Una agenda reformista para frenar una segunda transición

Sin estar muy seguro de su eficacia y sin concretar nada, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, sorprendía el lunes al Comité Ejecutivo de su partido, con una supuesta agenda de “regeneración política” con la que, al parecer, quiere parar esa ola que se ha extendido de que hay que poner en marcha una “segunda transición” e, incluso, una reforma de la Constitución.

Por primera vez, y desde su llegada a la Moncloa, el Presidente, enfrascado hasta ahora, en la economía y en la prima de riesgo, ha querido articular un discurso político y ha propuesto a los suyos un debate sobre varios temas claves, que según él, están en la calle y en el ánimo de la ciudadanía, como la posible reducción del número de aforados, que en la actualidad supera los 10.000 – un caso único en las democracias occidentales-, la reforma electoral para la elección directa de los Alcaldes, la reforma de la Administración y la reducción de diputados autonómicos y de municipios.

Un batiburrillo administrativo-político, que responde a diversos criterios y no todos tienen que ver con ese intento de “regeneración democrática”. La elección directa de los Alcaldes parece responder al temor de no alcanzar la mayoría absoluta en Alcaldías claves para el PP , como Madrid y Valencia, y aunque supone una regeneración y un avance democrático, esa elección indirecta forma parte, al fin al cabo, de un sistema implantado por la Constitución de 1978 , que impide la elección directa no solo de los Alcaldes, sino de los Presidentes de Autonomías, de los Presidentes de Diputación e, incluso, del propio Presidente del Gobierno que se produce de forma indirecta por el voto de los diputados. Esa elección directa de Alcaldes, ya fue propuesta por Rodríguez Zapatero en su programa electoral de 2004, y nunca se llevó a cabo, porque no contó con el suficiente apoyo.

Las otras medidas responden más a criterios económicos y administrativos (disminución del número de diputados autonómicos o agrupamiento de municipios) que a motivos de regeneración política, y la clave estaría en abrir un verdadero debate sobre el futuro de las Autonomías y, cómo no, sobre el futuro de los Diputaciones Provinciales, que en ocasiones, duplican las funciones de los Ayuntamientos y de la Comunidades Autónomas.

La “propuesta Rajoy” parece más una respuesta hacia quienes insisten en la urgencia de una segunda transición y de una reforma constitucional, que a la recuperación de un discurso claramente político de cara a las elecciones autonómicas, municipales y generales, en las que el Gobierno tendrá que vender algo más que una polémica reforma fiscal, que no llega a satisfacer a amplias capas de clases medias asediadas por los impuestos y que no esperan mucho de las rebajas impositivas de Cristóbal Montoro.

Abunda esta tesis, las palabras de la secretaria general del partido, Maria Dolores de Cospedal de ese mismo lunes en el campamento de verano de Faes, que parece que ha servido para tender puentes entre Aznar y Rajoy. Cospedal ha aprovechado su intervención para atacar a los que vienen defendiendo esa “segunda transición” “sin saber hacia dónde quieren ir”, y proponiendo fórmulas, en su opinión, nostálgicas, viejas y sin futuro. “Este es un modelo que se puede perfeccionar, pero no destruir”. Por ello, la única salida es la ratificación del el pacto constitucional por lo que ha alertado sobre la reforma de la Constitución, recordando que “romper este pacto sin saber a dónde se quiere ir, supone poner en peligro romper el estado social y democrático de derecho” y representa una “irresponsabilidad sin límites”. “No podemos reinventar el país cada vez que haya vientos de crisis”, ha insistido Cospedal.

Y estos, habría que recordar, son tiempos de crisis, a los que se ha querido adelantar Rajoy, proponiendo una “agenda de regeneración” no muy concretada, pero que sirva para frenar esos deseos de una “segunda transición” que defienden unos, o la apertura de un nuevo “periodo constituyente”, que piden otros, aprovechando, además, unos resultados electorales que han puesto en discusión el futuro del bipartidismo.