretario general como la persona adecuada para dar el salto a la política nacional. Un salto con el que están de acuerdo la mayoría de los barones socialistas y los poderes económicos y facticos, hasta el punto que, según acaba de revelar Lucia Méndez en el diario El Mundo, ha sido el propio Rey Juan Carlos el que le habría pedido, antes de su abdicación, que se hiciese cargo del partido para substituir a Rubalcaba, ya que es la garantía de apoyo a la unidad de España, a la Constitución y a la Corona.

Han sido estos apoyos, tras los que también estaban Felipe González y parte de la vieja guardia (José Bono y José Blanco), junto con una buena campaña, desarrollada minuciosamente por toda España, un discurso fresco y renovado y un contrincante, Eduardo Madina, apoyado por Zapatero y sin ninguna garra, discurso y empatía, lo que ha influido en una victoria que tiene poco que ver con las encuestas interesadas que han venido dando durante semanas, al candidato vasco como ganador.

Por otra parte, ha sido también el doble juego de Madina (el candidato cuyo principal eslogan era que “España necesitaba un shock de modernidad”, un eslogan que retrata perfectamente ese mensaje zapaterísta del confusionismo y de la nada), lo que al final ha terminado por hundirle. Su insistencia en pedir el origen de los avales para demostrar el apoyo andaluz, como si ese apoyo tuviese unas especiales características de voto cautivo, y su intento de desprestigiar la candidatura del “señor Pedro González”, como siempre le ha llamado en público durante la campaña, filtrando la pertenencia de su contrincante a la Asamblea de Caja Madrid como concejal del Ayuntamiento madrileño, han terminado por crear de él una imagen poco recomendable. Una imagen, por otra parte, un poco desconocida a pesar de su cargo de secretario del grupo parlamentario socialista. Sus intervenciones en el Parlamento han sido mínimas y, sobre todo, nada relevantes.

Pero al margen de todos estos episodios que han condicionado las elecciones de este domingo ¿cuál  puede ser el futuro de Pedro Sánchez , una especie de testaferro de Susana Díaz ? ¿Cuál es su proyecto de partido más allá de ese lugar común que ha repetido, hasta la saciedad, de que quiere cambiar el partido para cambiar España? Los que le conocen dicen que su referencia es el nuevo primer ministro italiano Mario Renzi, el nuevo valor dentro de la Unión Europea, y que en su discurso de anuncio de la nueva presidencia italiana de la Unión ha diseñado una tercera vía frente el ajuste como único objetivo para los países del Sur de Europa. Un mensaje reformista que está en contra de la austeridad alemana, que pretende una modernización política del partido que pasa por una reforma de la Constitución y una recuperación del voto de quienes han abandonado la opción socialista para pasarse a Podemos. Para el nuevo secretario general no se trata de pactar con Podemos sino de arrebatarles muchas de las banderas y el eslogan es que la izquierda ha abandonado y que han caído en manos de esa nueva fuerza política que ha revolucionado la vida política española.